Una oportunidad para que todo mejore

La realidad está demostrando que los buenos tiempos ya se esfumaron. La comunidad observa absorta la terquedad del Gobierno para negociar en el conflicto. Por Fernando García Soto -Redacción LA GACETA.

30 Junio 2008
Para bien o para mal, la presidencia de Néstor Kirchner (2003-2007) acostumbró a buena parte de los argentinos a la tranquilidad de saber que se podía proyectar hacia el futuro sin tener que vivir con la soga al cuello todos los días por efecto de desajustes económicos. Hoy, la continuidad de esa gestión, en la figura de la presidenta Cristina Kirchner, parece haber despertado "de los pelos" a la población, que tuvo que salir de lo que le parecía un sueño ideal para toparse de lleno con la realidad, que exhibe con crudeza que los buenos tiempos se esfumaron. La realidad es que el Gobierno parece que intenta empujar a un debate político-ideológico a una sociedad que se interesa más en saber si podrá pagar sus cuentas (luz, colegio, cuota del televisor), o si podrá tomarse vacaciones, que tener que terciar sobre viejas antinomias argentinas. La gente también valora mucho el respeto por las instituciones y por la divergencia de opiniones.
El 17 de este mes, día en que el país estaba en vilo porque las consecuencias del conflicto Gobierno-campo eran ya insoportables para la población argentina en general, la presidenta Cristina Fernández de Kirchner anunció que había decidido enviar al Congreso el polémico tema de las retenciones a las exportaciones de granos, disparador de la confrontación. Mientras la comunidad sufría en carne propia los cortes de rutas y el desabastecimiento de alimentos, medicamentos y combustibles, y el encarecimiento de todo tipo de productos y servicios, la primera mandataria nacional aprovechó el enorme rating que generaba por la incertidumbre en el país para difundir por cadena nacional un acto en conmemoración del golpe militar de 1955, que derrocó al presidente constitucional Juan Domingo Perón. Probablemente por la urgencia de definiciones de un problema bien de hoy, de la actualidad, a muchos televidentes, que esperaban novedades sobre la cuestión que tenía prácticamente paralizado al país desde hacía 100 días, el acto les pareció largo y tedioso, e inoportuno, pese a que a la primera mandataria le venía bien para poder entrelazar este hecho histórico con su convencimiento ?y el de su marido, el ex presidente Néstor Kirchner- de que su propio gobierno estaba siendo víctima de una conspiración golpista, disfrazada de protesta agraria y de cacerolazos.
En el marco de este inesperado debate, cobraron vigor figuras como la de la Madre de Plaza de Mayo Hebe de Bonafini, o la del ex piquetero Luis D?Elía, y otras personas que poco hacen a favor de la concordia nacional. En un clima político-social que iba enrareciéndose cada vez más, el Gobierno y el partido gobernante -el PJ- intentaron neutralizar la protesta con una convocatoria popular a la Plaza de Mayo, que aparentemente reunió más a una multitud de votantes rentados que a personas comunes que apoyaban la forma de gobernar del matrimonio Kirchner.
Azorada, la comunidad observó que la terquedad del Gobierno para negociar el conflictivo tema de las retenciones a los granos con el agro derivó en problemas para circular por las rutas, en desabastecimiento, en precios más altos, en la desaparición total del crédito y en la reaparición de la bicicleta financiera, que suele premiar a los "vivos" y castigar a la gente común.
Luego, la población se dio cuenta de que el envío del proyecto de ley de retenciones al Congreso no apuntaba a generar un debate serio sobre la cuestión, sino que el Gobierno esperaba obediencia debida absoluta de los legisladores nacionales oficialistas para que la propuesta se apruebe sin cambios. En un ámbito cargado de chicanas y de viejos vicios de la política, a la gente le costó digerir que el oficialismo vulnerara normas para instalar sin permiso carpas frente al Parlamento nacional para presionar a los diputados que discuten la temática en comisiones y que ataquen al vicepresidente, Julio Cobos, por tratar de conocer las posiciones al respecto de los gobernadores. En medio de este aparente descalabro institucional, el Gobierno y el PJ continuaron acusando de conspiradores y de golpistas a los ruralistas, calificativos que, si se sigue esta línea, también incluirían a los cientos de miles de personas que el lunes 16 de este mes salieron a las calles a quejarse contra el manejo de la crisis agraria que lleva adelante el Estado nacional.

Incertidumbre
Pasada ya una semana larga desde que el campo levantó el paro y desde que las rutas del país se liberaron de piquetes, la comunidad continúa en estado de tensión y de incertidumbre, porque observa que su nivel de vida se desploma sin remedio y porque todo se le hace más difícil. Y lo peor es que no entiende por qué la clase política gobernante dio prioridad a un enfrentamiento ideológico con un sector de la economía por sobre el bienestar general, y por qué las autoridades nacionales le rehuyen tanto al diálogo. La gente aún no logra entender por qué todo empezó a estar tan mal de repente.
La Cumbre del Mercosur, que hoy comienza en Tucumán -con la presencia de ocho presidentes latinoamericanos-, podría ser el ámbito en el que se genere un clima de reflexión que permita destrabar el conflicto Gobierno-campo-sociedad. Tal vez en nuestra provincia se despierten las inteligencias para que la crisis culmine rápidamente y para que se renueven las expectativas que harían de la Argentina un país deseable para invertir y producir riqueza, o simplemente para vivir bien.

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