“La economía se está enfriando raudamente”, sostuvo Llach
La economía pierde ritmo y los inversores difieren sus decisiones. Pese a que los números del Indec afirman que el PBI continúa en expansión, los expertos aseguran que la tendencia es opuesta y que en la mayoría de los rubros comenzó una desacelarión importante
20 Julio 2008 Seguir en 
“Hay un shock de estabilización en curso -digno aspirante al Guinness- basado en una súbita desaceleración del crecimiento, la suba de las tasas de interés y la apreciación nominal del peso. Se había desmentido oficialmente, una y otra vez, la necesidad de enfriar la economía, aunque lo que se reclamaba enfriar era la inflación. Ahora, por el conflicto del campo -en verdad, entre el centralismo y el Interior- la economía se está enfriando raudamente”. El concepto pertenece al economista Juan José Llach, en su análisis de la economía actual que elaboró para el informe económico mensual del IAE de la Universidad Austral.
Según el experto, los datos del PBI y sus componentes ya están afectados por la falsificación de la inflación. Por ejemplo, las ventas de supermercados y centros de compras, según el Indec, aumentaron en doce meses a mayo 32,6% y 25,3% en cantidades, respectivamente, merced al grosero dibujo de sus precios, que mostraron un aumento anual de 4,6% en los supermercados y una baja (sic) de 0,7% en los shoppings. “Pero no se puede tapar el cielo con un colador. Ya muestran caídas las ventas de autos, la construcción y los servicios públicos y la recaudación del impuesto a los débitos bancarios, y las previsiones de actividad de empresarios industriales y de la construcción (Indec) muestran un predominio de respuestas negativas sobre las positivas. En fin, cualquiera que viaje por el Litoral o por la región pampeana sabe que allí no hay enfriamiento, sino desolación”, añadió Llach.
El economista sostuvo que detrás de estos números subyace un cambio en el comportamiento de los consumidores, que hasta ahora demandaban muchos bienes durables para protegerse de la inflación, pero que ahora temen por el futuro y prefieren ahorrar comprando dólares, en línea con un viejo reflejo argentino. “Han vuelto pues las salidas de capitales, como en el segundo semestre de 2007 y después de la pausa del primer trimestre de 2008, y las reservas del BCRA han caído cerca de U$S 3.000 millones. La respuesta del BCRA fue la que cabía en las circunstancias.
“Vendió dólares, hizo bajar su precio e indujo un aumento de tasas de interés. La restricción monetaria y la apreciación nominal se extenderán hasta tanto amaine la tormenta. Pero para que el shock en curso y la desaceleración de los precios sean una estabilización en serio es crucial desacelerar el gasto público y generar una instancia de coordinación de expectativas, por ejemplo de los aumentos salariales (¿acuerdo del Bicentenario?). Un programa de esta índole, aunque minimalista, sería al mismo tiempo estabilizador y reactivante. El PIB no volvería a crecer a tasas chinas -el mundo tampoco ayudará como antes- pero podría convergerse a una digna tasa de crecimiento de 4/5% y a un descenso gradual de la inflación. Ojalá esta vez las autoridades lo entiendan y nos alejen del precipicio”, concluyó.
Según el experto, los datos del PBI y sus componentes ya están afectados por la falsificación de la inflación. Por ejemplo, las ventas de supermercados y centros de compras, según el Indec, aumentaron en doce meses a mayo 32,6% y 25,3% en cantidades, respectivamente, merced al grosero dibujo de sus precios, que mostraron un aumento anual de 4,6% en los supermercados y una baja (sic) de 0,7% en los shoppings. “Pero no se puede tapar el cielo con un colador. Ya muestran caídas las ventas de autos, la construcción y los servicios públicos y la recaudación del impuesto a los débitos bancarios, y las previsiones de actividad de empresarios industriales y de la construcción (Indec) muestran un predominio de respuestas negativas sobre las positivas. En fin, cualquiera que viaje por el Litoral o por la región pampeana sabe que allí no hay enfriamiento, sino desolación”, añadió Llach.
El economista sostuvo que detrás de estos números subyace un cambio en el comportamiento de los consumidores, que hasta ahora demandaban muchos bienes durables para protegerse de la inflación, pero que ahora temen por el futuro y prefieren ahorrar comprando dólares, en línea con un viejo reflejo argentino. “Han vuelto pues las salidas de capitales, como en el segundo semestre de 2007 y después de la pausa del primer trimestre de 2008, y las reservas del BCRA han caído cerca de U$S 3.000 millones. La respuesta del BCRA fue la que cabía en las circunstancias.
“Vendió dólares, hizo bajar su precio e indujo un aumento de tasas de interés. La restricción monetaria y la apreciación nominal se extenderán hasta tanto amaine la tormenta. Pero para que el shock en curso y la desaceleración de los precios sean una estabilización en serio es crucial desacelerar el gasto público y generar una instancia de coordinación de expectativas, por ejemplo de los aumentos salariales (¿acuerdo del Bicentenario?). Un programa de esta índole, aunque minimalista, sería al mismo tiempo estabilizador y reactivante. El PIB no volvería a crecer a tasas chinas -el mundo tampoco ayudará como antes- pero podría convergerse a una digna tasa de crecimiento de 4/5% y a un descenso gradual de la inflación. Ojalá esta vez las autoridades lo entiendan y nos alejen del precipicio”, concluyó.








