Cada joven tiene una historia de desilusión y sueña con un futuro sin preocupaciones

Muchos de los postulantes a la convocatoria de Wal Mart llevan meses desocupados. Quieren un empleo para ayudar a sus familias, pagarse estudios y asumir una vida independiente. Testimonios. Video.

EN PLENA ENTREVISTA. La recepción de currículums comenzó a las 8. LA GACETA / JOSE NUNO
EN PLENA ENTREVISTA. La recepción de currículums comenzó a las 8. LA GACETA / JOSE NUNO
09 Junio 2008
Sentada en el umbral de un almacén cercano al parque 9 de Julio, Eliana Medina frota su jean desgastado con manos huesudas. Su cuerpo parece no haberse enterado de los 21 años que declara: su frágil aspecto y su rostro aniñado la distinguen entre las cientos de personas que la rodean, en la fila que espera por entrar al hotel frente al paseo.

"¿Se nota que hace un día que no duermo?", se ruboriza la joven. No se nota. En algún minuto libre, entre las 22 de anoche y este mediodía, Eliana destapó una bolsita con maquillaje que llevó entre sus abrigos, y disfrazó los síntomas del desvelo con polvo rosa.

Medina llega a la convocatoria de Wal Mart con la esperanza de cumplir dos sueños: el de ayudar a su familia ("vivo con mis padres, mi hermana y mis sobrinos, pero la plata no alcanza", cuenta) y el de iniciar, por fin, la carrera que la seduce y que nunca pudo hacer por falta de dinero, Odontología ("y eso que rendí muy bien el ingreso", recuerda).

"Trabajo desde los 18 años y hace cuatro meses que quedé sin empleo, porque el dueño del drugstore en donde estaba no podía hacerme efectiva. Desde entonces, dejo currículums en todos lados, pero no tengo suerte. Es indignante, porque quiero tener mi plata y manejarme con lo propio, pero la calle está imposible", dice Eliana, y desvía la mirada hacia un árbol del parque, asustada por que las lágrimas no borren el polvo rosa.

Historias
Como la joven, cada una de las 5.000 personas que, entre ayer y hoy, atendieron al llamado del hipermercado, adivina en la solicitud que llenaron esta madrugada el pasaje para enterrar una historia laboral frustrada y comenzar un futuro sin preocupaciones.



Ante las consultas de LA GACETA.com, las frases se repitieron a borbotones: que el dinero no basta, que la búsqueda se hace insoportable cuando se extiende más de lo esperado, que desilusiona la poca demanda, incluso para quienes cuentan con estudios.

Hugo Posleman tiene 24 años y la sonrisa a mano. Llegó anoche, a las 23, con la esperanza de que esa sea una de sus últimas noches como desocupado. Pero no. "Hubo una corrida en la que muchos se colaron y perdí mi lugar. No conseguí número para ser entrevistado y sólo llené la solicitud para reemplazos. Es una gran decepción porque me desvelé para conseguir esto y, al menos, pretendía hablar con los entrevistadores, que me conozcan", lamenta.

A su lado, Ezequiel Cornejo, aporta su historia. Con 19 años, empezó a buscar empleo hace cinco meses, ni bien salió del secundario. Y sigue como en enero. "Mi papá está jubilado por invalidez y con el sueldo de mi mamá no alcanza para mantenernos. Hay que salir a hacer plata como sea, pero no es tan fácil como decirlo", señala.

Esperanzas
Natalia y su marido concurrieron juntos a la convocatoria. Con 31 años, están en la edad promedio de las miles de personas que se presentaron esta mañana. "Me sorprendió no tanto los jóvenes que vinieron, porque ellos son los más afectados, sino la gente grande. Eso da miedo, porque puede ser uno mismo, pero más adelante", opina.

Verónica Ortiz susurra que buscó trabajar "hasta de empleada doméstica". Abrigada sólo con una campera de jean ("cuando llegué, a las 20, estaba estrellado"), la mujer recuerda que dejó a sus dos hijos con las mismas esperanzas que ella por volver con un empleo fijo. "Me da lo mismo cualquier puesto. Estoy dispuesta a limpiar, a reponer mercadería, todo sea por estar ocupada", se ilusiona.

Carolina Barrionuevo, de 29 años, advierte que aspira a cualquier posición. "Estudié administración de empresas en un terciario, así que me gustaría que me empleen en la parte administrativa, que manejo muy bien. Esperaba llevarle la buena noticia a mis tres hijos, pero no llegué a conseguir entrevista. Estoy molesta, porque sé que soy capaz", manifiesta, antes de subir al baúl de un remis dos reposeras, una colcha y menos ilusiones de las que llevó. LA GACETA.com ©

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