03 Agosto 2008 Seguir en 
BUENOS AIRES.- Sonó una alarma y nadie la escuchó. El principal sospechoso de haber asesinado una familia entera se quitó la pulsera magnética que le habían colocado para controlar que no violara el arresto domiciliario que le había impuesto la Justicia el mismo día en el que se cometió el cuádruple crimen que conmocionó a todo el país.
El ministro de Justicia bonaerense, Ricardo Casal, confirmó que el 24 de julio el jefe técnico de monitoreo del sistema advirtió la falla, pero recién lo informó el viernes por la noche, por lo que fue desplazado y puesto a disposición de la Justicia. "Por este tipo de omisiones, se pueden provocar hechos como el que lamentamos. Estamos investigando para conocer qué pasó realmente ", dijo el ministro.
La polémica estalló ayer, horas después de que la Policía de Buenos Aires encontró el cuerpos de Milagros, de 8 años, y el de Agustín, de 11, en la Autopista Panamericana, a sólo seis kilómetros de donde fueron hallados sus padres, Marcelo Mansilla (41) y Sandra Rabago, (37) el pasado martes.
Los niños estaban en un zanjón sobre el que cruza un puente y aparecieron con golpes en la cabeza -aparentemente asestados con una masa u otro objeto contundente-, un trapo en la boca y envueltos en una frazada. Habían atado a sus pies una piedra con el objetivo de que sus cuerpos se hundieran en ese zanjón. Los investigadores esperan recibir informes que les permitan determinar si fueros asesinados antes o después de que se cometiera el crimen de sus padres.
El caso
Los integrantes de la familia Mansilla fueron vistos por última vez el 23 de julio en su casa, en un barrio de Alto Los Cardeles, partido bonaerense de Campana. Sobre la base de información aportada por testigos, el jueves fueron detenidos Angel Fernández Rosales (41) y Jesús Cáceres (47). A pesar de que durante los allanamientos llevados a cabo en las casas de ambos fueron encontradas ropas manchadas con sangre y el misma cinta de embalar con la que fueron atados los dos adultos antes de ser asesinados, ambos negaron su vinculación con el hecho.
Sin embargo, el viernes el hijo del principal sospechoso, Cristian Fernández, se entregó a la Policía y, tras declararse inocente, aseguró que los hijos de las víctimas también habían sido asesinados y que el motivo de los crímenes era "bronca personal" (ver nota aparte).
Fernández Rosales había sido condenado en 1991 a 25 años de cárcel por violación seguida de muerte. El 2 de julio de 2007, un tribunal le otorgó el beneficio de cumplir una prisión domiciliaria monitoreada por pulsera magnética.
Su hijo, que también gozaba de un permiso domiciliario controlado por el mismo sistema, comentó ante la Justicia que su padre podía quitarse cuando quería la pulsera magnética que tenía colocada por orden judicial, e incluso se la colocaba a su hermano de 9 años. (Télam, DyN y Especial)
El ministro de Justicia bonaerense, Ricardo Casal, confirmó que el 24 de julio el jefe técnico de monitoreo del sistema advirtió la falla, pero recién lo informó el viernes por la noche, por lo que fue desplazado y puesto a disposición de la Justicia. "Por este tipo de omisiones, se pueden provocar hechos como el que lamentamos. Estamos investigando para conocer qué pasó realmente ", dijo el ministro.
La polémica estalló ayer, horas después de que la Policía de Buenos Aires encontró el cuerpos de Milagros, de 8 años, y el de Agustín, de 11, en la Autopista Panamericana, a sólo seis kilómetros de donde fueron hallados sus padres, Marcelo Mansilla (41) y Sandra Rabago, (37) el pasado martes.
Los niños estaban en un zanjón sobre el que cruza un puente y aparecieron con golpes en la cabeza -aparentemente asestados con una masa u otro objeto contundente-, un trapo en la boca y envueltos en una frazada. Habían atado a sus pies una piedra con el objetivo de que sus cuerpos se hundieran en ese zanjón. Los investigadores esperan recibir informes que les permitan determinar si fueros asesinados antes o después de que se cometiera el crimen de sus padres.
El caso
Los integrantes de la familia Mansilla fueron vistos por última vez el 23 de julio en su casa, en un barrio de Alto Los Cardeles, partido bonaerense de Campana. Sobre la base de información aportada por testigos, el jueves fueron detenidos Angel Fernández Rosales (41) y Jesús Cáceres (47). A pesar de que durante los allanamientos llevados a cabo en las casas de ambos fueron encontradas ropas manchadas con sangre y el misma cinta de embalar con la que fueron atados los dos adultos antes de ser asesinados, ambos negaron su vinculación con el hecho.
Sin embargo, el viernes el hijo del principal sospechoso, Cristian Fernández, se entregó a la Policía y, tras declararse inocente, aseguró que los hijos de las víctimas también habían sido asesinados y que el motivo de los crímenes era "bronca personal" (ver nota aparte).
Fernández Rosales había sido condenado en 1991 a 25 años de cárcel por violación seguida de muerte. El 2 de julio de 2007, un tribunal le otorgó el beneficio de cumplir una prisión domiciliaria monitoreada por pulsera magnética.
Su hijo, que también gozaba de un permiso domiciliario controlado por el mismo sistema, comentó ante la Justicia que su padre podía quitarse cuando quería la pulsera magnética que tenía colocada por orden judicial, e incluso se la colocaba a su hermano de 9 años. (Télam, DyN y Especial)







