06 Mayo 2008 Seguir en 
VIENA, Austria.- Una semana después de que se conocieran los horrores cometidos por Josef Fritzl, el "carcelero" de Amstetten, la Policía confirmó algunos detalles del zótano donde el hombre mantuvo secuestrada durante 24 años a su hija Elisabeth y a tres de los hijos/nietos que tuvo con ella.
El responsable de los servicios criminales de Baja Austria, Franz Polzer, informó de que el zulo tenía una segunda puerta de acceso que al parecer no fue utilizada por el acusado, de 73 años. La cárcel contaba con ocho puertas, todas ellas cerradas con cal, incluido un sistema electrónico.
El ingeniero jubilado inició la construcción del sótano en el año 1978 y lo terminó en 1983. La principal habitación subterránea -en la que Elisabeth estuvo recluida durante los primeros nueve años de su calvario- tenía 35 metros cuadrados. En 1993, y tras el nacimiento del cuarto hijo fruto de las relaciones incestuosas, Fritzl amplió el escondite hasta unos 55 metros cuadrados.
Se supo, también, que el septuagenario colocó una lámpara ultravioleta para compensar la falta de luz natural en el zulo. Mientras tanto, las víctimas de Fritzl están comenzando a conocerse y a aclimatarse a la vida normal, aunque la adaptación de quienes vivían en el subsuelo es más lenta, explicó hoy el médico responsable de su recuperación, Berthold Kepplinger.
En la conferencia de prensa diaria sobre el caso, Kepplinger explicó que las personas que estuvieron cautivas ya no reaccionan con tanta sensibilidad ante la luz, y que mejoran además su orientación espacial. "El que más progresos hace es el menor, de sólo cinco años", expresó el facultativo.
Mientras tanto, la hija mayor de Elisabeth, Kerstin, de 19 años, está mejor de salud, aunque continúa en coma artificial en el hospital al que fue llevada el pasado 19 de abril, al borde de la muerte. Elisabeth estuvo atrapada durante casi un cuarto de siglo en el sótano de la casa familiar, donde fue violada sistemáticamente por el padre, con el que tuvo siete hijos nacidos en condiciones infrahumanas.
La suerte que corrieron los niños fue dispar, puesto que Fritzl subió del zulo a tres bebés de pocos meses en los años 1993, 1994 y 1997, alegando ante su familia que la hija (supuestamente desaparecida en una secta) los había depositado delante de la puerta.
Y mientras que tres menores disfrutaron de una educación ejemplar, los otros hermanos malvivieron en el calabozo. El séptimo niño murió poco después de su nacimiento, y el septuagenario confesó que quemó su cuerpo en el horno de la vivienda. (AFP-NA-DPA-Especial-Reuters)
El responsable de los servicios criminales de Baja Austria, Franz Polzer, informó de que el zulo tenía una segunda puerta de acceso que al parecer no fue utilizada por el acusado, de 73 años. La cárcel contaba con ocho puertas, todas ellas cerradas con cal, incluido un sistema electrónico.
El ingeniero jubilado inició la construcción del sótano en el año 1978 y lo terminó en 1983. La principal habitación subterránea -en la que Elisabeth estuvo recluida durante los primeros nueve años de su calvario- tenía 35 metros cuadrados. En 1993, y tras el nacimiento del cuarto hijo fruto de las relaciones incestuosas, Fritzl amplió el escondite hasta unos 55 metros cuadrados.
Se supo, también, que el septuagenario colocó una lámpara ultravioleta para compensar la falta de luz natural en el zulo. Mientras tanto, las víctimas de Fritzl están comenzando a conocerse y a aclimatarse a la vida normal, aunque la adaptación de quienes vivían en el subsuelo es más lenta, explicó hoy el médico responsable de su recuperación, Berthold Kepplinger.
En la conferencia de prensa diaria sobre el caso, Kepplinger explicó que las personas que estuvieron cautivas ya no reaccionan con tanta sensibilidad ante la luz, y que mejoran además su orientación espacial. "El que más progresos hace es el menor, de sólo cinco años", expresó el facultativo.
Mientras tanto, la hija mayor de Elisabeth, Kerstin, de 19 años, está mejor de salud, aunque continúa en coma artificial en el hospital al que fue llevada el pasado 19 de abril, al borde de la muerte. Elisabeth estuvo atrapada durante casi un cuarto de siglo en el sótano de la casa familiar, donde fue violada sistemáticamente por el padre, con el que tuvo siete hijos nacidos en condiciones infrahumanas.
La suerte que corrieron los niños fue dispar, puesto que Fritzl subió del zulo a tres bebés de pocos meses en los años 1993, 1994 y 1997, alegando ante su familia que la hija (supuestamente desaparecida en una secta) los había depositado delante de la puerta.
Y mientras que tres menores disfrutaron de una educación ejemplar, los otros hermanos malvivieron en el calabozo. El séptimo niño murió poco después de su nacimiento, y el septuagenario confesó que quemó su cuerpo en el horno de la vivienda. (AFP-NA-DPA-Especial-Reuters)
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