Una oportunidad para pensar la región cultural

La Cumbre del Mercosur, que se desarrolla en Tucumán, es un ámbito propicio para reflexionar acerca de la relación entre el turismo y la cultura. La deuda del Estado. Por Nora Lía Jabif - Redacción LA GACETA.

28 Junio 2008
Desde que, en la década de 1980, millones de argentinos se enamoraron de las playas brasileñas al ritmo del "déme dos" (la frontera tripartita era entonces una fiesta de electrodomésticos, de equipos musicales y de televisores de a pares), Brasil ha sido para el tucumano de clase media una postal marina perfecta, un destino turístico más o menos a la mano, según las fluctuaciones cambiarias de turno. Sin embargo, estas casi tres décadas de un intercambio turístico intenso no habían tenido hasta ahora un correlato en el ámbito cultural. Algo parecido sucede con los otros países de la región que participan del Mercosur: para el imaginario colectivo, Uruguay es un destino turístico selecto; Chile aparece como un país con playas frías a las que, sin embargo, se recurre cuando el cambio nos favorece, y Bolivia y Paraguay casi no figuran en las agendas de los operadores locales del negocio del ocio. Salta a la vista que hasta ahora los Estados de esta parte de la región no se han preocupado en profundizar ese nexo entre cultura y turismo que sí se explota - y cómo- en el continente europeo. Dice la antropología que la conjunción entre lo "turístico" y lo "cultural" implica crear espacios de interacción donde los turistas y las comunidades de origen puedan dialogar respecto de sus concepciones del mundo respectivas, sin perder de vista sus diferencias.
No obstante, así como falta macerar ese vínculo entre turismo y cultura, hay algunas señales auspiciosas de cambio, en lo que parece una concientización naciente de una pertenencia a un espacio latinoamericano (ese debate no es nuevo en la región, y vuelve de tanto en tanto, según los ciclos políticos). Hace un mes, una embajada de escritores del Estado de Bahía, al norte de Brasil, visitó Tucumán en el marco del Mayo de las Letras, que organizó el Ente Cultural de Tucumán. Así, los tucumanos pudieron enterarse de que la cultura bahiana es más que Jorge Amado y su clásico "Doña Flor y sus dos maridos", y que el exquisito movimiento del "tropicalismo", que integran Gilberto Gil y Caetano Veloso (entre otros) es "música para pocos" porque el pueblo bahiano baila axé, esa forma de lambada que ha popularizado el formato globalizado de "Bailando por un sueño". Esa experiencia continúa en un programa de intercambio entre Tucumán y Bahía.
La visita de la comitiva bahiana también ha servido para ratificar que la diferencia de idiomas (el portugués, en este caso) es una barrera cultural. Podría no haberlo sido. Pero, cuando el Gobierno provincial puso en marcha el artículo de la Ley Nacional Educativa que establece la instrucción plurilingüística, priorizó la enseñanza del inglés por sobre la de todas las demás lenguas extranjeras. Incluida la del vecino.
Pero el mapa de la región es mucho más vasto, como se ha visto. Y es el Estado provincial -más que el nacional- el que debe buscar sellar acciones cooperativas en el rubro cultural con los países vecinos. Sólo así se podrán acordar programas culturales por objetivos, y enriquecedores para las dos (o más) partes. Si en la Cumbre que se desarrolla en estos días en Tucumán no hay un capítulo específico para la cultura -como sí lo hay para el turismo- al menos está sembrada la semilla para reflexionar acerca de las identidades regionales, y para investigar si hay una identidad común en medio de esa aparente diversidad.

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