Llegó el momento de profundizarlos cambios

Análisis. Por Jorge Figueroa -Redacción LA GACETA.

08 Junio 2008
El Julio Cultural es, seguramente, el encuentro artístico más relevante que tiene la provincia, y con los años se ha impuesto como una marca registrada por su multidisciplinariedad. Podría decirse que la fiesta le ha dado a los julios un tono distinto. Como lo admiten algunos de sus organizadores, en su nacimiento se planteó, objetivamente, como una alternativa al alicaído Setiembre Musical de entonces. Se sabe, la competencia cultural entre la UNT y la Provincia no es nueva, y se maneja al ritmo de las alianzas o adhesiones políticas de las autoridades de turno. Hoy se puede advertir que los programadores no se preocupan en disimular este hecho, puesto que no es raro que coincidan en un mismo fin de semana, recitales de las orquestas Sinfónica y Estable, por ejemplo. También debe haber estado presente este dato cuando el ex rector de la UNT, Mario Marigliano, aprobó rápidamente la propuesta.
En sus inicios la agenda tenía un carácter más “universitario”, pero con los años, una parte de la grilla se ha ido tercerizando y quedó a cargo de distintos productores independientes de la provincia. Es verdad que en su agenda no faltaron las manifestaciones arriesgadas, pero tal vez sea el momento de profundizar ese camino. La celebración de una década de esta verdadera fiesta cultural bien puede ser la oportunidad para que la UNT produzca aún más con sus propios recursos humanos, de los que no carece en los ámbitos de las letras, la música, las artes visuales y las escénicas. En la cultura y en el arte los que no arriesgan corren el peligro de anquilosarse.

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