Periodistas pudieron reportar denuncias de monjes budistas

Un esfuerzo del gobierno chino para neutralizar las críticas terminó en forma abrupta. Entrevista en la plaza de Lhasa, capital de Tíbet. Templo despejado. Llanto ante las cámaras. Se desconoce el desenlace

DESESPERACION. Uno de los monjes describe la situación que viven como consecuencia de la represión. REUTERS / IMAGEN DE TV
DESESPERACION. Uno de los monjes describe la situación que viven como consecuencia de la represión. REUTERS / IMAGEN DE TV
28 Marzo 2008
WAS­HING­TON.- Un gru­po de mon­jes en Lha­sa, la ca­pi­tal ti­be­ta­na, rea­li­zó ayer una nue­va pro­tes­ta con­tra el do­mi­nio chi­no so­bre es­ta re­gión del Hi­ma­la­ya an­te un gru­po de pe­rio­dis­tas ex­tran­je­ros que fue­ron au­to­ri­za­dos a in­gre­sar en la zo­na. Unos 30 mon­jes apro­ve­cha­ron la vi­si­ta au­to­ri­za­da por el go­bier­no chi­no de 26 co­rres­pon­sa­les y rea­li­za­ron la ma­ni­fes­ta­ción en la pla­za don­de es­tá el tem­plo de Jok­hang, en el co­ra­zón de Lha­sa.
“¡El Tí­bet no es li­bre!”, gri­ta­ba un jo­ven mon­je que lue­go rom­pió en llan­to an­te las cá­ma­ras de la ca­de­na bri­tá­ni­ca BBC. El gru­po de­nun­ció que las tro­pas chi­nas, que vi­gi­lan el tem­plo des­de el 14, cuan­do es­ta­lla­ron los dis­tur­bios, se re­ti­ra­ron mi­nu­tos an­tes de la lle­ga­da de los re­por­te­ros. “Ellos só­lo los en­ga­ñan, les mien­ten”, gri­ta­ban. Los pe­rio­dis­tas es­ta­ban acom­pa­ña­dos de cer­ca por fun­cio­na­rios chi­nos. Se­gún tes­ti­gos, los agen­tes re­ti­ra­ron abrup­ta­men­te a los co­rres­pon­sa­les del lu­gar. No se sa­be qué ocu­rrió pos­te­rior­men­te.

“Per­tur­ba­do­res”
En tan­to, la agen­cia ofi­cial chi­na Xin­hua in­for­mó bre­ve­men­te so­bre el he­cho y só­lo men­cio­nó que un pe­que­ño gru­po de mon­jes ha­bía per­tur­ba­do la vi­si­ta de los re­por­te­ros, mien­tras el Mi­nis­te­rio del Ex­te­rior en Bei­jing no co­men­tó la pro­tes­ta. Es­ta vi­si­ta cons­ti­tu­ye uno de los in­ten­tos del go­bier­no chi­no de neu­tra­li­zar la ola de crí­ti­cas so­bre la vio­len­ta re­pre­sión a las pro­tes­tas de los mon­jes, y an­te la im­po­si­bi­li­dad de los re­por­te­ros de ac­ce­der a las zo­nas del Tí­bet don­de se pro­du­cen dis­tur­bios.
El último in­ci­den­te en Lhasa se su­ma a la se­rie de ma­ni­fes­ta­cio­nes que des­de el 10 de es­te mes se rea­li­zan en pro­tes­ta con­tra el con­trol chi­no del Tí­bet y que se tor­na­ron ca­da vez más vio­len­tas y fue­ron du­ra­men­te re­pri­mi­das. Bei­jing ase­gu­ra que 22 per­so­nas mu­rie­ron en los dis­tur­bios, mien­tras el go­bier­no ti­be­ta­no en el exi­lio que li­de­ra el Da­lai La­ma ase­gu­ra que las víc­ti­mas son más de 100. Chi­na acu­sa al lí­der es­pi­ri­tual ti­be­ta­no de or­ques­tar los dis­tur­bios pa­ra em­pa­ñar los Jue­gos Olím­pi­cos de agos­to. (Té­lam)

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