El día que la billetera no mató al galán
Los Kirchner tratan de contener a la tropa leal y desechar a los "traidores". Cobos marcó un camino que varios están dispuestos a transitar: la autonomía del poder central. Por Marcelo Aguaysol - Redacción LA GACETA.
18 Julio 2008 Seguir en 
"Uno está preparado para construir, para planificar. La vicepresidencia es un cargo institucional y las atribuciones están dadas en la Constitución. No hay que buscar una figura, porque siempre está el deseo de tener una noticia rimbombante de alguien que se enfrente o que compita con el Poder Ejecutivo. Más allá de ser el soporte legislativo de las acciones políticas que encara el Gobierno, uno puede ser el receptor de las inquietudes de las provincias. Esperen eso de mí".Hace exactamente 300 días, un ingeniero civil mendocino hizo estas declaraciones a LA GACETA, un mes antes de las elecciones presidenciales. Julio César Cleto Cobos sabía que su misión era difícil y hasta, en cierta manera, estaba resignado a ser un "complemento" de Cristina Fernández de Kirchner, como la pata radical a un proyecto de Concertación Plural que se está diluyendo. El mismo camino está recorriendo el poder K. Néstor Kirchner fue el principal afectado por la derrota oficialista en el Senado. La seducción financiera a los gobernadores llega a su fin. Y eso promete ser un efecto en cadena, con reclamos de intendentes a mandatarios de provincias por una baja asignación de recursos para obras públicas.
La hegemonía del poder está herida. La billetera kirchnerista no es tan abultada como hace dos años. Las lealtades tampoco sobran. En la Argentina, no solamente se enfrió la economía; también la política. Nunca un voto fue tan helado para un pingüino como el de Julio Cobos que, en la madrugada de ayer, les daba una bocanada de aire fresco a los productores agropecuarios. Pero también a los gobernadores, que se sienten con más derecho a reafirmar la autonomía de las provincias del poder santacruceño, tal como lo expresó Cobos, con su voto.
El mismo día de la polémica votación en el recinto, Cristina Fernández de Kirchner y su esposo levantaron el teléfono para disciplinar a la tropa. Supo que varios ministros provinciales estuvieron preguntando en el Palacio de Hacienda de cuánto dinero dispondrán en un segundo semestre difícil. Los allegados al ministro Carlos Fernández transmitieron que se respetará lo presupuestado, mas no se sabe qué sucederá con los fondos discrecionales, esos que se reparten políticamente para obras públicas.
El Gobierno, más que siempre, necesita hacer caja; de otro modo, no podrá cerrar con superávit el presente ejercicio fiscal. Justificar un déficit después de un quinquenio de bonanza puede resultar traumático para una gestión que ni siquiera transcurrió su primer año de mandato. Cristina y Néstor necesitan apoyos. José Alperovich le ha dado al matrimonio presidencial muestras de adhesión y espera retribuciones en obras desde la Casa Rosada. El gobernador, como sus pares de otras provincias, estará el lunes en la Quinta de Olivos pasando revista a la peor derrota de la era K. Posiblemente hoy, los diputados y el senador por Tucumán tengan que rendir cuentas de sus actos ante los Kirchner, quienes enviaron telegramas de invitación -con estricto carácter de urgencia- para definir qué estrategia seguirá el oficialismo con las benditas retenciones móviles. "Alperovich cumple; los Kirchner gratificarán", fue el eslogan más usado ayer en la Casa de Gobierno, tras perder la batalla del Senado.
El mandatario, según señalan sus colaboradores, le dio al kirchnerismo todo el apoyo político que necesitaba en el Congreso: ocho diputados y un senador. Sin embargo, entre los diputados ha quedado un sabor amargo, como el de aquel que tuvo que pagar los platos rotos frente a la ira de los ruralistas. Varios de ellos perciben el síndrome Cobos, sentirse "ninguneados y menospreciados" por el líder partidario. La dádiva K está perdiendo fortaleza. Los compromisos financieros del Gobierno nacional son cada vez más acuciantes. En este contexto político e inflacionario, habrá menos dinero para repartir entre los aliados. Como en la economía, los ciclos políticos se diluyen en la medida en que faltan los recursos. Son las inquietudes de las provincias.




