El desafío de la camarista María del Pilar Prieto al fiscal anticorrupción, Esteban Jerez, mostró el brete en que se encuentra toda la estructura de la Justicia penal en Tucumán. La camarista (superior natural a Jerez porque ella podría tener que decidir sobre causas que él investiga) lo acusa de destrozar al Poder Judicial, poniéndose en el papel de santo. El le responde que ella forma parte de la corporación de jueces que quiere desacreditar a la Fiscalía Anticorrupción.
La Corte Suprema, que trató de zafar del problema, no sabe cómo solucionarlo: no puede sancionar a Jerez porque este representa la imagen de la lucha contra la corrupción, pero tampoco puede aceptar que la estructura vertical del orden judicial se trastoque. Porque podría ocurrir que un día la Corte misma intente anular una investigación del fiscal y la sociedad se le vaya encima, acusándola de connivencia con los corruptos.
Jerez es apenas el eslabón más chico de la cadena investigadora: no tiene poder ni siquiera para ordenar una detención; sin embargo, todo el aparato del poder oficialista está al acecho para atacarlo desde cualquier ángulo, lo mismo que un sector importante de los jueces penales, por el motivo que sea. María del Pilar Prieto, polémica y de fuerte carácter, recurre a contundentes argumentos en su cruzada antiJerez, al sostener que este se escuda más en los medios de comunicación que en los procedimientos legales. Este, por su parte, cada día parece desenmarañar más la aparente red de intereses tejida en la Justicia. Frente a esto, la Corte se verá obligada a investigar si existen el valladar y la quinta columna que obstruyen la tarea del fiscal. O bien, si las cosas siguen como están, podría terminar en una intervención a la Justicia o hasta podría generarse la necesidad de que además de fiscal anticorrupción, se creen las figuras del juez anticorrupción, de una Cámara Penal anticorrupción y hasta de una Corte Suprema anticorrupción.
Puede parecer absurdo, pero forma parte de nuestro problema profundo. No creemos en las leyes. No creemos en los que las administran. Relativizamos todo y nos aferramos con desesperación a las pocas figuras que parecen incontaminadas. "Acá hay muchos delitos que se toleran", dice el fiscal porteño Norberto Quantin, quien critica a los magistrados argentinos porque -dice- le gambetean mucho a la investigación. Si bien es cierto que Jerez no puede haber hecho todo perfecto (considerando además que trabaja con medios precarísimos), tampoco puede haber hecho todo mal en las 400 causas que tramita. Y si no avanza mucho más en las investigaciones es porque los delitos que tratan sobre la corrupción son excarcelables, excepto la malversación calificada. Si se cambiaran las normas y se aplicara lo que dice Lucio Gutiérrez, presidente electo de Ecuador ("vamos a imponerles cadena perpetua a los corruptos"), sería otro cantar.
Mientras se considere más importante el robo de una vaca que el vaciamiento de las arcas del Estado, será muy difícil la tarea del que intente combatir la corrupción, ya sea Esteban Jerez o cualquier otro. El sistema entero es un valladar. Es legal, aunque sea injusto, y eso ayuda al descreimiento general.
14 Diciembre 2002 Seguir en 
Por Roberto Delgado







