El cine era una cita obligada para los sábados a la noche
Análisis. Por Juan Carlos Di Lullo -Redacción LA GACETA
27 Julio 2008 Seguir en 
Hace 40 años, el programa casi obligado para miles de tucumanos en el fin de semana era ir a ver una película. Por eso, "Sábado a la noche, cine" era algo más que el título del popular filme dirigido por Fernando Ayala en 1960; marcaba la tendencia de toda una generación, todavía ajena al fenómeno de la televisión y cuando el video, el DVD o internet ni siquiera formaban parte de las especulaciones del más audaz de los futurólogos. Muchos memoriosos habrán de recordar la cartelera que publicaba LA GACETA, que ocupaba el pie de dos páginas consecutivas para darle espacio a la programación de más de 30 cines (repartidos entre salas céntricas y cines de barrio, muchos de ellos al aire libre) en los que eran frecuentes los programas dobles. Esta costumbre de presentar dos largometrajes en una función fue desapareciendo con el tiempo; hace cuatro décadas las carteleras ofrecían dos comedias, dos "de guerra" y hasta "una de acción y una de amor", para conciliar los gustos de las parejas de novios. Se pasaban así más de tres horas viendo películas, y cuando la función se desarrollaba en un cine al aire libre, era posible adquirir gaseosas, cervezas y sándwiches y golosinas en la cantina del local, para disfrutar de una animada velada familiar. En el centro de la ciudad podían contarse tres cines en una cuadra (la de 25 de Mayo al 200) y el movimiento que provocaban las funciones de trasnoche le daba vida y color al centro de la ciudad hasta bien entrada la madrugada del domingo.
Pero las boleterías no sólo trabajaban a destajo durante los fines de semana; las matinees iluminaban las pantallas desde poco después del mediodía; los que no querían trasnochar tenían la sección vermouth (o familiar) y finalmente llegaba la sección noche; esta costumbre le fue cediendo lugar a los "continuados de 14 a 24", que se hicieron cada vez más frecuentes con el slogan "la función empieza cuando usted llega". Quizá el avance de la televisión, la propuesta cada vez más nutrida de las señales de cable, la comodidad de poder alquilar los títulos en los videoclubes, la popularización de las reproductoras de DVD y la penetración creciente de internet se sumaron para restarle público a las salas. Por estos días, estamos viviendo el fenómeno de la multiplicación de las salas de cine, que viene acompañado por un dato alentador: el público responde. Para una plaza que sufrió una dramática contracción en los últimos años, es una buena noticia. Una excelente noticia.











