La frontera llegó a Buenos Aires

Por Angel Anaya - Columnista.

15 Julio 2008
BUENOS AIRES.- La capital de la República mostrará hoy al país y al mundo que nos contempla que es el centro fronterizo de su crítica división. Una recorrida por el búnquer K ante el Congreso, permite observar la costosa estructura residencial de las carpas, una de las cuales es alfombrada, y confortablemente amueblada, con tres pantallas de plasma y calefacción por si los hechos obligan a pasar la noche al organizador del evento. A 30 cuadras, en el estratégico Monumento de los Españoles, cruzado por las grandes avenidas palermitanas, los estacionamientos de rodados abundan y desde la víspera comienza la instalación de ruralistas que arribaron del interior, amén de otros concursos sindicales  -Luis Barrionuevo, CGT Azul y Blanco- y organizaciones sociales que desmienten le versión terrateniente y vacuna que algunos achacan al viejo esquema de la izquierda y la derecha. Posiblemente ambos rivales cometan errores, como el de Hugo Moyano al disponer un paro de la CGT para ir al Congreso sin pensar que facilita igualmente la concurrencia al acto parlermitano. Pero las concentraciones tienen una tercera dimensión que muy pocos se atrevieron a medir: ¿cuál será la actitud del vecindario porteño que conmovió a la Presidenta con el cacerolazo que la obligó a golpear a las puertas del Congreso? Tanto las consignas impartidas a los del acto K como al rural son no avanzar hacia los “adversarios”, pero lo cierto es que las concentraciones históricas están advirtiendo que el Parlamento no podrá resolver esa división nacional.

Promesas y realidades
La ilusión de que una victoria parlamentaria puede resolver los graves conflictos de la crisis que comenzó siendo rural y hoy es también urbana, hizo distribuir una versión oficiosa a los grandes medios de comunicación acerca de la serie de medidas destinadas a los sectores medios que el Gobierno espera tras al debate parlamentario: subida del mínimo no imponible de ganancias, jubilaciones móviles, sueldos mínimos y otras exigencias que implican un reconocimiento del disfraz estadístico.
La finalidad ha sido calmar ese trasvasamiento social que la inflación está imponiendo, motorizado por el conflicto rural. El gran ministro de Economía que es Kirchner, más pragmático de corto plazo que economista, trató a la vez de remodelar su imagen utilizando decenas de veces en sus inéditas “conferencias de prensa” las expresiones democracia, pluralidad, instituciones y Constitución como muletillas.
Tan solo Guillermo Moreno juega ahora la bola del Indec, o poco que se observen las imputaciones que el matrimonio  presidencial hace al ruralismo sobre la subida de precios. Pero en este punto el tema guardaba una sorpresa y es la decisión del jefe de gobierno porteño, Mauricio Macri, de manejar con un organismo local las estadísticas que el Indec disfraza en el distrito federal y el gran Buenos Aires, y que tan poco tienen que ver con las realizadas por las provincias. (De nuestra Sucursal) 

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