El fenómeno de El Niño, que se intensifica desde hace semanas, alcanzó el nivel del episodio más fuerte en su registro histórico. Su epicentro está en el Pacífico tropical, pero sus consecuencias ya se proyectan sobre Tucumán: el pronóstico habla de un verano con lluvias superiores a las habituales en una provincia cuyos suelos llegan casi saturados. Zeke Hausfather, climatólogo y coautor de informes sobre el cambio climático para la ONU, señaló que la anomalía de la temperatura de la superficie del mar en el Pacífico tropical se sitúa ahora en 3,07ºC, lo cual la iguala con la de El Niño de 2015-2016. Todo indica que septiembre cerrará con las anomalías mensuales más altas de la serie histórica, salvo que ocurra algo muy inesperado en los próximos días.
El Niño es la fase cálida de un ciclo natural del Pacífico tropical. Ocurre cuando los vientos alisios se debilitan y las aguas cálidas acumuladas en el oeste del Pacífico se desplazan hacia el este y afloran. “Súper Niño” es la forma en que se denomina a los episodios de mayor intensidad, prolongados a lo largo del tiempo.
En el norte argentino las lluvias abundantes son normales en verano. Lo que complica este año el escenario es lo que pasó antes: entre junio y agosto, meses que suelen ser de sequía, cayeron precipitaciones inusuales. La tierra, entonces, ya está húmeda y absorbe menos. El mayor riesgo se ubica en el sudeste provincial, en localidades como Graneros y Simoca, hacia donde escurre el caudal de los ríos tucumanos. En la Capital, el aumento de la frecuencia e intensidad de las lluvias puede traducirse en caída de ramas y árboles por el viento y el suelo blando, e interrupciones momentáneas del tendido eléctrico, los semáforos y el transporte público. Las recomendaciones apuntan a la prevención doméstica, sobre todo en zonas propensas a inundarse.











