17 Julio 2008 Seguir en 
Lloró, se puso nervioso, pidió explicaciones, negó todo y dijo que era inocente. Todo en menos de 15 minutos. Ayer a la mañana, el hombre que fue detenido en el marco de la investigación de una serie violaciones de menores en barrios del sur de la capital accedió a declarar, pero sólo para tratar de desvincularse del caso.
El muchacho de 30 años, cuya identidad no puede ser informada hasta que se resuelva su situación procesal, fue arrestado el martes durante un allanamiento concretado en su vivienda, en la esquina del pasaje Magallanes y Ernesto Padilla, en la ampliación del barrio Gráfico. Un policía que vive en las inmediaciones fue quien lo sindicó como el individuo que desde principios de año aterroriza a los vecinos de la zona. Seis menores de entre siete y 11 años fueron atacadas por un violador serial en lo que va del año, y cuatro fiscales unieron esfuerzos para tratar de identificarlo y detenerlo. Desde el martes hay un sospechoso arrestado, pero aún faltan datos para determinar si él es o no el agresor. Una prueba crucial se desarrollará mañana. La madre de una de las nenas, que habló con el violador minutos antes de que este atacara a su hija, será fundamental una rueda de reconocimiento. Si señala al detenido, gran parte del caso estará esclarecido. Pero la pericia clave se desarrollará en Buenos Aires, cuando analistas concreten una comparación genética. Para eso, hoy podría someterse al sospechoso a una extracción de sangre y a un hisopado bucal, a fin de obtener muestras de ADN que serán cotejadas con un perfil genético elaborado sobre muestras de semen y de pelos recogidas por los técnicos tras los ataques a los menores. Si el perfil es el mismo, el sospechoso no podrá salir en libertad; si difiere, será sobreseído.
El sospechoso, que es soltero y no tiene hijos, permaneció detenido la noche del martes en la sede de la División Homicidios y Delitos Complejos y ayer a las 9 fue trasladado a Tribunales para que preste declaración ante la fiscala María de las Mercedes Carrizo. Se le imputó un solo hecho: el ataque del que fue víctima una nena de ocho años el 25 de marzo en la zona de Los Chañaritos.
Amenazada
La menor fue secuestrada por un depravado que se movilizaba en un ciclomotor y que la amenazó con un cuchillo. El delincuente le ató las manos con una cuerda y luego la violó. Luego, en el mismo ciclomotor, llevó a la nena hasta inmediaciones de su casa, donde la abandonó. Tras este relato le preguntaron si quería declarar, y accedió. “No sé de dónde salió esto. Siempre trabajé. Soy inocente. Alguien me está acusando para perjudicarme”, dijo el sospechoso. La declaración debió ser interrumpida durante varios minutos debido a que lloraba desconsoladamente. “Trabajo juntando cartones y botellas. Todos los días salgo a las siete de mi casa y vuelvo a las 14. Por la tarde nunca salgo, a esa hora siempre estoy en mi casa”, dijo. Los investigadores consideraron esta frase un claro signo de defensa, ya que todos los ataques se concretaron después de las 18. “Jamás lastimaría a un chico”, agregó. El imputado además negó que posea moto o bicicleta. El sospechoso presenta una herida en un brazo, arriba de la muñeca izquierda, similar a la que describió una de las víctimas. Mientras estaba detenido el hombre habría afirmado que esa cicatriz era producto de un accidente laboral.
Los investigadores de la División Homicidios y Delitos Complejos, encabezados por el comisario Hugo Cabezas, están expectantes. Saben que la clave para la resolución del caso serán las pericias genéticas. Sin embargo, hasta que se conozcan los resultados pueden pasar 10 días. Si el detenido es el violador serial, habrán esclarecido el caso. Pero, mientras tanto, deberán seguir analizando datos. Temen que la pista del cartonero sea falsa y que esto sea aprovechado por el verdadero violador serial para atacar de nuevo. Por eso, la investigación sigue su curso por otros frentes.
El muchacho de 30 años, cuya identidad no puede ser informada hasta que se resuelva su situación procesal, fue arrestado el martes durante un allanamiento concretado en su vivienda, en la esquina del pasaje Magallanes y Ernesto Padilla, en la ampliación del barrio Gráfico. Un policía que vive en las inmediaciones fue quien lo sindicó como el individuo que desde principios de año aterroriza a los vecinos de la zona. Seis menores de entre siete y 11 años fueron atacadas por un violador serial en lo que va del año, y cuatro fiscales unieron esfuerzos para tratar de identificarlo y detenerlo. Desde el martes hay un sospechoso arrestado, pero aún faltan datos para determinar si él es o no el agresor. Una prueba crucial se desarrollará mañana. La madre de una de las nenas, que habló con el violador minutos antes de que este atacara a su hija, será fundamental una rueda de reconocimiento. Si señala al detenido, gran parte del caso estará esclarecido. Pero la pericia clave se desarrollará en Buenos Aires, cuando analistas concreten una comparación genética. Para eso, hoy podría someterse al sospechoso a una extracción de sangre y a un hisopado bucal, a fin de obtener muestras de ADN que serán cotejadas con un perfil genético elaborado sobre muestras de semen y de pelos recogidas por los técnicos tras los ataques a los menores. Si el perfil es el mismo, el sospechoso no podrá salir en libertad; si difiere, será sobreseído.
El sospechoso, que es soltero y no tiene hijos, permaneció detenido la noche del martes en la sede de la División Homicidios y Delitos Complejos y ayer a las 9 fue trasladado a Tribunales para que preste declaración ante la fiscala María de las Mercedes Carrizo. Se le imputó un solo hecho: el ataque del que fue víctima una nena de ocho años el 25 de marzo en la zona de Los Chañaritos.
Amenazada
La menor fue secuestrada por un depravado que se movilizaba en un ciclomotor y que la amenazó con un cuchillo. El delincuente le ató las manos con una cuerda y luego la violó. Luego, en el mismo ciclomotor, llevó a la nena hasta inmediaciones de su casa, donde la abandonó. Tras este relato le preguntaron si quería declarar, y accedió. “No sé de dónde salió esto. Siempre trabajé. Soy inocente. Alguien me está acusando para perjudicarme”, dijo el sospechoso. La declaración debió ser interrumpida durante varios minutos debido a que lloraba desconsoladamente. “Trabajo juntando cartones y botellas. Todos los días salgo a las siete de mi casa y vuelvo a las 14. Por la tarde nunca salgo, a esa hora siempre estoy en mi casa”, dijo. Los investigadores consideraron esta frase un claro signo de defensa, ya que todos los ataques se concretaron después de las 18. “Jamás lastimaría a un chico”, agregó. El imputado además negó que posea moto o bicicleta. El sospechoso presenta una herida en un brazo, arriba de la muñeca izquierda, similar a la que describió una de las víctimas. Mientras estaba detenido el hombre habría afirmado que esa cicatriz era producto de un accidente laboral.
Los investigadores de la División Homicidios y Delitos Complejos, encabezados por el comisario Hugo Cabezas, están expectantes. Saben que la clave para la resolución del caso serán las pericias genéticas. Sin embargo, hasta que se conozcan los resultados pueden pasar 10 días. Si el detenido es el violador serial, habrán esclarecido el caso. Pero, mientras tanto, deberán seguir analizando datos. Temen que la pista del cartonero sea falsa y que esto sea aprovechado por el verdadero violador serial para atacar de nuevo. Por eso, la investigación sigue su curso por otros frentes.
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