Un tiempo político vertiginoso

Los cambios de nombres en el Gabinete no garantizan que haya modificaciones en la manera de conducir el país que tiene el matrimonio Kirchner. Un cambio de imagen. Por Angel Anaya - Columnista.

24 Julio 2008
BUENOS AIRES.- Las definiciones en tiempo de contradicciones son día a día más apremiantes para la Presidenta. Sin duda que la suerte del actual gabinete ministerial encabeza el ránking especulativo. Vaya por caso el de Carlos Cheppi, quien asumió la Secretaría de Agricultura después de haber resuelto como titular del INTA que el organismo no concurra a la Exposición Rural, donde había alquilado un pabellón.
La Comisión de Enlace agropecuaria tuvo así una señal muy sugerente de que no todo el monte es orégano en la reanudación del diálogo con el gobierno, ninguno de cuyos organismos estará, como es tradicional, en el predio de Palermo.
Sin embargo, el tiempo político transcurre vertiginosamente y Cristina tan solo se esfuerza por suavizar su retórica mientras se juegan a los dados las suertes de Guillermo Moreno y Alberto Fernández, cuya carta de renuncia tuvo el buen pretexto de su agotamiento, la presión familiar y la certeza de que es un destape que permitiría oxigenar la gestión presidencial.
El jefe del Gabinete decidió poner fin a una carrera político administrativa que se inició en tiempos de Alfonsín con Juan Vital Sourrouille, siguió con Domingo Cavallo, aterrizó en Duhalde y voló hacia Kirchner. Todo un orden de méritos al estilo argentino y se introduce en el calvario de la conducción gubernamental con doble comando. Lo sigue Sergio Massa con un perfil joven e interesante.  ¿Pero qué pasa con Julio De Vido, gerente fiel de la gestión matrimonial?

Hacia el congreso del PJ
El otro lado de la moneda lo ocupa Kirchner, desaparecido hace una semana tras su error dialéctico ante el Congreso y seguramente advertido de que se está gestando una acción destinada a promover el primer congreso del PJ tras la reestructuración que encabezó a puertas cerradas. Su antiguo elector Eduardo Duhalde es el director de esa operación que incluye a gobernadores, legisladores e intendentes, algunos de los cuales fueron nominados por el ex presidente como integrantes del consejo directivo y están dispuestos a concurrir a la justicia electoral si se hacen oídos sordos a la convocatoria del congreso partidario. “Sería un gran favor para la Presidenta”, piensa el gobernador de Córdoba, Juan Schiaretti, y de manera semejante al senador Carlos Reutemann. Cristina y Néstor habrían llegado a un acuerdo de silencio que incluye además la exclusión como vanguardias de lucha de las llamadas organizaciones sociales, fuertemente desacreditadas por la mayoría del partido justicialista, incluyendo a La Cámpora, que maneja su hijo Máximo. Calmar la imagen crispada de la conducción gubernamental es condición previa, habría apuntado Alberto Fernández, para proceder a los retoques en el gabinete ministerial, pero la reaparición de Moreno con la patota contra ATE en la sede del Indec evidenció una vez más al personaje esperpéntico que no es posible disciplinar. (De nuestra Sucursal)

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