El valor simbólico de los fantasmas
La aparición de Juri representa para Alperovich la idea de que en política puede haber tímidos frenos y una forma diferente de actuar. El precio de la sobreactuación. Por Federico Abel -Redacción LA GACETA.
23 Julio 2008 Seguir en 
¡Y el día más inesperado regresó Fernando Juri! Cada persona suele llevar a cuestas con uno o varios fantasmas, en tanto imágenes de algo o de alguien que imaginariamente sintetiza riesgos, incertidumbres o, simplemente, amenazas. Resulta difícil pensar que quien ha acumulado hegemónica y asfixiantemente tanto poder como José Alperovich pueda creer en fantasmas. Sin embargo y excluyendo a los Kirchner, a quienes debe resignada obediencia por la concepción de mando vertical que comparte con ellos, Juri es lo más parecido -para él- a la idea de que en política pueden existir algunos tímidos frenos o, siquiera, formas diferentes de actuar. Con los fantasmas no interesa tanto que se materialicen, como lo que representan simbólicamente; en este caso, que es posible que haya espacios republicanos, como algunas vocalías de la Corte Suprema de Justicia sin cooptar o bancas legislativas sin arrasar. Eso, que en otras sociedades sería síntoma de racionalidad y de normalidad institucional, es lo que aquí atemoriza, porque supone la idea de límites y de controles no manipulables.
El mayor valor que tiene lo que hizo el vicepresidente Julio Cobos es haber demostrado que en este país aún se puede decir que no y que institucionalmente eso no significa el fin del mundo.
Tanto Néstor Kirchner como Alperovich son emergentes de escenarios caracterizados por vacíos de poder, que supieron llenar mostrándose determinados y expeditivos. El primero debió afrontar una sociedad que había estado al borde de la disgregación y en anárquico estado cuasideliberativo. El segundo tuvo que reconstruir el desprestigio y la desconfianza que en 2003 generaba cualquier instancia pública de la provincia tras el espanto de la mortalidad infantil y la indolencia que parecía expresar la administración de Julio Miranda. La hora exigía decisión, a veces sin miramientos, y la tuvieron. El problema es que esa forma de accionar, comprensible para una transición, se institucionalizó: devino normal.
A esto se llegó por medio de antinomias irreductibles (amigos y enemigos), confrontaciones de las que sólo podían resultar ganadores absolutos, pulverización de la oposición a través de concertaciones que no son tales o de ingenierías electorales (como el acople), y el recorte de los márgenes para la composición de una Justicia realmente independiente (basta ver lo sucedido con la reforma del Consejo de la Magistratura de la Nación o con el sueño de un CAM como mero apéndice administrativo del Poder Ejecutivo, en Tucumán). Eso sin contar que en el plano de los negocios, donde más se requiere transparencia, so pretexto de que urgía la prisa e invocando emergencias interminables, se generalizaron las dudosas concesiones directas o los concursos cerrados de precios. Cuesta recordar con facilidad cuándo se concretó la última licitación pública importante en Tucumán.
Franquicia política
La crisis agraria sólo fue el detonante, y Cobos, el que personificó ese malestar respecto de una forma de hacer política y de gestionar, en la que, además de la renuencia a los disensos, el poder se distribuye ganancialmente entre sociedades conyugales. Eso es lo que genera irritación y lo que, hasta ahora, no pueden -o no quieren- ver los Kirchner, ni los Alperovich. Por eso Cobos, en el imaginario social, pese a su defección del radicalismo, pareciera encarnar olvidadas virtudes cívicas. Algo parecido es lo que, precisamente, Juri pretende para sí en Tucumán luego de que el mismo jueves en Buenos Aires Eduardo Duhalde le otorgó la franquicia para parte del NOA del Movimiento Productivo Argentino (MPA), sigla que aspira a abroquelar a todos los desencantados o agraviados por los desplantes del kirchnerismo. Hasta Julio César "Chiche" Aráoz participó del encuentro en que a Juri lo designaron representante exclusivo del MPA, mientras el concejal Juan Carlos Mamaní tanteaba a qué juega el gastronómico Luis Barrionuevo (el del "dejemos de robar durante dos años") tras haber cortado con la CGT kirchnerista y luego de haber aparecido -impensable- al lado de los dirigentes ruralistas.
Con exageración, los promotores de Juri interpretan que, aun a destiempo, este hizo "cobismo" sin saberlo. Enumeran los intentos del ex vicegobernador por abrir el debate a la sociedad cuando Alperovich pretendía que el Código Tributario fuera aprobado a libro cerrado, las conversaciones que mantuvo cuando vino a Tucumán el relator especial de la ONU, Leandro Despouy, ante los intentos del gobernador para que se privara al Colegio de Abogados del control de la matrícula de los letrados, o el esfuerzo por lograr que la Constitución de 2006 reconociera autarquía financiera a la Legislatura. Argumentan que el corolario fue que, en abril de 2007, Juri enfrentó abiertamente y perdió con Beatriz Rojkés de Alperovich en las internas por la conducción del PJ. Queda pendiente la necesaria discusión acerca de si Juri fue un socio que contribuyó, aun por omisión, a la configuración del modelo de conducción que hoy domina en la provincia y que sólo reaccionó cuando vio especulativamente que lo dejaban afuera.
El viernes, en las entrañas del alperovichismo, reconocían tibiamente que el gobernador era uno de los perdedores del desenlace que, Cobos mediante, tuvo en el Senado la no ratificación parlamentaria del polémico esquema de impuestos en materia de retenciones móviles. Conjeturaban cómo iban a hacer para diluir el costo de la alta exposición pública del gobernador -rayana en la sobreactuación- en defensa incondicional del proyecto kirchnerista. Pero no imaginaban esta rampante reaparición de Juri -hombre de suerte si los hay-, ayudada por factores exógenos, que demuestra que la política renace cuando hay alternativas, que no hay cotos absolutamente cerrados durante mucho tiempo y, fundamentalmente, que los fantasmas no existen. Sin embargo, siempre andan rondando y espantando.




