25 Mayo 2008 Seguir en 
BUENOS AIRES.- Si usted esperaba encontrar en estas líneas una crítica al film estrenado hace unos días, le recomendamos dirigirse a la sección de espectáculos. De lo que se trata es de ahondar en algunas de las cifras que se manejan desde los despachos oficiales y que intentan mostrar a la sociedad una realidad distorsionada.
La distorsión de la realidad y de las estadísticas muestra que el Gobierno lidera un proyecto que conlleva falsificaciones de datos que van a provocar una parálisis en la actividad económica, en medio del rebrote inflacionario. Todo esto sin contar la “tarea” desempeñada por el monstruoso aparato propagandístico montado por el gobierno para “transformar” la realidad en los deseos de la Casa Rosada.
La polémica por los niveles de pobreza puso al descubierto la labor falsificadora oficial. Todo lo que se oponga a la visión oficial puede ser peligrosamente cierto para los intereses de la administración regente. Por lo tanto, habrá que negarlo y si no alcanza distorsionarlo. Pero si aun no resulta suficiente, se cambian los datos de la realidad.
Todo parte del cambio en los datos de precios. Los precios miden tanto la inflación, como el costo de la canasta básica que sirve para establecer la línea de pobreza. Pero también sirven de parámetro para calcular los datos del PBI. Al mismo tiempo, la evolución de los precios y del PBI son una cláusula de ajuste para los títulos de la deuda pública.
Esto revela el trasfondo de la estrategia oficial: los que se negaban a cambiar los datos de precios del Indec fueron desplazados y se falsificaron cifras y métodos. En el caso de la pobreza, se cambió la forma de medirla y como no ocurrió nunca se midió el indicador tomando como estudio un semestre distinto a las mediciones anteriores, de manera de no poder hacer homogéneos los datos con los períodos pasados. Se falsean datos o se falsea la realidad cuando se oculta la ola criminal que está azotando a la sociedad y se la macula bajo la imagen de “sensación” o cuando no se habla de la realidad que afecta a los argentinos, como la muerte por desnutrición de aborígenes, como la sequía en La Pampa, las inundaciones en Neuquén o se reinauguran fábricas y se ignora por completo a los inundados del Chaco.
Se falsea cuando se aumentan los impuestos a la producción so pretexto de ayudar a los sectores más necesitados y a los que menos tienen, y al mismo tiempo se alienta la especulación financiera, se falsea cuando se emite moneda espúrea o bien se piensa en un blanqueo de capitales fugados. Un gran desorden intelectual, cuanto menos, para no ahondar en algún factor psíquico. La falsificación de datos genera desconfianza y es uno de los peores elementos de evaluación para la comunidad de negocios. No es casual que no haya inversiones. No es casual que las calificadoras de riesgo ubiquen a la Argentina en los últimos escalones del ranking internacional y la comparen con los países de peores perfomances. Un símbolo de los tiempos que transcurren...
La distorsión de la realidad y de las estadísticas muestra que el Gobierno lidera un proyecto que conlleva falsificaciones de datos que van a provocar una parálisis en la actividad económica, en medio del rebrote inflacionario. Todo esto sin contar la “tarea” desempeñada por el monstruoso aparato propagandístico montado por el gobierno para “transformar” la realidad en los deseos de la Casa Rosada.
La polémica por los niveles de pobreza puso al descubierto la labor falsificadora oficial. Todo lo que se oponga a la visión oficial puede ser peligrosamente cierto para los intereses de la administración regente. Por lo tanto, habrá que negarlo y si no alcanza distorsionarlo. Pero si aun no resulta suficiente, se cambian los datos de la realidad.
Todo parte del cambio en los datos de precios. Los precios miden tanto la inflación, como el costo de la canasta básica que sirve para establecer la línea de pobreza. Pero también sirven de parámetro para calcular los datos del PBI. Al mismo tiempo, la evolución de los precios y del PBI son una cláusula de ajuste para los títulos de la deuda pública.
Esto revela el trasfondo de la estrategia oficial: los que se negaban a cambiar los datos de precios del Indec fueron desplazados y se falsificaron cifras y métodos. En el caso de la pobreza, se cambió la forma de medirla y como no ocurrió nunca se midió el indicador tomando como estudio un semestre distinto a las mediciones anteriores, de manera de no poder hacer homogéneos los datos con los períodos pasados. Se falsean datos o se falsea la realidad cuando se oculta la ola criminal que está azotando a la sociedad y se la macula bajo la imagen de “sensación” o cuando no se habla de la realidad que afecta a los argentinos, como la muerte por desnutrición de aborígenes, como la sequía en La Pampa, las inundaciones en Neuquén o se reinauguran fábricas y se ignora por completo a los inundados del Chaco.
Se falsea cuando se aumentan los impuestos a la producción so pretexto de ayudar a los sectores más necesitados y a los que menos tienen, y al mismo tiempo se alienta la especulación financiera, se falsea cuando se emite moneda espúrea o bien se piensa en un blanqueo de capitales fugados. Un gran desorden intelectual, cuanto menos, para no ahondar en algún factor psíquico. La falsificación de datos genera desconfianza y es uno de los peores elementos de evaluación para la comunidad de negocios. No es casual que no haya inversiones. No es casual que las calificadoras de riesgo ubiquen a la Argentina en los últimos escalones del ranking internacional y la comparen con los países de peores perfomances. Un símbolo de los tiempos que transcurren...







