04 Mayo 2008 Seguir en 
LONDRES.- Como resultado de las últimas elecciones municipales en Inglaterra y Gales, en las que los laboristas sufrieron la peor derrota en décadas, Londres despertó ayer con un nuevo alcalde: el conservador Alexander Boris de Pfeffel Johnson. Calificado muchas veces como un bufón, este excéntrico ex periodista de 43 años, diputado por un pequeño distrito de la capital desde 2001, asumirá formalmente la alcaldía de Londres a partir de mañana.
Llega así a su fin al reinado del laborista Ken Livingstone, de 63 años, que nació y creció en un barrio pobre y que fue alcalde durante ocho años.
El triunfo de Johnson se debió al voto de los londinenses de los suburbios, como también a una millonaria campaña en la que se presentó como el candidato del cambio y al fuerte apoyo del diario “Evening Standard”, del magnate Rupert Murdoch. “La última carcajada de Boris”, escribió en su primera plana un diario británico en referencia al flamante alcalde, más conocido por sus chistes, por su mechón casi albino, sus líos de faldas y sus metidas de pata que por sus propuestas políticas.
Chistoso irrefrenable
Ayer, en un discurso tras la ceremonia en la que aceptó la alcaldía, no pudo refrenarse de hacer algunos chistes, como es su costumbre, al advertir a aquellos que no colaboren con él que va a “hacerles una eutanasia”. Johnson manejará un presupuesto de U$S 22.000 millones, que cubren el transporte público, la policía y los servicios de bomberos en una ciudad de 7,5 millones de habitantes. Asimismo, será responsable de promover políticas sobre vivienda, medio ambiente y economía en el mayor centro financiero de Europa. Y desde ahora se encargará de los preparativos con vistas a los Juegos Olímpicos de Beijing de agosto. Ayer mismo anunció, entre otras medidas, reformas en el peaje urbano introducido por Livingstone para aliviar el tráfico en el centro de la ciudad.
Mientras tanto, los laboristas evalúan su estrategia como partido de gobierno y tercera fuerza política tras la “matanza del primero de mayo”, como bautizó la prensa británica a los comicios. Según observadores, los votantes le pasaron factura al primer ministro, Gordon Brown, y a los laboristas, por una serie de medidas impopulares que golpean a los de menos recursos, en momentos en que suben los precios de los alimentos, de la energía y de los combustibles. Brown había encendido la esperanza de grandes cambios en junio, cuando reemplazó a Tony Blair.
Por su parte, con el 44% de los votos a favor y la conquista de Londres, el Partido Conservador de David Cameron encara con grandes posibilidades de éxito las próximas elecciones generales, previstas como máximo para 2010. (AFP-NA)
Llega así a su fin al reinado del laborista Ken Livingstone, de 63 años, que nació y creció en un barrio pobre y que fue alcalde durante ocho años.
El triunfo de Johnson se debió al voto de los londinenses de los suburbios, como también a una millonaria campaña en la que se presentó como el candidato del cambio y al fuerte apoyo del diario “Evening Standard”, del magnate Rupert Murdoch. “La última carcajada de Boris”, escribió en su primera plana un diario británico en referencia al flamante alcalde, más conocido por sus chistes, por su mechón casi albino, sus líos de faldas y sus metidas de pata que por sus propuestas políticas.
Chistoso irrefrenable
Ayer, en un discurso tras la ceremonia en la que aceptó la alcaldía, no pudo refrenarse de hacer algunos chistes, como es su costumbre, al advertir a aquellos que no colaboren con él que va a “hacerles una eutanasia”. Johnson manejará un presupuesto de U$S 22.000 millones, que cubren el transporte público, la policía y los servicios de bomberos en una ciudad de 7,5 millones de habitantes. Asimismo, será responsable de promover políticas sobre vivienda, medio ambiente y economía en el mayor centro financiero de Europa. Y desde ahora se encargará de los preparativos con vistas a los Juegos Olímpicos de Beijing de agosto. Ayer mismo anunció, entre otras medidas, reformas en el peaje urbano introducido por Livingstone para aliviar el tráfico en el centro de la ciudad.
Mientras tanto, los laboristas evalúan su estrategia como partido de gobierno y tercera fuerza política tras la “matanza del primero de mayo”, como bautizó la prensa británica a los comicios. Según observadores, los votantes le pasaron factura al primer ministro, Gordon Brown, y a los laboristas, por una serie de medidas impopulares que golpean a los de menos recursos, en momentos en que suben los precios de los alimentos, de la energía y de los combustibles. Brown había encendido la esperanza de grandes cambios en junio, cuando reemplazó a Tony Blair.
Por su parte, con el 44% de los votos a favor y la conquista de Londres, el Partido Conservador de David Cameron encara con grandes posibilidades de éxito las próximas elecciones generales, previstas como máximo para 2010. (AFP-NA)
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