Sin anticumbre del mundo rural
De Angeli y Kirchner no coincidirán mañana en Tucumán. La crisis de la soja perturbó más de lo esperado la gestión de Alperovich, que cumple hoy ocho meses. La disyuntiva que enfrentan los diputados. Por Carlos Abrehu - Secretario General de Redacción.
29 Junio 2008 Seguir en 
El gobernador José Alperovich agota hoy ocho meses de gestión, que equivalen al 20% de su ciclo constitucional. La reelección alcanzada en agosto pasado, por una abrumadora cantidad de votos, le auguraba un período de paz, orden y administración, al mejor estilo roquista del siglo XIX. El raquitismo de la oposición le aseguraba un tránsito institucional sin complicaciones. Sin embargo, la elección de diputados nacionales de octubre encendió la primera luz roja en el semáforo oficialista. El ingreso del radical José Ignacio García Hamilton desbancó a la cuñada del gobernador -Silvia Rojkés- del quinto puesto, al que el Frente de la Victoria daba por seguro.
Se explicó, entonces, que el descontento con la candidata presidencial Cristina Fernández de Kirchner había generado ese resultado imprevisto. Florecía ya la idea de proyectar al gobernador a la Rosada, en prematura competencia con el chubutense Mario Das Neves, quien se había autoproclamado aspirante a suceder a Cristina. La economía crecía a pasos agigantados y ni se hablaba de gravar más a los productores de granos.
Pero no bien empezó 2008, Alperovich se enredó en el manejo de los asuntos políticos. Las recurrentes denuncias del legislador radical José Cano sobre un presunto rebrote de la mortalidad infantil lo sacaron de quicio más de una vez, a las que replicó con tono altisonante. Causaron el mismo efecto que el pasaje de una lija por las heridas abiertas. Con todo, el fallo de los camaristas del fuero contencioso administrativo Rodolfo Novillo y Carlos Giovaniello declarando la inconstitucionalidad del sistema de designación y remoción de jueces, significó un duro revés.
Gesto de audacia
La pelea doctrinaria no se aplacó, pero el problema llegó a la Corte Suprema de Justicia, cuyo ministro fiscal Luis De Mitri aconsejó admitir la inconstitucionalidad de marras, persuadido de la solidez de los argumentos de Novillo y Giovaniello. Los jueces cortesanos probablemente se avoquen a resolver el caso después de la feria de julio. Es algo que les quema las manos por la resonancia del asunto, en momentos en que la idea de república está en discusión. A Alperovich no le faltó audacia: se adelantó a Cristina en esta intención de influir políticamente en el nombramiento y en la conducta de los magistrados, con la Constitución de 2006.
El Colegio de Abogados le retrucó, erigiéndose así en el enemigo público más notorio del gobernador, cuando cuestionó en los tribunales la intención de sujetar la Justicia a la Casa de Gobierno. Por ahora, tuvo éxito en los escalones inferiores del poder destinado a contener los desbordes de los políticos.
En otros aspectos de la vida institucional, Alperovich sólo experimentó victorias retumbantes. La Legislatura está domesticada y digirió sin ruborizarse los 33 decretos de necesidad y urgencia (DNU) dictados por Alperovich, desde el 29 de octubre.
No dijo nada ante aquel aluvión que cercenó su facultad de elaborar leyes, y sólo se limitó a veces a corregir detalles de los decretos. Se acomodó bien a la concepción decisionista que ganó terreno en la práctica gubernamental en los últimos años. Este enfoque hace prevalecer la voluntad del gobernante sobre la lógica de la discusión parlamentaria. Alperovich manda y los legisladores oficialistas levantan la mano sin chistar. Con todo, el gobernador de tanto en tanto los mima ante los medios de difusión.
"Si yo hubiera tenido otra Legislatura, hoy no habría sido más gobernador de Tucumán", afirmó el 20 de febrero. La comisión competente acababa de rechazar un pedido de juicio político en su contra, que había tramitado la sala II de la Cámara Penal por presuntas injurias, en una causa promovida por el dirigente opositor Ariel García.
Economía en enfriamiento
La crisis de la soja lo halló del lado del Gobierno, pero el enfriamiento de la economía paralizó la obra pública, que fue un motor de la vida provincial. En el medio quedaron 2.000 trabajadores suspendidos, confesaron los empresarios del ramo. La solidaridad con Cristina no le privó de sufrir ese ramalazo, pero le garantizó -entre otras cosas- que se pudiera concretar la Cumbre del Mercosur, cuya puesta en escena se hallaba condicionada por el clima de exasperación reinante en la república.
La controversia por las retenciones móviles de la soja no se esfumó, sino que se reavivará en esta nueva semana. Néstor Kirchner estará mañana en esta ciudad, junto con la Presidenta, porque se le ofrecerá un destino diplomático en el contexto de las naciones sudamericanas. Se habló de la visita de Alfredo De Angeli a Tucumán, también mañana, o de la de Mario Llambías (CRA). Al Gobierno le inquietó la versión, por los riesgos políticos que entrañaba.. Pero, finalmente, en la Rural descartaron la especie. "No queremos una anticumbre", dijeron.
Los ruralistas quieren que sus voces contrarias al régimen de retenciones móviles sean escuchadas por los mandatarios que llegarán a la conferencia internacional de mañana. Cada vez que Kirchner embiste contra los hombres del campo, De Angeli redobla la apuesta. En ese tironeo pierden los más negociadores del Gobierno y de las instituciones rurales.
Los diputados oficialistas por Tucumán admiten que deben hacerse retoques a la propuesta de la Casa Rosada, pero es un enigma saber hasta dónde conciliarán con los intereses de los productores y con los reproches de Kirchner (les pidió que tengan coraje). A Stella Córdoba la acusan de ser muy intransigente en sus planteos de defensa irrestricta de la ley apoyada por la Casa Rosada. Los otros se muestran más dialoguistas con la dirigencia del campo.
Uno de ellos apuntó que los conflictos que amenazan con dinamitar el bloque oficialista en la Cámara se originan en las provincias donde las jefaturas partidarias están en crisis: Santa Fe, Entre Ríos y Buenos Aires. Es cierto, pero también son los distritos de mayor producción sojera del país agropecuario. Los diputados de esas provincias están entrampados entre Kirchner y las presiones de sus votantes. El electorado los juzgará en 2009 cuando pretendan ser reelectos.
Alperovich está muy alejado de Jorge Busti, Carlos Reutemann, Juan Schiaretti y José Manuel de la Sota -dijo que vuelven los cortes de ruta si no se caen las retenciones móviles-. Y del vicepresidente Julio Cobos -con quien jamás congenió-, para qué hablar. Permanecer dentro del corral kirchnerista tiene ventajas y contrapartidas. Los diputados más comprometidos por su inserción en las zonas sojeras de Tucumán son Juan Salim, en el este, y Susana Díaz, en La Cocha. Están silenciosos, porque temen la reacción de sus electores. Alperovich les puso candado en la boca a los intendentes. El mutismo de la Legislatura fue por igual causa.







