16 Diciembre 2002 Seguir en 
Por $ 1,50, Horacio y Ezequiel chatean (hablan por Internet) durante una hora en el cibercafé del barrio. "Tengo computadora, pero mis padres no pueden pagar Internet así que vengo acá", comenta Horacio, de 17 años. Añade que, incluso, por unas pocas monedas (porque el pago es fraccionado) pueden conseguir datos y monografías para la escuela.
Esta es una realidad que se multiplica en la provincia. Los adolescentes ya incorporaron el lenguaje cibernético y no pueden quedarse fuera de la red de redes. Es casi instintivo.Pero tampoco los profesionales pueden prescindir de Internet como herramienta de trabajo. Ni los estudiantes universitarios. Ni los empresarios. Ni siquiera un ama de casa, ya mayor, que no sabe de computación pero tiene hijos y/o nietos en el exterior que le envían e-mails (correos electrónicos).
"Los cibercafés están reemplazando a las bibliotecas públicas", afirmó Rubén Darío Gómez, dueño de uno de los primeros negocios del rubro en Tucumán.
Esa creciente demanda fue aprovechada por una gran cantidad de emprendedores. Aunque no hay un registro oficial, los comerciantes del rubro estiman en unos 200 locales los cibercafés de la capital.
La inversión que requiere abrir un negocio de este tipo no es tan grande. Una buena PC cuesta unos $3.500. Con tres máquinas se puede comenzar bien. Los gastos fijos contemplan el pago al servidor (empresa que brinda el acceso a Internet), que ronda los $160 hasta 10 máquinas, el alquiler del local, gastos de electricidad e impuestos.
Quienes tenían algún dinero reunido o cerraron otro tipo de negocio que no prosperaba, vieron la posibilidad de innovar con este nuevo rubro. Otros, adaptándose a la crisis económica que sobrevino tras la devaluación, y que se dedicaban a vender computadoras y accesorios, cerraron y usaron sus insumos para abrir un ciber. Los precios dolarizados de todo lo que hace a la informática redujo las ventas de manera drástica.
La recesión económica ha influido en el aumento de la demanda de este tipo de negocios. Acceder a Internet desde la casa es un poco más caro. Especialmente, porque no se tiene el control que sí se logra cuando hay que pagar cada vez que se usa el servicio.
Cumpleaños en la red
"Acá atendemos las 24 horas, y todo el tiempo las 18 máquinas están ocupadas. En horario comercial vienen muchos estudiantes y profesionales. Por ejemplo, abogados que quieren buscar una ley, y es más fácil entrar a un buscador de Internet que consultar los libros", contó Alejandro Martino, encargado de un cibercafé del microcentro.
La clientela cambia el fin de semana. Sábados y domingos son los días elegidos para chatear o enviar e-mails a los parientes en el exterior. "Una vez vino una familia completa con una torta. El hijo del matrimonio vive en Estados Unidos; entonces los padres, hermanos, sobrinos y primos se comunicaron con él y le cantaron el Cumpleaños feliz mientras le mostraban la torta. Fue muy emocionante", recordó Alejandro. En este negocio, las PC están provistas de cámara, micrófonos y auriculares de manera que, usando el programa adecuado, además de hablar a la distancia, los interlocutores pueden verse.
En los locutorios y telecentros donde sólo hay una o dos máquinas disponibles, el público es distinto. "La gente viene casi exclusivamente por trabajo. Leen sus casillas de correo, entran a alguna página ya determinada o buscan una información precisa. Están poco tiempo. Cobramos 5 centavos el minuto pero fraccionamos por minuto de manera que el cliente paga solamente el tiempo que usó la red", indicó la empresaria Silvia Rojkés. Dijo que las impresiones cuestan 50 centavos la hoja, pero se hacen rebajas por cantidad.
El público y los ritmos cambian en los ciber de barrio. Alejandro Simonetti, quien tiene su local en el barrio Kennedy, comentó: "aquí el horario pico es por la noche. A veces nos quedamos hasta las 5 de la mañana porque hay algunos que están chateando".
Simonetti explicó que tiene clientes mayores que van a buscar información o a intercambiar correos electrónicos. Pero la mayoría de su público son chicos y adolescentes. Los primeros van atraídos por los juegos electrónicos. Los segundos también juegan, abren sus casillas de correo o buscan información pero la principal actividad es el chat.
Cuando se le preguntó cómo controlan el acceso a las páginas pornográficas, Simonetti indicó que a los menores se los observa. "Nos acercamos para a ver qué hacen, pero con a los mayores no podemos decirles nada. Tienen privacidad", afirmó. Gómez, el dueño del ciber del centro, dijo que no tiene ese problema. "Mis clientes vienen por cuestiones prácticas; no buscan esas páginas; no entran en ese tipo de páginas", aseguró.
Pocos usuarios abonarían por acceder a la información
Según un informe de la consultora Carrier y Asociados, sólo el 1% de los usuarios argentinos estaría dispuesto a pagar por leer los diarios en sus versiones electrónicas. La cifra sorprende teniendo en cuenta que el 66% de los usuarios consume noticias a través de Internet (on line). Muchos se preguntan por qué si la radio y la TV logran ganar dinero sin cobrar a los usuarios, los medios on line deben cobrar. Quizás porque en realidad se está migrando de soporte a un contenido que no difiere demasiado del encontrado en el papel, convirtiéndose este último en sustituto directo. Evidentemente, aún no se encontró el modelo, porque esta discusión se está dando en todo el mundo.
PISTAS SEGURAS
¿Se puede usar Internet sin saber sobre computación?
Sí. En todos los locales hay alguna persona que orienta al cliente. En los ciber grandes, hay un instructor disponible todo el tiempo. En los más chicos, suelen ser los propios dueños los que asisten a las personas que tienen dificultades. Les enseñan a manejar la máquina y a conseguir el servicio o la información que iban a buscar.
¿Para qué puede servir usar la red en un cibercafé?
Se puede tener una casilla de correo gratuita, para recibir y enviar. Se puede acceder a todo tipo de información (noticias, académicas, profesionales, etc) usando los programas de búsqueda. También es posible hacer llamadas internacionales -mediante diferentes programas que suelen tener los ciber en las máquinas- pagando el costo del uso del servicio y nada más.
¿Se pueden bajar música o programas informáticos?
Sí. El tema en estos casos es el costo. Bajar (grabar desde la red al disco rígido de la PC, para luego trasladarlo a un CD) música o programas puede llegar a ser muy lento. La demora va desde una hora a más de diez. Todo depende del servidor del ciber, del sitio al que se ingrese y del tipo de programa que se quiera bajar. En el caso de los juegos puede ser más conveniente comprar el CD.
¿Conviene más un cibercafé o un locutorio?
Depende del interés. Si se necesita realizar un trámite rápido, como mandar o leer correo o entrar a una página que ya se conoce para buscar una información precisa, conviene un locutorio donde se paga por minuto. Si en cambio hay que buscar información de la cual no se tiene tanta precisión o es de diversas materias, es mejor un cibercafé, donde hay otros servicios.
¿Qué es lo que el cliente tiene que pagar?
Sólo se paga por la navegación en Internet o por impresiones que se quieran hacer. En el primer caso, hay locales que cobran por la hora completa. Otros fraccionan de diferentes maneras: cada media hora, cada 10 minutos o por minuto.
Esta es una realidad que se multiplica en la provincia. Los adolescentes ya incorporaron el lenguaje cibernético y no pueden quedarse fuera de la red de redes. Es casi instintivo.Pero tampoco los profesionales pueden prescindir de Internet como herramienta de trabajo. Ni los estudiantes universitarios. Ni los empresarios. Ni siquiera un ama de casa, ya mayor, que no sabe de computación pero tiene hijos y/o nietos en el exterior que le envían e-mails (correos electrónicos).
"Los cibercafés están reemplazando a las bibliotecas públicas", afirmó Rubén Darío Gómez, dueño de uno de los primeros negocios del rubro en Tucumán.
Esa creciente demanda fue aprovechada por una gran cantidad de emprendedores. Aunque no hay un registro oficial, los comerciantes del rubro estiman en unos 200 locales los cibercafés de la capital.
La inversión que requiere abrir un negocio de este tipo no es tan grande. Una buena PC cuesta unos $3.500. Con tres máquinas se puede comenzar bien. Los gastos fijos contemplan el pago al servidor (empresa que brinda el acceso a Internet), que ronda los $160 hasta 10 máquinas, el alquiler del local, gastos de electricidad e impuestos.
Quienes tenían algún dinero reunido o cerraron otro tipo de negocio que no prosperaba, vieron la posibilidad de innovar con este nuevo rubro. Otros, adaptándose a la crisis económica que sobrevino tras la devaluación, y que se dedicaban a vender computadoras y accesorios, cerraron y usaron sus insumos para abrir un ciber. Los precios dolarizados de todo lo que hace a la informática redujo las ventas de manera drástica.
La recesión económica ha influido en el aumento de la demanda de este tipo de negocios. Acceder a Internet desde la casa es un poco más caro. Especialmente, porque no se tiene el control que sí se logra cuando hay que pagar cada vez que se usa el servicio.
Cumpleaños en la red
"Acá atendemos las 24 horas, y todo el tiempo las 18 máquinas están ocupadas. En horario comercial vienen muchos estudiantes y profesionales. Por ejemplo, abogados que quieren buscar una ley, y es más fácil entrar a un buscador de Internet que consultar los libros", contó Alejandro Martino, encargado de un cibercafé del microcentro.
La clientela cambia el fin de semana. Sábados y domingos son los días elegidos para chatear o enviar e-mails a los parientes en el exterior. "Una vez vino una familia completa con una torta. El hijo del matrimonio vive en Estados Unidos; entonces los padres, hermanos, sobrinos y primos se comunicaron con él y le cantaron el Cumpleaños feliz mientras le mostraban la torta. Fue muy emocionante", recordó Alejandro. En este negocio, las PC están provistas de cámara, micrófonos y auriculares de manera que, usando el programa adecuado, además de hablar a la distancia, los interlocutores pueden verse.
En los locutorios y telecentros donde sólo hay una o dos máquinas disponibles, el público es distinto. "La gente viene casi exclusivamente por trabajo. Leen sus casillas de correo, entran a alguna página ya determinada o buscan una información precisa. Están poco tiempo. Cobramos 5 centavos el minuto pero fraccionamos por minuto de manera que el cliente paga solamente el tiempo que usó la red", indicó la empresaria Silvia Rojkés. Dijo que las impresiones cuestan 50 centavos la hoja, pero se hacen rebajas por cantidad.
El público y los ritmos cambian en los ciber de barrio. Alejandro Simonetti, quien tiene su local en el barrio Kennedy, comentó: "aquí el horario pico es por la noche. A veces nos quedamos hasta las 5 de la mañana porque hay algunos que están chateando".
Simonetti explicó que tiene clientes mayores que van a buscar información o a intercambiar correos electrónicos. Pero la mayoría de su público son chicos y adolescentes. Los primeros van atraídos por los juegos electrónicos. Los segundos también juegan, abren sus casillas de correo o buscan información pero la principal actividad es el chat.
Cuando se le preguntó cómo controlan el acceso a las páginas pornográficas, Simonetti indicó que a los menores se los observa. "Nos acercamos para a ver qué hacen, pero con a los mayores no podemos decirles nada. Tienen privacidad", afirmó. Gómez, el dueño del ciber del centro, dijo que no tiene ese problema. "Mis clientes vienen por cuestiones prácticas; no buscan esas páginas; no entran en ese tipo de páginas", aseguró.
Pocos usuarios abonarían por acceder a la información
Según un informe de la consultora Carrier y Asociados, sólo el 1% de los usuarios argentinos estaría dispuesto a pagar por leer los diarios en sus versiones electrónicas. La cifra sorprende teniendo en cuenta que el 66% de los usuarios consume noticias a través de Internet (on line). Muchos se preguntan por qué si la radio y la TV logran ganar dinero sin cobrar a los usuarios, los medios on line deben cobrar. Quizás porque en realidad se está migrando de soporte a un contenido que no difiere demasiado del encontrado en el papel, convirtiéndose este último en sustituto directo. Evidentemente, aún no se encontró el modelo, porque esta discusión se está dando en todo el mundo.
PISTAS SEGURAS
¿Se puede usar Internet sin saber sobre computación?
Sí. En todos los locales hay alguna persona que orienta al cliente. En los ciber grandes, hay un instructor disponible todo el tiempo. En los más chicos, suelen ser los propios dueños los que asisten a las personas que tienen dificultades. Les enseñan a manejar la máquina y a conseguir el servicio o la información que iban a buscar.
¿Para qué puede servir usar la red en un cibercafé?
Se puede tener una casilla de correo gratuita, para recibir y enviar. Se puede acceder a todo tipo de información (noticias, académicas, profesionales, etc) usando los programas de búsqueda. También es posible hacer llamadas internacionales -mediante diferentes programas que suelen tener los ciber en las máquinas- pagando el costo del uso del servicio y nada más.
¿Se pueden bajar música o programas informáticos?
Sí. El tema en estos casos es el costo. Bajar (grabar desde la red al disco rígido de la PC, para luego trasladarlo a un CD) música o programas puede llegar a ser muy lento. La demora va desde una hora a más de diez. Todo depende del servidor del ciber, del sitio al que se ingrese y del tipo de programa que se quiera bajar. En el caso de los juegos puede ser más conveniente comprar el CD.
¿Conviene más un cibercafé o un locutorio?
Depende del interés. Si se necesita realizar un trámite rápido, como mandar o leer correo o entrar a una página que ya se conoce para buscar una información precisa, conviene un locutorio donde se paga por minuto. Si en cambio hay que buscar información de la cual no se tiene tanta precisión o es de diversas materias, es mejor un cibercafé, donde hay otros servicios.
¿Qué es lo que el cliente tiene que pagar?
Sólo se paga por la navegación en Internet o por impresiones que se quieran hacer. En el primer caso, hay locales que cobran por la hora completa. Otros fraccionan de diferentes maneras: cada media hora, cada 10 minutos o por minuto.







