04 Julio 2008 Seguir en 
Raúl Eduardo Domínguez tenía 51 años. Hace 30, decidió probar suerte en Santiago del Estero y, después de desempeñarse en distintos trabajos, en 1993 consiguió ingresar a trabajar en la Dirección de Rentas de Santiago del Estero. “Era un tipo que no se metía con nadie. Siempre estaba dispuesto a ayudar a las personas que más lo necesitaban”, aseguró Verónica Mayer, sobrina de la víctima del crimen que conmueve a Santiago del Estero.
Domínguez vivía en una humilde vivienda del barrio El Vinalar, de la capital santiagueña. Además de trabajar en la sección de Timbrados y Sellados, tenía un taller de zapatería en el barrio Smata. “Con ese trabajito ayudaba a la economía de su hogar. Siempre se mostró como una persona inquieta”, expresó Mirta Domínguez, hermana del empleado asesinado.
Domínguez, que se casó dos veces y que tenía cuatro hijos, según confiaron los familiares, antes de desaparecer estaba muy nervioso. “Estaba intranquilo por lo que podía pasarles a él y a su familia. Pero no le importó; siguió adelante porque sabía que alguien estaba cometiendo una estafa”, expresó Mirta, que reside en Santa Cruz y que regresó para estar al tanto de lo que ocurría con su hermano.
Mayer, con lágrimas en los ojos, aseguró: “no tenemos dudas de que estamos ante un crimen mafioso, por lo que él denunció. No vamos a bajar los brazos hasta que se haga justicia. El actuó bien y lo pagó con su vida. Es increíble que haya pasado algo así”.
Domínguez vivía en una humilde vivienda del barrio El Vinalar, de la capital santiagueña. Además de trabajar en la sección de Timbrados y Sellados, tenía un taller de zapatería en el barrio Smata. “Con ese trabajito ayudaba a la economía de su hogar. Siempre se mostró como una persona inquieta”, expresó Mirta Domínguez, hermana del empleado asesinado.
Domínguez, que se casó dos veces y que tenía cuatro hijos, según confiaron los familiares, antes de desaparecer estaba muy nervioso. “Estaba intranquilo por lo que podía pasarles a él y a su familia. Pero no le importó; siguió adelante porque sabía que alguien estaba cometiendo una estafa”, expresó Mirta, que reside en Santa Cruz y que regresó para estar al tanto de lo que ocurría con su hermano.
Mayer, con lágrimas en los ojos, aseguró: “no tenemos dudas de que estamos ante un crimen mafioso, por lo que él denunció. No vamos a bajar los brazos hasta que se haga justicia. El actuó bien y lo pagó con su vida. Es increíble que haya pasado algo así”.
Lo más popular
Ranking notas premium









