27 Julio 2008 Seguir en 
Nuestra edición de ayer dedica una nota a las inversiones en tareas de embellecimiento que realizó la Municipalidad de San Miguel de Tucumán en varios sectores de la ciudad con motivo de la Cumbre del Mercosur. Esas obras se focalizaron en la plaza Independencia, en el parque 9 de Julio, en el área de las peatonales, en los alrededores da la Casa de la Independencia y en los accesos a la ciudad. Nos interesa, más allá de los detalles del gasto -que fue significativo- apuntar algunas sugerencias para el futuro.
En primer lugar, deben tomarse las providencias para que esas inversiones permanezcan y realmente cumplan con la finalidad con la que fueron realizadas. Para que así ocurra, es indispensable que se prevean acciones de mantenimiento. De nada vale, por ejemplo, dotar al parque 9 de Julio de una enorme cantidad de plantines florales nuevos si no se ejecutan las periódicas tareas de jardinería (regarlos es indispensable en estos tiempos de sequía), o si no se implementa una adecuada vigilancia que impida la depredación.
Como lo hemos puntualizado en muchas ocasiones, el mantenimiento, que es indispensable en toda obra pública, no ha constituido precisamente una preocupación tradicional de las autoridades comunales o provinciales, lo que arroja el obvio resultado de que, al poco tiempo de inaugurados, trabajos que demandaron altas inversiones sufren un proceso de deterioro que en poco tiempo les quita todo lo positivo que tuvieron. Mantener es entonces, repetimos, una prioridad que debe reflejarse, de modo realista, en las disposiciones presupuestarias.
En segundo término, como lo apuntamos arriba, las obras han beneficiado solamente algunos sectores de la ciudad, que, si bien tienen carácter relevante por varias y obvias razones, no dejan de ser sólo sectores. La jurisdicción de la Municipalidad de San Miguel de Tucumán es muy amplia y muchas otras zonas tienen derecho a acciones de embellecimiento. Decimos esto sin que implique desconocer los trabajos públicos que se vienen efectuando en los barrios hasta la fecha -de pavimentación, iluminación y otros adelantos- que sin duda han demandado abultadas inversiones y cuyos beneficios sociales son innegables.
Pero, a pesar de todo lo que se ha hecho, es indiscutible que queda todavía mucho por realizar, en orden a que la capital tucumana quede en las condiciones que marca su importancia geográfica, poblacional y edilicia. Somos conscientes de que no es posible llevar a cabo todo de golpe; pero debe plantearse-y cumplirla, que es lo más importante- una planificación que lleve paulatinamente el embellecimiento a todos los sectores del municipio tucumano.
Por otra parte, las tareas municipales tienen como característica el hecho de que el vecindario está en cotidiano contacto con ellas. Esto hace indispensable que el vecindario tome conciencia de la necesidad de no perjudicar, con acciones negativas, las ventajas que significan las nuevas obras para la totalidad de la población. El apoyo del público a los trabajos que se llevan a cabo para su beneficio constituye un tema respecto del cual hay mucho por corregir: todos sabemos que la actitud depredadora e infractora es un defecto más que frecuente de nuestra comunidad.
Acaso una tarea de concientización sostenida en el tiempo e iniciada desde la formación de los escolares produzca algún día generaciones de vecinos que muestren cariño por su ciudad, y que sean capaces de respetar y cuidar sus instalaciones. En muchas de las capitales provinciales -Mendoza, por ejemplo- se procede de esa manera, lo que se evidencia en el aspecto pulcro y ordenado que su ciudad ofrece a los visitantes y del que disfrutan sus habitantes.
En primer lugar, deben tomarse las providencias para que esas inversiones permanezcan y realmente cumplan con la finalidad con la que fueron realizadas. Para que así ocurra, es indispensable que se prevean acciones de mantenimiento. De nada vale, por ejemplo, dotar al parque 9 de Julio de una enorme cantidad de plantines florales nuevos si no se ejecutan las periódicas tareas de jardinería (regarlos es indispensable en estos tiempos de sequía), o si no se implementa una adecuada vigilancia que impida la depredación.
Como lo hemos puntualizado en muchas ocasiones, el mantenimiento, que es indispensable en toda obra pública, no ha constituido precisamente una preocupación tradicional de las autoridades comunales o provinciales, lo que arroja el obvio resultado de que, al poco tiempo de inaugurados, trabajos que demandaron altas inversiones sufren un proceso de deterioro que en poco tiempo les quita todo lo positivo que tuvieron. Mantener es entonces, repetimos, una prioridad que debe reflejarse, de modo realista, en las disposiciones presupuestarias.
En segundo término, como lo apuntamos arriba, las obras han beneficiado solamente algunos sectores de la ciudad, que, si bien tienen carácter relevante por varias y obvias razones, no dejan de ser sólo sectores. La jurisdicción de la Municipalidad de San Miguel de Tucumán es muy amplia y muchas otras zonas tienen derecho a acciones de embellecimiento. Decimos esto sin que implique desconocer los trabajos públicos que se vienen efectuando en los barrios hasta la fecha -de pavimentación, iluminación y otros adelantos- que sin duda han demandado abultadas inversiones y cuyos beneficios sociales son innegables.
Pero, a pesar de todo lo que se ha hecho, es indiscutible que queda todavía mucho por realizar, en orden a que la capital tucumana quede en las condiciones que marca su importancia geográfica, poblacional y edilicia. Somos conscientes de que no es posible llevar a cabo todo de golpe; pero debe plantearse-y cumplirla, que es lo más importante- una planificación que lleve paulatinamente el embellecimiento a todos los sectores del municipio tucumano.
Por otra parte, las tareas municipales tienen como característica el hecho de que el vecindario está en cotidiano contacto con ellas. Esto hace indispensable que el vecindario tome conciencia de la necesidad de no perjudicar, con acciones negativas, las ventajas que significan las nuevas obras para la totalidad de la población. El apoyo del público a los trabajos que se llevan a cabo para su beneficio constituye un tema respecto del cual hay mucho por corregir: todos sabemos que la actitud depredadora e infractora es un defecto más que frecuente de nuestra comunidad.
Acaso una tarea de concientización sostenida en el tiempo e iniciada desde la formación de los escolares produzca algún día generaciones de vecinos que muestren cariño por su ciudad, y que sean capaces de respetar y cuidar sus instalaciones. En muchas de las capitales provinciales -Mendoza, por ejemplo- se procede de esa manera, lo que se evidencia en el aspecto pulcro y ordenado que su ciudad ofrece a los visitantes y del que disfrutan sus habitantes.




