02 Agosto 2008 Seguir en 
la fiesta, este año, la hacen las diosas paganas. Entre coreografías y sketchs humorísticos, el glamour y la seducción llegarán al teatro Alberdi (Jujuy y Crisóstomo Alvarez) esta noche, de la mano del grupo La Botana. Allí presentará su nuevo espectáculo, el tercero en sus 10 años de existencia, llamado "Dionisias, de la pesadilla al paraíso".Las bailarinas se divierten, y eso es lo que quieren mostrar en este show. "Dionisias" muestra la fiesta desde los preparativos, incluyendo la trastienda de cada celebración.
"En muchos espectáculos parece que a los bailarines les pegan la sonrisa con pegamento; las nuestras, que son bien pronunciadas, son reales, porque disfrutamos mucho lo que hacemos", cuenta Magalí Toledo, una de las estrellas del elenco.
Tanto les gusta, que lo hacen por amor al arte. "Todo lo que ganamos durante el año en las presentaciones que hacemos en fiestas, lo reinvertimos en el espectáculo del teatro", explica, también sonriente, Karina Galo.
Las dos cuentan que es difícil plantear producciones tan grandes en Tucumán, que los costos son altos y el apoyo no aparece con facilidad. "Creo que ya nos ganamos un piso y estamos empezando a cosechar los frutos de tanto sacrificio. Pero da bronca ver que se desperdicia tanto talento en Tucumán", dice Magalí, en solidaridad con exponentes de otras ramas del arte que atraviesan situaciones parecidas.
Las chicas saben que a su paso queda un tendal de miradas que recorren sus siluetas, que tratan de saber si son o no las dueñas de los impactantes cuerpos que empapelaron la ciudad invitando al show. Pero no lo asumen con vedettismo, sino como parte de una propuesta que va un poco más allá de eso.
"Lo nuestro es el juego de la insinuación desde la sensualidad. En el show tenemos cuadros en los que aparecemos haciendo payasadas con pelucas afro; después otro más revisteril, con plumas, y al rato aparecemos de mini... Pero después somos las mujeres de siempre, normales", apunta Magalí.
Por eso, explica Karina, no sienten pudor al aparecer con poca ropa. "Jugamos con los personajes, y hacer esa foto (la de los afiches), es un gustito que nos queríamos dar, porque no es algo común en Tucumán... Insinuamos con la piel, con las plumas, pero dejamos la pregunta sobre qué más puede haber", acota la bailarina.
En la misma línea, y a tono con las exigencias de una producción de esta magnitud, Magalí cuenta que casi no conocen los camarines del Alberdi. "Con el apuro, nos cambiamos siempre al costado del escenario. Si tenemos cuadros con cuatro o cinco cambios de ropa en menos de 10 minutos", dice, y se ríe al contar que los técnicos del teatro quedan boquiabiertos mientras se mudan de vestuario.
La frenética situación, además, se presta a divertidas confusiones entre el público. "En el espectáculo anterior me preguntaban por mi gemela, porque en un cuadro aparecía con diferentes vestuarios muy rápido, y muchos creyeron que éramos dos", relata Magalí, siempre con la sonrisa a flor de piel.
"Otros creen que somos 30 o 40 bailarinas, pero sólo somos 13...", agrega Karina.
"Dionisias", como ocurrió con "Seducción (2004) y con "Infieles" (2006), es un show coreográfico que tiene en el humor un hilo conductor. Los segmentos en los que actúa Fernando Jiménez, sirven de nexo entre los cuadros de baile que dirige Elsa Canseco, y así se va estructurando una historia lineal, llena de color y alegría. Las diosas dionisíacas, como en la Antigua Grecia, están listas para la fiesta.
"En muchos espectáculos parece que a los bailarines les pegan la sonrisa con pegamento; las nuestras, que son bien pronunciadas, son reales, porque disfrutamos mucho lo que hacemos", cuenta Magalí Toledo, una de las estrellas del elenco.
Tanto les gusta, que lo hacen por amor al arte. "Todo lo que ganamos durante el año en las presentaciones que hacemos en fiestas, lo reinvertimos en el espectáculo del teatro", explica, también sonriente, Karina Galo.
Las dos cuentan que es difícil plantear producciones tan grandes en Tucumán, que los costos son altos y el apoyo no aparece con facilidad. "Creo que ya nos ganamos un piso y estamos empezando a cosechar los frutos de tanto sacrificio. Pero da bronca ver que se desperdicia tanto talento en Tucumán", dice Magalí, en solidaridad con exponentes de otras ramas del arte que atraviesan situaciones parecidas.
Las chicas saben que a su paso queda un tendal de miradas que recorren sus siluetas, que tratan de saber si son o no las dueñas de los impactantes cuerpos que empapelaron la ciudad invitando al show. Pero no lo asumen con vedettismo, sino como parte de una propuesta que va un poco más allá de eso.
"Lo nuestro es el juego de la insinuación desde la sensualidad. En el show tenemos cuadros en los que aparecemos haciendo payasadas con pelucas afro; después otro más revisteril, con plumas, y al rato aparecemos de mini... Pero después somos las mujeres de siempre, normales", apunta Magalí.
Por eso, explica Karina, no sienten pudor al aparecer con poca ropa. "Jugamos con los personajes, y hacer esa foto (la de los afiches), es un gustito que nos queríamos dar, porque no es algo común en Tucumán... Insinuamos con la piel, con las plumas, pero dejamos la pregunta sobre qué más puede haber", acota la bailarina.
En la misma línea, y a tono con las exigencias de una producción de esta magnitud, Magalí cuenta que casi no conocen los camarines del Alberdi. "Con el apuro, nos cambiamos siempre al costado del escenario. Si tenemos cuadros con cuatro o cinco cambios de ropa en menos de 10 minutos", dice, y se ríe al contar que los técnicos del teatro quedan boquiabiertos mientras se mudan de vestuario.
La frenética situación, además, se presta a divertidas confusiones entre el público. "En el espectáculo anterior me preguntaban por mi gemela, porque en un cuadro aparecía con diferentes vestuarios muy rápido, y muchos creyeron que éramos dos", relata Magalí, siempre con la sonrisa a flor de piel.
"Otros creen que somos 30 o 40 bailarinas, pero sólo somos 13...", agrega Karina.
"Dionisias", como ocurrió con "Seducción (2004) y con "Infieles" (2006), es un show coreográfico que tiene en el humor un hilo conductor. Los segmentos en los que actúa Fernando Jiménez, sirven de nexo entre los cuadros de baile que dirige Elsa Canseco, y así se va estructurando una historia lineal, llena de color y alegría. Las diosas dionisíacas, como en la Antigua Grecia, están listas para la fiesta.







