Fallida semaforización en Yerba Buena

20 Julio 2008
En muchos aspectos, los tucumanos nos caracterizamos por pasar de un extremo a otro con un resultado similar: la ineficacia. Así, por ejemplo, se realizan exhaustivos estudios sobre una problemática y finalmente no se aplican sus conclusiones o duermen eternamente el sueño de los justos. En contrapartida, en lugar de estudiar previamente un problema para encarar luego una solución conveniente, se improvisa: se invierte dinero, se pone en marcha una idea y luego la experiencia demuestra que la solución no es viable; entonces se descubre que era necesario analizar el asunto antes de tomar una medida.
La semaforización de la avenida Aconquija, de Yerba Buena, para agilizar el tránsito es un ejemplo de los que afirmamos. Hay alrededor de 35.000 vehículos en una población estimada de 90.000 habitantes. Desde hace más de ocho meses, las luces amarillas de los semáforos titilan en esa arteria cada día más transitada. Como señalamos en una de nuestras páginas, la mayoría de los conductores opina que estos complejos, cuando fueron activados el año pasado, le restaban fluidez al tránsito y generó protestas de todo tipo. Según un trabajo encargado por la Municipalidad de Yerba Buena a expertos de la Universidad Tecnológica de La Plata, los semáforos no son necesarios en la totalidad de la arteria más importante de la Ciudad Jardín.
Por este motivo, los 18 aparatos colocados en octubre pasado sobre la avenida, y que se activaron unos pocos días, no volverán a funcionar en toda la extensión de la Aconquija. El estudio se realizó durante seis meses en toda esa ciudad. Se determinó que los semáforos no podían solucionar los principales problemas del tránsito de Yerba Buena: la concentración de la mayoría de los vehículos sobre una sola avenida (lo que genera grandes embotellamientos), la alta velocidad a la que circulan los vehículos, la falta de calles alternativas a la Aconquija, la concentración comercial y el gran incremento poblacional y del parque automotor del municipio en los últimos años.
Ahora se anuncia que la Municipalidad ya encargó un sistema de radarización para colocar a lo largo de las avenidas Aconquija y Perón. Se instalarán en las columnas de alumbrado público cada 300 o 400 metros. Sobre estas arterias, además, se colocarán varios retardadores de velocidad, que tendrán el mismo nivel del asfalto de la calle y que serán de piedras, pintadas de amarillo, según informó un funcionario de esa Municipalidad. Cabe preguntarse si el estudio de la Universidad Tecnológica de La Plata habrá tenido en cuenta el fracaso anterior del empleo de radares en la avenida Mate de Luna y en las rutas.
Antes de gastar el dinero de los contribuyentes en la instalación de 18 complejos semaforizados a lo largo de la avenida Aconquija, que funcionaron unos pocos días, lo lógico hubiese sido estudiar previamente a fondo el problema del tránsito desde diferentes ángulos. Una vez discutidas las conclusiones, previa consulta a urbanistas de la UNT o a especialistas independientes, recién entonces se debería poner en marcha el proyecto. Los expertos que efectúan estos estudios de reordenamiento urbano en ciudades tucumanas y que pertenecen a otras provincias o países, deberían tener en cuenta la idiosincrasia transgresora de los tucumanos. La imprevisión y la improvisación llevan a menudo a malgastar esfuerzos. Parece inadmisible que, teniendo cuatro universidades en Tucumán y colegios profesionales, se incurra en estas negligencias que afectan el erario y de las cuales nadie se hace responsable.

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