Parte la diligencia en 1857

Meditaciones en un viaje de Tucumán a Entre Ríos. Por Carlos Páez de la Torre (h) - Redacción LA GACETA.

LA DILIGENCIA. En esta documentada pintura de Léonie Matthis, se puede apreciar el aspecto de un carruaje de la Compañía Iniciadora, que unía las principales ciudades del país a mediados de siglo XIX.
"LA DILIGENCIA". En esta documentada pintura de Léonie Matthis, se puede apreciar el aspecto de un carruaje de la Compañía "Iniciadora", que unía las principales ciudades del país a mediados de siglo XIX.
06 Junio 2008
Trece años de edad tenía el futuro doctor Luis F. Aráoz (1844-1925), cuando partió en diligencia rumbo al Colegio de Concepción del Uruguay, en Entre Ríos. En esa época, allí se daba la mejor educación de la Confederación Argentina. En uno de sus artículos evocativos (compilados póstumamente en el libro "Del tiempo viejo"), Aráoz narraría los pensamientos que pasaban por su cabeza, cuando el carruaje empezaba a marchar.
"El coche tomó lo que es hoy calle 24 de Setiembre, siguiendo el camino a La Banda. Para dominar mi triste emoción, miraba sin cesar la evolución de sus ruedas; pero, a la vez, las iba sumando a la distancia que se acumulaba, sin consentir en el engaño aparente de la llanta que veía brillar siempre como si estuviera inmóvil", recordaba Aráoz. Se hacía el propósito de "volver pronto, con la carrera hecha, para corresponder a tanta ternura, tantos esfuerzos de los seres más queridos, y volver a la ciudad con mis ensueños convertidos todos en realidad".
Es claro, no calculaba las adversidades posteriores. Ellas "no se sospechan sino cuando se han alejado los años juveniles, llevándose las impresiones, sin cálculo, que tuvieron en la comarca del hogar, al amparo de los padres y la tutela de los maestros".
Tampoco podía imaginar la posterior "emancipación, con las responsabilidades de los actos propios", que nos aparta "de todo lo que fuera el encanto de la adolescencia", para obligarnos a navegar en otro mar. ?A veces con las olas tranquilas y otras "inclinado sobre el oleaje de vientos contrarios para llegar a su destino, o de arribada forzosa a puertos extraños".
Su hermano, el futuro célebre explorador del Chaco, Guillermo Aráoz, lo acompañó a caballo hasta La Banda. Cuando cruzaron el río Salí, "la galera quedó encajada en un pequeño pantano. Dos horas después, con la ayuda de dos yuntas de bueyes, pudo salir y seguir viaje".

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