Uno utilizó la cabeza y el otro se defendió a la tucumana

Por Federico van Mameren - Secretario de Redacción.

29 Agosto 2008
La palabra y el gesto los definieron. Los descargos destilaron las jerarquías militares. Quedó claro quién era superior y quién subordinado. Incluso uno murió con las botas puestas. El otro cayó como alguien con la verdad partida: mitad política, mitad militar.
Luciano Benjamín Menéndez se escudó con la guerra fría; mostró la violencia de la sociedad de los 70 y transmitió su convicción de que estaba bien lo que había ocurrido.
Antonio Domingo Bussi mezcló todo. Recurrió a las chicanas propias de otros ámbitos. Agredió al fiscal y a la víctima. Se enredó en el lodo tucumano. Incluso confundió con su aspecto a quienes lo idolatran. Lució una barba, cuando, en otras épocas, él mismo llegó a defenestrar a quienes las tenían.
Ayer, Bussi se defendió a la tucumana, a los cabezazos. Menéndez, en cambio, usó la cabeza.
No obstante, ninguno de los dos habló directamente de lo que se les imputaba. Se refirieron a lo otro, a lo que se discute en todos lados.
La Justicia les imputó delitos de lesa humanidad y ellos hablaron de los otros. Por eso la sentencia les puso coto a esas argumentaciones. El Estado argentino les hizo un reproche a sus conductas por un acto específico, que en este caso, se trataba de la muerte de un senador provincial, cuyo cuerpo nunca más apareció.
El juicio histórico que vivió la sociedad tucumana tuvo el peor final. Durante largas jornadas, hombres y mujeres de ideologías muy diferentes dieron clase de civilidad escuchando, codo a codo, durísimos testimonios. Lamentablemente, ayer, los incidentes opacaron, una vez más, la institucionalidad de este capítulo de la historia.

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