Aviso: se necesita "un" jefe en el peronismo
Los gobernadores alineados con el gobierno nacional aguardan que el matrimonio Kirchner defina quién de los dos será el que detentará el poder en los próximos años. Por Juan Manuel Asis - Redacción LA GACETA.
24 Julio 2008 Seguir en 
La esencia verticalista del peronismo quedó gravemente herida por la soberbia de los Kirchner. Creyeron que la naturaleza de los peronistas -que conciben la estructura de poder linealmente, de arriba a abajo- iba a imponerse para darles una victoria pírrica en el Congreso, pero se equivocaron. Especialmente Néstor, que veía a Perón cuando se miraba al espejo. La realidad le mostró que no basta con conducir el PJ para ser líder de los justicialistas y que en política la confrontación no es un arma útil cuando se gobierna. Por eso debe ser que el patagónico sigue desaparecido, buscando el capítulo perdido sobre "consensos" de la guía práctica para conducir un país, después que Julio Cobos lo llamó a reflexionar de una bofetada histórica. Es evidente que, además de la división que generó en todos los ámbitos, la conducta del matrimonio presidencial dejó enseñanzas a propios y a extraños, porque todos perdieron con el conflicto entre el Gobierno y el campo. Sólo se benefició la institucionalidad.¿Cómo repercutirán políticamente en Tucumán lo bueno y lo malo que sucedió en 130 días? Los efectos ya se están sintiendo, como la reaparición de Fernando Juri y la proliferación de grupos antikirchneristas que han visualizado un escenario opositor mucho mayor al del mes de marzo, cuando el humor social era otro respecto de los Kirchner. Nunca es temprano para asomar la cabeza en política; allí sólo se cometen equivocaciones de apreciación para perder espacios que rápidamente otros quieren llenar. Los tiempos de debilidades no se perdonan. Y como el gobernador, José Alperovich, ocupa un furgón en el tren kirchnerista, las piedras también irán contra él, aunque por estos lares la oposición, numéricamente hablando, aún no le hace cosquillas. El mandatario, en caso de que se profundicen los efectos negativos en Tucumán por los errores estratégicos del Gobierno nacional -que provocaron la restricción de los recursos, la paralización de la obra pública y el descontento salarial-, deberá replantear su estrategia frente al electorado que lo votó masivamente por la ayuda que supo recibir y aprovechar de la Nación. En política, siempre hay que echarle la culpa a alguien por los fracasos -por ejemplo, a Cobos desde el kirchnerismo, acusándolo de traidor-, por lo que si el descontento aumenta, al titular del Ejecutivo no le quedará otro remedio que apuntar sus dardos al poder central, por más deuda que tenga con los patagónicos. La alternativa, si las cosas empeoran, es resignarse y hundirse con el barco.
Pero Alperovich apostó al kirchnerismo, y a que Cristina reflote su gestión. El problema que tendrá, como el resto de los mandatarios provinciales alineados, será resolver a quién sigue ahora: a la Presidenta -que aún debe decidir si toma la fusta y muestra que ella es la que tiene el poder- o al ex presidente -que aún debe decidir si da un paso al costado y abandona el escenario de las decisiones-. Seguir a los dos es imposible y continuar con uno implicaría traicionar al otro. El dilema es trágico. En el peronismo el poder lo tiene uno, y eso es tal vez lo que no entendieron -o no lo definieron entre ellos- los Kirchner, y llevaron a los justicialistas hacia un esquema de acción diferente, antinatural en el PJ. La solución al dilema -por no decir la trampa kirchnerista- sólo puede provenir desde el propio matrimonio, y hacia allí apuntan las miradas afligidas de los que tienen responsabilidades de Gobierno y dependencia de recursos de la Nación. El conflicto los rozó y los debilitó muy a su pesar. Hay que encolumnarse -¿con quién?-, pero en la conducción estratégica no se definió el comando táctico.
Además, si los hombres del interior -necesitados de obras- no estuvieran tan comprometidos políticamente con el poder central, este tiempo sería el más oportuno para exigir una nueva ley de coparticipación federal, para no compartir una eventual mala gestión nacional en los años que vienen, manejando recursos propios y no las dádivas nacionales que reducen al papel de clientes a los gobiernos provinciales. En política nunca es temprano para prepararse, ni tarde para aprender.




