15 Julio 2008 Seguir en 
Las autoridades tucumanas demostraron que son capaces -si se lo proponen- de hacer realidad el dicho: "querer es poder". En poco menos de dos meses -los que antecedieron a la Cumbre de los Jefes de Estado del Mercado Común del Sur-, se hicieron algunas obras de embellecimiento en el microcentro, en la avenida de Los Próceres y en el parque 9 de Julio. Se repavimentaron algunas calles con una rapidez pocas veces vista. Desde el Poder Ejecutivo se dijo reiteradamente que el histórico encuentro, más bien por la reunión de presidentes que por las resoluciones surgidas de su seno, que el acontecimiento beneficiaría a la provincia. A pocas semanas del hecho, el titular del Ente Tucumán Turismo se sinceró al afirmar que sería ilógico pensar que el turismo aparecerá ahora que tuvimos la Cumbre.
Ahora que ha pasado la Cumbre del Mercosur sería auspicioso hacer realidad algunas promesas incumplidas y que fueron anunciadas en dos oportunidades, como sucede con las peatonales del microcentro. En enero de 2007, la Municipalidad de la capital anunció que invertiría alrededor de $ 2 millones en obras de infraestructura y estética para la revalorización de las tres cuadras de la peatonal Isauro Martínez.
El objetivo de la iniciativa -según dijeron los funcionarios- era poner en práctica el concepto de shopping a cielo abierto. Este criterio implicaba un mejoramiento de la estética de la peatonal, un ordenamiento de la carga y de la descarga y la unificación de tipologías de uso, como los toldos, las marquesinas, la cartelería, las baldosas, la iluminación y hasta la instalación de pérgolas que generen sombra, entre otros aspectos. Una vez concretado el proyecto, San Miguel de Tucumán se iba a convertir en la novena ciudad del país en contar con un shopping a cielo abierto. Luego del anuncio, no se volvió a hablar del asunto hasta exactamente un año después -en enero pasado-, cuando la Municipalidad volvió a informar la concreción del gran proyecto, esta vez como parte del Plan Estratégico Urbano en vista del bicentenario de la Declaración de la Independencia nacional. Se dijo en la oportunidad que la licitación iba a efectuarse en marzo; los trabajos iban a iniciarse en abril y se extenderían a lo largo de siete meses. La inversión estimada era de $ 3,6 millones. Como suele suceder a menudo, no se cumplió con la palabra.
Ante la proximidad del encuentro de presidentes latinoamericanos, para salir rápidamente del paso, la Municipalidad echó una capa de asfalto sobre el deteriorado pavimento de la peatonal Martínez, que fue inaugurada el 4 de abril de 1991. Ya el sofocón por quedar bien con los visitantes y brindarles la mejor imagen posible, quedó atrás. Se viene ahora la temporada turística por excelencia de Tucumán que concluirá en los primeros días de agosto. La Municipalidad dispone de casi cuatro semanas programar las obras en cuestión si la idea es dar cumplimiento con lo anunciado antes de que concluya 2008.
El Gobierno ha demostrado que cuando se siente presionado por la Nación hace lo imposible para cumplir en tiempo y en forma. Similar actitud debería tener siempre para con los tucumanos. Las autoridades se deben a los ciudadanos. El gran desafío pasa ahora por sostener a buen ritmo no sólo las obras de embellecimiento de la ciudad, sino aquellas de infraestructura, como por ejemplo, canales y colectores cloacales. Se ha demostrado que cuando se quiere se puede. Esa debería ser la consigna permanente de nuestros representantes para que Tucumán se encuentre rápidamente con el progreso.
Ahora que ha pasado la Cumbre del Mercosur sería auspicioso hacer realidad algunas promesas incumplidas y que fueron anunciadas en dos oportunidades, como sucede con las peatonales del microcentro. En enero de 2007, la Municipalidad de la capital anunció que invertiría alrededor de $ 2 millones en obras de infraestructura y estética para la revalorización de las tres cuadras de la peatonal Isauro Martínez.
El objetivo de la iniciativa -según dijeron los funcionarios- era poner en práctica el concepto de shopping a cielo abierto. Este criterio implicaba un mejoramiento de la estética de la peatonal, un ordenamiento de la carga y de la descarga y la unificación de tipologías de uso, como los toldos, las marquesinas, la cartelería, las baldosas, la iluminación y hasta la instalación de pérgolas que generen sombra, entre otros aspectos. Una vez concretado el proyecto, San Miguel de Tucumán se iba a convertir en la novena ciudad del país en contar con un shopping a cielo abierto. Luego del anuncio, no se volvió a hablar del asunto hasta exactamente un año después -en enero pasado-, cuando la Municipalidad volvió a informar la concreción del gran proyecto, esta vez como parte del Plan Estratégico Urbano en vista del bicentenario de la Declaración de la Independencia nacional. Se dijo en la oportunidad que la licitación iba a efectuarse en marzo; los trabajos iban a iniciarse en abril y se extenderían a lo largo de siete meses. La inversión estimada era de $ 3,6 millones. Como suele suceder a menudo, no se cumplió con la palabra.
Ante la proximidad del encuentro de presidentes latinoamericanos, para salir rápidamente del paso, la Municipalidad echó una capa de asfalto sobre el deteriorado pavimento de la peatonal Martínez, que fue inaugurada el 4 de abril de 1991. Ya el sofocón por quedar bien con los visitantes y brindarles la mejor imagen posible, quedó atrás. Se viene ahora la temporada turística por excelencia de Tucumán que concluirá en los primeros días de agosto. La Municipalidad dispone de casi cuatro semanas programar las obras en cuestión si la idea es dar cumplimiento con lo anunciado antes de que concluya 2008.
El Gobierno ha demostrado que cuando se siente presionado por la Nación hace lo imposible para cumplir en tiempo y en forma. Similar actitud debería tener siempre para con los tucumanos. Las autoridades se deben a los ciudadanos. El gran desafío pasa ahora por sostener a buen ritmo no sólo las obras de embellecimiento de la ciudad, sino aquellas de infraestructura, como por ejemplo, canales y colectores cloacales. Se ha demostrado que cuando se quiere se puede. Esa debería ser la consigna permanente de nuestros representantes para que Tucumán se encuentre rápidamente con el progreso.




