El horizonte desde la cornisa

Por Angel Anaya - Columnista.

17 Julio 2008
BUENOS AIRES.- Néstor Kirchner imaginó que podría ganar el debate antes que el Senado, mediante el señuelo de su presencia en el atril ante el Congreso, poniendo al campo y sus acompañantes a la defensiva. Pero no fue así y su notorio nerviosismo final fue el retrato de su error. El campo, más la pluralidad opositora, sintieron su victoria y están convencidos ahora de que el voto de los senadores no les restará poder para tratar de llegar a destino, consistente en cercar al gobierno de CFK con la realidad. En el peor de los casos, una ley debe ser cumplida, mas es legítimo el derecho a la protesta, como la propia doctrina kirchnerista ha sostenido al afirmar que es ilegítimo criminalizarla.
El caso de la Resolución 125 es además muy particular, desde el momento que el Gobierno la mantiene vigente a pesar de que esa ley que espera del Senado se frustre. Todo es raro en la dimensión desconocida, como en la teoría de la relatividad. Pero lo transparente es que el conflicto que paraliza las fuerzas creativas del país proseguirá cuando se apaguen las luces del Congreso.
El campo, semilla germinadora de la crisis, no tiene las urgencias económicas que fustigan al Gobierno, pues tan sólo le inquieta el futuro imprevisible. El matrimonio presidencial está acuciado por compromisos y vencimientos de deuda que superan hasta el fin de año U$S 12.000 millones. Los agricultores están conscientes de que no podrán cortar rutas, pero también de que solo sembrarán lo justo para sobrevivir, privando en todo caso a la caja rosada de las maléficas retenciones móviles.

Una piñata muy peligrosa
Esa evidencia es manifiesta en el índice de riesgo país, cuyo nivel es ahora semejante al que cuatro años atrás definió Kirchner como el infierno, y cuyo efecto significa que cualquier crédito externo deba tributar un interés de tres a cuatro puntos más que los de Brasil, Uruguay o Chile. La deuda externa, con más elevados vencimientos en 2009, es igualmente ahora mayor que la del default, en tanto no se conocen con precisión otros manejos fiscales por carencia de adecuados controles.
Un fantasma se agita por otra parte, tras esa fuerte presión financiera y el enfriamiento de la economía que ha provocado la crisis rural; es el de la Justicia, donde el campo piensa llamar con miles de acciones contra la Resolución 125. Si el Congreso pone fin al debate, la Corte Suprema habrá visto finalizado el camino de la solución política, y la demanda de la provincia de San Luis, que por ser provincial ha llegado hasta ella per saltum, deberá resolverse de acuerdo con la numerosa jurisprudencia conocida del  máximo tribunal.
No será por cierto un camino breve, pero el cúmulo de problemas acuciantes del matrimonio presidencial conformará una piñata muy peligrosa para la campaña electoral del año próximo, donde el maltrecho Parlamento debe renovar media Cámara Baja y un tercio del Senado. (De nuestra sucursal)

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