Reconstruir la Nación entre todos

Los obispos siguen preocupados por los reales perdedores de esta puja de intereses entre el Gobierno y el campo: los pobres. Por Guillermo Villarreal - Columnista de la Agencia DyN.

20 Julio 2008
Queremos ser nación, una nación cuya identidad sea la pasión por la verdad y el compromiso por el bien común. Danos la valentía de la libertad de los hijos de Dios para amar a todos sin excluir a nadie, privilegiando a los que nos ofenden, aborreciendo el odio y construyendo la paz. Concédenos la sabiduría del diálogo y la alegría de la esperanza que no defrauda”. Así proclama la “Oración por la Patria” que los obispos convocaron a rezar en varias oportunidades durante el conflicto del campo y que, según voceros, se transformó en una síntesis del pensamiento eclesiástico tras la votación en el Senado que rechazó el proyecto oficial por las retenciones móviles a las exportaciones agropecuarias.
Fuentes eclesiásticas anticiparon  que esa petición a Dios debe interpelar a los argentinos sobre si existe o no una verdadera disposición a ser nación y a reencontrarse para construirla entre todos, como también pide la presidenta Cristina de Kirchner. Proyecto de país que, según expresaron los obispos, exige una autonomía “real y auténtica” de los poderes del Estado y la promoción de un “verdadero federalismo”, pilares que consideraron “imprescindible” para el ejercicio de la democracia.
La Iglesia no se pronunció de momento sobre el nuevo escenario político que dejó el voto por la negativa de Julio Cobos, pero manifestó que recién lo hará cuando decanten los acontecimientos. Es decir, explicó a DyN un vocero habitual, hasta que se perciba una “disposición presidencial a convocar un diálogo superador, sin vencedores ni vencidos”.
“Nadie gana cuando la crisis es prolongada y perjudica mayoritariamente a los pobres. Tal vez alguno pudo sacarle algún rédito para su quintita, pero en estos cuatro meses perdimos todos, incluida la Iglesia”, dijo a DyN un arzobispo metropolitano. La fuente no excluyó del debe a la Iglesia porque, según reconocen los obispos, fracasaron en su intento de prestar un servicio para que haya más diálogo entre el Gobierno y los ruralistas. Se trataba de una suerte de mediación acotada en busca de consensos, que fue rechazada desde Balcarce 50, tal como lo admitió, con sutileza, el titular de la Comisión Episcopal de Pastoral Social, monseñor Jorge Casaretto.
“Para eso hacía falta que se abran puertas y, a veces, muchas no se abren”, reconoció el prelado delante de empresarios, y pese a que no identificó a quién se refería, el auditorio interpretó que la frase aludía al Gobierno. Sin embargo, los obispos consultados por esta agencia insistieron en expresar preocupación. No por los eventuales ganadores de esta puja de intereses, sino por los reales perdedores: los pobres. A quienes, se quejaron, “se les sigue prometiendo una justa distribución de la riqueza, que nunca llega”. Las fuentes precisaron que no se trata de una afirmación arbitraria sino que se sustenta en “estadísticas ciertas y no condicionadas, como las que se ofrecen mensualmente desde organismos oficiales (léase Indec)”. Citan para el caso un informe reciente de la Universidad Católica Argentina (UCA), que revela que las expectativas económicas de los argentinos están en el nivel más bajo de los últimos 45 meses.
El estudio consigna además que nueve de cada diez entrevistados consideró que el conflicto entre el Gobierno y el campo provocó consecuencias muy graves o bastante graves a la economía del país.
Más allá de críticas e interpretaciones, los obispos consultados estimaron que la decisión gubernamental de retrotraer las retenciones al 11 de marzo puede ser el punto de partida para alcanzar una solución definitiva, que conduzca a una política agropecuaria sustentable y contribuya al desarrollo económico con inclusión social.

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