15 Diciembre 2002 Seguir en 
Desde hace cinco meses los indicadores del sector financiero muestran signos positivos. Durante este período se incrementaron un 34% los depósitos no reprogramados, las reservas crecieron un 7%, la cotización del dólar cayó 6% y el índice de precios minoristas, con tendencia declinante, alcanzó sólo el 7,3%. Asimismo, los préstamos a empresas subieron $30 millones el mes pasado, aunque se trata de préstamos de muy corto plazo y a altas tasas.
Lo destacable es que, pese a darse situaciones que implican mayor riesgo, como el incumplimiento con el Banco Mundial, la falta de acuerdo con el Fondo Monetario Internacional, los conflictos judiciales relacionados con la posible despesificación, los ruidos de la interna justicialista y el agravamiento de la situación social, el sector financiero no mostró variaciones negativas.
La razón de esto sería cierta indiferencia ante los sucesos institucionales. Como si hubiere un acostumbramiento a las malas noticias: dado el caos, vale todo. Por ejemplo, ya poco o nada sorprende la alevosa pérdida de independencia del Banco Central respecto del poder político, ni los manejos poco transparentes en altas esferas judiciales, por citar sólo algunos casos recientes.
La observación de tales hechos contribuye a mantener el debate planteado en los últimos meses acerca de si la mejora del clima financiero es una cuestión meramente circunstancial o si, por el contrario, responde a causas más sólidas. Y es claro que el debate continúa, y hasta se intensifica porque se reconocen argumentos válidos en uno y otro sentido. Las dudas persisten.
Entre los principales argumentos en favor de la solidez están el equilibrio en el mercado monetario en pesos debido a que la demanda de dinero se estabilizó, al tiempo que fue moderado el aumento de la oferta monetaria de origen interno. Por otro lado, está el abultado superávit de la balanza comercial, producto de la fuerte caída de las importaciones (provocada, a su vez, por la salida de capitales al exterior y la contracción económica interna).
Tales factores aseguran un importante flujo de divisas que fortalece las reservas dando margen para una fuerte intervención cambiaria. En otras palabras, el excedente en el comercio internacional obedece a una abrupta caída de las importaciones, por el empobrecimiento que produjeron la devaluación y la inflación.
Otro argumento es que, bajo este escenario de cierta normalización financiera, de concretarse un acuerdo con el Fondo y si se avanza en la reestructuración de la deuda, podría darse una importante recuperación de confianza lo que dinamizaría la economía.
Entre los fundamentos en favor de la precariedad están que la ganancia de reservas se debe al severo control del cambio, lo que da un amplio respaldo para mantener estable la cotización del dólar en el corto plazo, creando algo similar a una convertibilidad psicológica. El problema será desactivar los controles, en un contexto con demasiada incertidumbre.(Por Eduardo Robinson, economista - especialista financiero)
Lo destacable es que, pese a darse situaciones que implican mayor riesgo, como el incumplimiento con el Banco Mundial, la falta de acuerdo con el Fondo Monetario Internacional, los conflictos judiciales relacionados con la posible despesificación, los ruidos de la interna justicialista y el agravamiento de la situación social, el sector financiero no mostró variaciones negativas.
La razón de esto sería cierta indiferencia ante los sucesos institucionales. Como si hubiere un acostumbramiento a las malas noticias: dado el caos, vale todo. Por ejemplo, ya poco o nada sorprende la alevosa pérdida de independencia del Banco Central respecto del poder político, ni los manejos poco transparentes en altas esferas judiciales, por citar sólo algunos casos recientes.
La observación de tales hechos contribuye a mantener el debate planteado en los últimos meses acerca de si la mejora del clima financiero es una cuestión meramente circunstancial o si, por el contrario, responde a causas más sólidas. Y es claro que el debate continúa, y hasta se intensifica porque se reconocen argumentos válidos en uno y otro sentido. Las dudas persisten.
Entre los principales argumentos en favor de la solidez están el equilibrio en el mercado monetario en pesos debido a que la demanda de dinero se estabilizó, al tiempo que fue moderado el aumento de la oferta monetaria de origen interno. Por otro lado, está el abultado superávit de la balanza comercial, producto de la fuerte caída de las importaciones (provocada, a su vez, por la salida de capitales al exterior y la contracción económica interna).
Tales factores aseguran un importante flujo de divisas que fortalece las reservas dando margen para una fuerte intervención cambiaria. En otras palabras, el excedente en el comercio internacional obedece a una abrupta caída de las importaciones, por el empobrecimiento que produjeron la devaluación y la inflación.
Otro argumento es que, bajo este escenario de cierta normalización financiera, de concretarse un acuerdo con el Fondo y si se avanza en la reestructuración de la deuda, podría darse una importante recuperación de confianza lo que dinamizaría la economía.
Entre los fundamentos en favor de la precariedad están que la ganancia de reservas se debe al severo control del cambio, lo que da un amplio respaldo para mantener estable la cotización del dólar en el corto plazo, creando algo similar a una convertibilidad psicológica. El problema será desactivar los controles, en un contexto con demasiada incertidumbre.(Por Eduardo Robinson, economista - especialista financiero)







