"Se necesita atacar urgente a la inflación"

Según el economista de la Fundación Mediterránea, Nadin Argañaraz, el Gobierno debe aplicar recetas integrales de largo plazo para bajar las expectativas inflacionarias, más allá de un arreglo con los productores agropecuarios. El experto vaticina un escenario complicado para las finanzas públicas de las provincias.

25 Mayo 2008
El primer cuatrimestre del año cerró con una ecuación complicada, difícil de sostener en el tiempo, para las finanzas públicas nacionales. El comportamiento de las variables fiscales giró en torno a más presión tributaria, más gasto público y más superávit. Lo primero significa todo un desafío para la gestión de la presidenta Cristina Fernández de Kirchner, sobre todo si se toma en cuenta la discusión en el campo por la vigencia de las retenciones móviles. Lo segundo, el gasto, es más complicado: creció un 38% respecto del año pasado. El aumento del ahorro fiscal es casi una necesidad para el Gobierno nacional. Este escenario fue planteado por Nadin Argañaraz, director de investigación del Instituto para el Estudio de la Realidad Argentina y Latinoamericana (Ieral) de la Fundación Mediterránea. En una charla con LA GACETA, el economista cordobés sugirió al Gobierno no perder de vista su lucha contra la inflación y que las medidas que se adopten deben ser de largo plazo.

-¿Cómo puede sostenerse el escenario fiscal que plantea sobre las cuentas nacionales?
-La presión tributaria viene creciendo de una manera constante en los últimos años. Y creo que sostenerla requiere de un esfuerzo importante por parte del Gobierno en la medida que la economía vaya desacelerándose a una tasa inferior al del crecimiento de los últimos años. Esto para nada resulta algo dramático, sino como algo natural. Pero aún hay que ver cómo termina la cuestión de las retenciones móviles. Claramente en un contexto de soluciones rápidas y sostenibles al conflicto con el campo contribuirá a mejorar las expectativas y, por ende, a que la economía no se desacelere tanto. La resolución del conflicto con el campo puede ser positiva pero no solucionará el problema de la inflación en la Argentina.

-¿Qué es lo que debería hacer el Gobierno para encontrarle la vuelta a la inflación?
-A mi criterio, es necesario que instrumente, de manera integral, un ataque a la inflación. Tenemos por un lado el gasto público que, por distintos motivos, sigue incrementándose y, por ende, la participación del Gobierno en la economía. Lo que uno observa, además, es que el aumento de la presión tributaria es tan importante que hasta permite financiar el aumento del gasto y obtener un mayor nivel de ahorro fiscal. Según mis cálculos, en el primer cuatrimestre, el ahorro fue equivalente a 3,8% del Producto Interno Bruto (PIB), lo que de alguna manera marca una señal de capacidad de pago. Por eso es necesario sostenerlo, con políticas conjuntas por el lado del gasto y de los ingresos.

-¿Qué medidas se pueden tomar por el lado del gasto público?
-No sé si bajarlo, pero simplemente moderando el crecimiento del gasto público puede ser una salida, aunque sosteniendo aquellos que son socialmente importantes. El gasto viene creciendo por encima del Producto Bruto y, como decía, eso hace que el Estado tenga mayor participación en la economía.

-El Gobierno está obsesionado por acrecentar el superávit, ya que los compromisos por la deuda externa están por encima de los niveles de 2001...
-Hay que focalizar la atención en los servicios de la deuda, es decir, cuánto necesita el Estado de su economía para poder cancelar los vencimientos anuales. La Argentina tiene servicios de la deuda que representan el 4,7% del Producto Bruto para los próximos años. Por eso sostengo que es importante alcanzar superávit fiscal elevado, ya que en el mercado financiero internacional no es tan simple endeudarse a tasas bajas para cualquier país. Y con el riesgo país que tiene la Argentina no podrá hacerlo o hacerse de créditos fácilmente.

-¿Cómo se pueden bajar las expectativas inflacionarias?
-Claramente, lo que se requiere es una señal contundente para mostrar que la inflación en la Argentina puede bajar a niveles razonables para el desenvolvimiento económico. Esto es a una tasa de entre el 8% y el 10%, tomando en cuenta algunos indicadores de inflación privada que están por encima de los niveles oficiales. No se puede bajar la inflación en un mes. Es algo que el Gobierno debe replantearse con metas cumplibles, a través de instrumentos que marquen una convergencia a índices de inflación más bajos a lo largo de los próximos años.

-¿Hay que pensar la inflación en el largo plazo?
-Al menos a uno o dos años. De esa manera se reacomodarán las expectativas del consumidor y posibilitará una reducción de la tasa real de inflación. El peor escenario para la economía es tener expectativas altas de inflación, porque cualquier ruido impacta mucho. Por eso es necesario una señal oficial clara sobre el horizonte económico con objetivos a 2009 y a 2010.

-¿Las intervenciones del Banco Central en el mercado sirven para combatir esa sensación de corrida y refugio de los ahorros hacia el dólar?
-El nivel de reservas internacionales que tiene el Banco Central es importante, en términos de cantidad de dinero de la base monetaria para la economía. Por ende, el Central tiene que hacer todo lo posible, con medidas a su alcance, para disminuir las expectativas de corridas y las inflacionarias. Insisto: la clave pasa por una acción integral, porque no se puede dejar que la solución pase sólo por las manos del Banco Central o de la política de ingresos o de la política de gastos. Todo tiene que estar relacionado para atacar conjuntamente el principal problema que tiene el país: la inflación.

-¿Cuáles pueden ser esas recetas?
-La acción coordinada con medidas de política económica que tiendan a disminuir las expectativas y empezar a converger hacia una tasa de inflación que no comprometa a la economía. Si se posibilitan aumentos salariales del 50%, estás alimentando expectativas inflacionarias. La emisión monetaria para comprar dólares que entran en la balanza comercial también tiende a eso. Lo ideal es que esos dólares se compren con superávit fiscal y no se tenga que emitir tanto dinero para comprar dólares.

-¿En este contexto económico, qué puede suceder con las finanzas de las provincias?
-Hay provincias que ya proyectan cerrar este ejercicio fiscal con déficit. Ese es el caso de Buenos Aires. En los distritos provinciales, la recuperación del gasto público, más que el nivel de incremento, está volviendo a ponerlos en una situación que, en el mejor de los casos, puede llamarse equilibrio o mínimo superávit fiscal. Pero el déficit está latente, como en el caso Buenos Aires. Y esto, a diferencia de lo que sucede con las cuentas nacionales, se debe a que las provincias no han creado nuevos impuestos. A lo sumo se incrementaron los existentes que mejoraron los niveles de recaudación provincial y de ingresos por coparticipación federal de impuestos. Los aumentos del gasto salarial son una prueba de la recuperación del nivel de erogaciones en términos de Producto Bruto. Y en esto volvemos a un viejo planteo. La Argentina se debe una discusión del nuevo régimen de distribución de recursos coparticipables. Un debate de fondo y central, como parte de la política de cualquier país federal. La distribución de los fondos coparticipables es sumamente relevante en estos tiempos. La Argentina necesita de eso, más allá de los incumplimientos a las cláusulas constitucionales, y de la mora que viene desde 1996 para discutir el nuevo régimen. De esta manera, se podrá definir la situación fiscal de las provincias hacia el futuro.

-¿Ese escenario de discusión del nuevo régimen de coparticipación está dado?
-Se está planteando a partir de la diferencias de ingresos que existen entre las provincias con la Nación. En esto debo remarcar que cada provincia tiene tres senadores en la Cámara Alta y ellos son los que deberían llevar la voz de cada distrito. Ese el ámbito donde las provincias están en igualdad de condiciones para la discusión de un tema tan sensible como la nueva distribución de los fondos coparticipables. No hay que perder de vista esto y, tarde o temprano, el tema formará parte de la agenda nacional.

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