El rock estuvo de fiesta, aunque la ausencia de la electrónica fue notoria en un festival mixto

La segunda noche del Electro Rock tuvo con los Ratones Paranoicos un cierre al palo. Las bandas tucumanas se lucieron a pleno, y Arbol mostró algo de su nuevo camino. No hubo Djs.

SIN DESPEDIDA. El Flaco Oscar cantó por última vez en Gran Valor.LA GACETA / FRANCO VERA
SIN DESPEDIDA. El Flaco Oscar cantó por última vez en Gran Valor.LA GACETA / FRANCO VERA
19 Agosto 2008
La segunda y última noche del Electro Rock Festival no tuvo nada de lo primero, aunque sí mucho de lo bueno de lo segundo. Los Ratones Paranoicos, como no podía ser de otra manera, levantaron a todos desde el arranque; Arbol mostró al fin su nueva formación en Tucumán, y Gran Valor, Alem y Malas Lenguas mostraron que su presencia en el festival estaba justificada.
La escenografía que el primer día contuvo a los Djs desapareció el domingo a la noche, y el club Central Córdoba volvió a ser como siempre. Con menos público que la noche anterior (asistieron alrededor de 2.000 personas), con un montaje más austero y, afortunadamente, mejor sonido que en la primera entrega.
Hubo un VIP, de un nuevo fernet, pero para la mayor parte del público pasó desapercibido, y el corralito armado a un costado estuvo casi permanentemente vacío.
Empezó dos horas tarde, y eso benefició a Malas Lenguas, que abrió ante una buena cantidad de gente. Hubo algunos problemas con el audio al principio, y el Cheto (voz) lo hizo saber con sorna. Al final, la demora le jugó en contra y no pudo hacer "Vampiresa", que muchos se quedaron coreando desde abajo del escenario.
Alem aprovechó bien el espacio y movió con corrección rockera la lista de temas que sobresalen en su primer disco, "Intelligent Chabón", de inminente salida a la venta.
El show de Gran Valor dejó un sabor amargo. La big band de reggae sonó con solidez, ajustada con mucha inspiración... pero fue el último show con el Flaco Oscar Orellana como cantante del grupo. A punto de cumplirse nueve años de su formación, la banda pierde un elemento clave, pero está viva y en marcha.
En el camarín, los músicos de las tres bandas tucumanas jugaron al fútbol, cantaron con Bob Marley (los muchachos de Gran Valor pusieron violas y vientos) y charlaron hasta que se agotó la bebida que la producción dispuso para ellos. Al final, cobraron sus cachets (algo que recibieron con alegría y hasta con sorpresa), y parte de los honorarios quedaron en la cantina del club, y se quedaron deambulando o bailando hasta el final.
Arbol sigue en transición, sin alejarse demasiado de la fórmula que tantas alegrías le dio en el pasado reciente. Los pasajes de punkito y rock crudo son más y más fuertes que en sus anteriores visitas a la provincia, y mantiene la energía juvenil de sus integrantes, que sigue contagiando al público que lo sigue a los saltos.
La banda sigue apostando fuerte a la imagen, y Pablo Romero es un conocedor de esa materia. Disfrazado, payaseó durante casi una hora irradiando felicidad.
Entre una banda y otra fue cuando se notó más que el festival ya no tenía nada de electro, porque el silencio sólo se interrumpía con los cantitos de la gente, o con las indicaciones mientras armaban el set de la próxima formación a subir.
Los Ratones son garantía de entrega, y a muchos parece no importarles que no hay nuevas canciones desde hace más de cuatro años. Con las viejas alcanza para que la ceremonia llegue alto. Y la ayer a la madrugada no fue la excepción. Juanse, encendido (pero no al punto de trepar por columnas de sonido o torretas de iluminación) llevó a rocanrolear sin pausa.
El Electro Rock levantó bastante desde su anterior edición en Tucumán, en 2005, y seguramente tiene mucho más para dar. Este año pasaron por el escenario o por las consolas Zeta Bosio; Mole, la banda de Charly Alberti (aunque no hubo ni por asomo un encuentro entre los ex Soda) Diego Ro-K y Cuentos Borgeanos, entre otros.

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