"El Gobierno le dio la espalda a mi marido"

La esposa del tucumano al que mataron tras haber denunciado una estafa en Rentas de Santiago del Estero dijo que está desprotegida. La mujer afirmó que hay grupos que intentan ensuciar la memoria de Raúl Domínguez. "Era un hombre muy querido".

TRISTE Y PREOCUPADA. Olga Cristina Tottes habla con LA GACETA en su casa de El Vinalar, al suroeste de la capital santiagueña. LA GACETA / ANTONIO FERRONI
TRISTE Y PREOCUPADA. Olga Cristina Tottes habla con LA GACETA en su casa de El Vinalar, al suroeste de la capital santiagueña. LA GACETA / ANTONIO FERRONI
07 Julio 2008
SANTIAGO DEL ESTERO (De nuestro enviado especial, Gustavo Rodríguez).- "El estaba preocupado. Después que denunció lo que pasaba en su trabajo cambió totalmente de carácter". Olga Cristina Tottes, la esposa de Raúl Domínguez, el tucumano que fue víctima de un crimen con tintes mafiosos luego de haber denunciado una estafa millonaria en la Dirección General de Rentas, está angustiada. La mujer, en su vivienda del barrio El Vinalar, ubicado al sureste de la capital de esta provincia, habló con LA GACETA para relatar la pesadilla que vive desde que la Policía encontró el cuerpo de su marido.

- ¿Cree que la denuncia que hizo es el móvil del crimen?
- No tengo la menor duda. Todos los problemas que comenzó a tener se debieron a que les dijo a sus superiores lo que estaba pasando en el lugar donde trabajaba. Digan lo que digan, fue mi marido el que descubrió lo que estaba ocurriendo en Rentas.

- ¿El le hizo algún comentario con respecto a la estafa?
- No, él era un hombre muy reservado. Yo sabía lo que había ocurrido y que dos veces se presentó en la Policía para declarar. También me había comentado que lo iban a llamar desde la Justicia. A pesar de que no dio detalles, estoy convencida de que este tema lo tenía mal.

-¿Por qué cree que realizó la denuncia ante las autoridades de Rentas?
- Porque era un hombre muy honesto. Era una persona de bien y siempre actuó de acuerdo con los valores que tenía y que le habían inculcado. Por como era, nunca se hubiera mantenido en silencio. Pueden decir muchas cosas, pero esa es la verdad.

- ¿A qué se refiere?
- A que ahora todos los que están involucrados van a querer ensuciar su nombre o su personalidad para que este caso quede impune, como ocurrió con otros hechos que ocurrieron en esta provincia.

- Sigo sin entenderla?
- A los pocos días de su desaparición muchos decían que él también era parte de esa banda y que se había ido con plata. Con su muerte se desechó esa teoría. El juez (Abelardo) Basbús (que se apartó de la causa el viernes) quería hacernos una pericia psicológica a todos los miembros de la familia para intentar demostrar que él se suicidó.

- ¿Descarta esa posibilidad?
- Por supuesto. Es una aberración pensar eso si a él le habían cortado los brazos. Lo mutilaron, no se mutiló.

- ¿Qué le dijo el gobernador Gerardo Zamora cuando las recibió a usted y a su familia?
- Nos pidió tranquilidad y nos dio garantías de que todo se iba a esclarecer. Que él iba a hacer todo lo posible para que se esclareciera el hecho.

- ¿Y ahora qué piensa de esas palabras?
- Nada. Lo único que le puedo decir es que el Gobierno le dio la espalda a mi marido. El denunció el caso y no le dieron ningún tipo de protección. Lo dejaron solo. Con todo lo que pasó nosotros seguimos sin tener protección.

- ¿Cuál fue la reacción del vecindario?
- Maravillosa. La misma actitud tuvieron sus compañeros de trabajo. Ellos nos apoyaron y nos apoyan desde un primer momento. Esa reacción es lógica, porque estamos cosechando todo lo que Raúl sembró durante todos estos años.

- ¿Cómo era él?
- Muy especial. Siempre estaba dispuesto a dar hasta lo que no tenía, porque siempre pensaba más en los otros que en él. Siempre lo llamaban del Hospital de Niños para que donara sangre y él siempre iba sin importar la hora que fuese. Por eso era muy querido.

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