“Creo en la condición humana de decir”

"Creo en el misterio y, cada vez más, en que la escritura está relacionada con el instinto y con la intuición". "Trazo algún plan antes de comenzar. Pero, en cierta manera, las novelas toman forma a medida que se las escribe". Por Paula Varsavsky, para LA GACETA - Londres.

“NO SOY UN HOMBRE DE MESAS REDONDAS”. Swift parece un escritor que se hubiera sentido más cómodo en el Siglo XIX, cuando los autores se mantenían en discreto anonimato. “NO SOY UN HOMBRE DE MESAS REDONDAS”. Swift parece un escritor que se hubiera sentido más cómodo en el Siglo XIX, cuando los autores se mantenían en discreto anonimato.
13 Julio 2008
Varios de los integrantes del grupo de mejores jóvenes novelistas británicos que en 1983 seleccionó Granta llegaron a ser rápidamente conocidos, tanto en Inglaterra como en decenas de países. Algunos de ellos fueron Kazuo Ishiguro, Julian Barnes, Ian McEwan y Graham Swift. Swift (Londres, 1949) se graduó en literatura inglesa en la Universidad de York y realizó diversos trabajos mientras anhelaba ser escritor. Luego fue a Grecia con un puesto de docente, pero carecía de vocación para esta actividad. El éxito de crítica y ventas le llegó con su novela El país del agua, que trata, justamente, de un profesor de historia que no tiene vocación de tal y que cuestiona la enseñanza tradicional de esa materia. La novela tuvo su versión fílmica realizada en Hollywood, y protagonizada por Jeremy Irons y Sinead Cusack. Entonces, Swift pudo dedicarse enteramente a lo que deseaba: ser un narrador full-time.
Su novela Ultimos tragos recibió el Premio Booker, el más codiciado de Gran Bretaña, y también fue llevada a la pantalla grande, protagonizada por Michael Caine y Bob Hoskins. Mañana, su última novela, acaba de distribuirse en la Argentina.
La entrevista tuvo lugar durante un almuerzo en un restaurante del sur de Londres, donde reside. Curiosamente, el ruido del Londres central se siente lejano y la zona mantiene la dinámica de aquella Inglaterra profunda donde las conversaciones suceden en los pubs.
Swift parece un escritor que se hubiera sentido más cómodo en el Siglo XIX, época en la que los autores se mantenían en discreto anonimato y no se requería de ellos más que la consumación de sus obras. "No tengo demasiadas opiniones -afirma. No soy un hombre de mesas redondas".

P.V. ¿Planeó el argumento de su novela Mañana antes de empezarla?
G.S. Pienso que mi respuesta respecto de Mañana es la misma que daría para todas mis novelas. Trazo, a grandes rasgos, algún tipo de plan antes de comenzar. Pero, en cierta manera, las novelas realmente toman forma a medida que se las escribe. Por lo general, se producen cambios que la alejan de las ideas preconcebidas. Creo que este elemento de sorpresa, de desarrollo inesperado y de complicación es importante y saludable. A veces, puede ser muy estimulante. También crea la sensación de que se pierde el control, lo cual no se diferencia demasiado de la vida. La vida es confusa. Honestamente, supongo que las novelas existen gracias a las confusiones de la vida. ¿Cómo se planea, si el punto de partida es la confusión? Creo en el misterio y, cada vez más, en que la escritura está relacionada con el instinto y con la intuición. Quiero escribir novelas que adquieren mayor misterio a medida que progreso y, más aún, al final. En definitiva, también así es la vida.

- Tanto en esta última novela como la anterior, La luz del día, está presente la intriga. ¿Cómo la construye?
- Me parece que la construyo, en cierta manera, ignorándola. La luz del día podría ser catalogada como una novela de detectives, pero difícilmente lo sea en un sentido convencional, dado que sabemos, casi desde el inicio, quién ha cometido el crimen. La verdadera intriga, el suspenso del libro, está en otro lado. De una forma similar, en Mañana, resulta muy claro que se va a revelar un secreto importante. Pero ese no es el corazón del libro. Creo que muchos lectores adivinarán cuál es el secreto incluso en las primeras páginas. Espero que, llegado el momento de la revelación del secreto, se advierta que la novela va mucho más allá. En caso contrario, hubiese dejado la resolución de la intriga para el final. Las implicancias emocionales, morales e históricas que el acto de contarlo trae aparejadas son mucho más importantes que el secreto en sí mismo. El cual, sociológicamente, no es poco común. Creo en el acto humano de decir (es otro de los motivos por los cuales existen las novelas) a pesar de que todos sabemos que, así se trate de una persona cercana, decirle a alguien aquello que todavía no sabe puede ser una de las situaciones más difíciles del mundo. Prefiero escribir novelas que no resuelvan temas sino que propongan más misterio.

- ¿Participó en la adaptación cinematográfica de sus libros?
- La forma en que lo hice fue vender mis derechos de autor y permitir que llevaran los textos al cine de la forma en que lo desearan. Di total libertad. Me pareció lo mejor; yo no sabría cómo hacerlo. La adaptación cinematográfica de El país del agua sucedió gracias a Jeremy Irons, él llevó adelante el proyecto.

- ¿Qué libro le interesó últimamente?
- La novela Day, de A.L. Kennedy, me pareció maravillosa.

- ¿Cómo elige los lugares donde sitúa sus relatos?
- A veces confío en mi imaginación. Situé El país del agua en East Anglia, una zona de Inglaterra que apenas había visitado. Luego de la publicación, varias veces me preguntaron si había nacido allí. De todas formas, no podría situar una novela en cualquier parte del mundo, sería antinatural o debería hacer un enorme esfuerzo de investigación. Además, Londres aparece en la mayoría de mis historias.

- Usted residió casi toda su vida en Londres. ¿Cómo le parece que ha cambiado la ciudad desde que la amenaza terrorista se volvió real?
- Londres ha cambiado en términos generales durante los últimos años, pero no creo que la amenaza terrorista en sí misma haya ocasionado demasiados cambios. Después de un gran incidente, como los bombardeos de 2005, sobreviene un período de tensión y vigilancia exacerbada. Luego, las cosas, más o menos, vuelven a su estado normal. Ciertos hábitos de precaución y rutinas, tanto por parte de los ciudadanos como de las autoridades, se han convertido en un aspecto aceptado de la vida cotidiana. De todas formas, Londres, históricamente, ha estado familiarizada con actos de violencia. Hubo un largo período en que los bombardeos del IRA eran un riesgo. Y todavía quedan muchos londinenses que pueden recordar la época en que Londres era bombardeada regularmente desde el aire. © LA GACETA

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