13 Diciembre 2002 Seguir en 
Julio Miranda no termina de sorprender a su propia tropa. Ayer, al reafirmar su intención de adelantar los comicios para el 27 de abril, no hizo más que encender la mecha que dividirá al ya partido Justicialista. La porfía del mandatario, que contrasta con los aconsejamientos jurídicos y electorales de parte del gabinete, desembocará en la dispersión del voto peronista y muchos de los funcionarios creen que alimenta las apetencias de José Alperovich por llegar a la gobernación en 2003.
La fórmula ministerial Osvaldo Jaldo-Fernando Juri se presentaría este fin de semana en sociedad. Ese sector del oficialismo está tratando de conformar un frente interno con el grupo Escaba para confrontar con Alperovich, si se convoca a elecciones en el PJ. Antes, el jurismo deberá convencer a la diputada Olijela Rivas de que ese binomio aglutinará el pensamiento del partido creado por Juan Domingo Perón.
Alperovich olfatea que introducirse en la interna partidaria significará un duro golpe a su proyecto, más allá de si se impone o no en la compulsa. Por esa razón los colaboradores del senador están pensando, con encuestas en mano, que es mejor salir a pelear la gobernación a través de un frente con partidos de escasa convocatoria y con los sectores independientes.
Hoy en el justicialismo se acuñó una frase que lanzó en sus afiches Antonio Guerrero antes de bajarse de su precandidatura a gobernador y unirse a las filas alperovichistas. Juri, Jaldo y hasta el propio Alperovich dicen que están preparados para gobernar. Algo similar ocurrió con Miranda antes de haber asumido como mandatario, en octubre de 1999. El actual gobernador llegó rodeado de laureles por desbancar a los Bussi, con pergaminos convertidos en superleyes, decretos ómnibus y otras normas para concentrar el poder. El presente muestra a un Miranda tranquilo en público, pero que en privado está sumido por la nostalgia de ser lo que no hubiera querido ser: un gobernante en retirada.
Las otras ofertas
Los frentes electorales no son patrimonio exclusivo del oficialismo. El radical Carlos Courel le ofreció al fiscal anticorrupción, Esteban Jerez, la precandidatura a gobernador. A ese proyecto se sumarían peronistas e independientes, pese a que Jerez declaró que por ahora no se postulará para ningún cargo electivo.
En Fuerza Republicana también abrieron las puertas a posibles coaliciones con sectores que no comulgan con el apellido Bussi. Ricardo Bussi, precisamente, señaló que no hay otra forma de combatir la millonaria maquinaria electoral que montarán Miranda y Alperovich.
Todo este escenario, versión 2002, vaticina que el año que viene no habrá polarización de fuerzas, como sucedió en las últimas elecciones, sino más bien una atomización. Lo malo de este fenómeno es que el próximo gobierno contaría con el respaldo de no más del 30% de los votos, es decir, carecería de representatividad ante la población tucumana. Por lo que se observa, sobran candidaturas de tal o cual referente político. Los que aún siguen sin aparecer son los proyectos para refundar, de una vez por todas, a este Tucumán postrado por el hambre y la desocupación.
La fórmula ministerial Osvaldo Jaldo-Fernando Juri se presentaría este fin de semana en sociedad. Ese sector del oficialismo está tratando de conformar un frente interno con el grupo Escaba para confrontar con Alperovich, si se convoca a elecciones en el PJ. Antes, el jurismo deberá convencer a la diputada Olijela Rivas de que ese binomio aglutinará el pensamiento del partido creado por Juan Domingo Perón.
Alperovich olfatea que introducirse en la interna partidaria significará un duro golpe a su proyecto, más allá de si se impone o no en la compulsa. Por esa razón los colaboradores del senador están pensando, con encuestas en mano, que es mejor salir a pelear la gobernación a través de un frente con partidos de escasa convocatoria y con los sectores independientes.
Hoy en el justicialismo se acuñó una frase que lanzó en sus afiches Antonio Guerrero antes de bajarse de su precandidatura a gobernador y unirse a las filas alperovichistas. Juri, Jaldo y hasta el propio Alperovich dicen que están preparados para gobernar. Algo similar ocurrió con Miranda antes de haber asumido como mandatario, en octubre de 1999. El actual gobernador llegó rodeado de laureles por desbancar a los Bussi, con pergaminos convertidos en superleyes, decretos ómnibus y otras normas para concentrar el poder. El presente muestra a un Miranda tranquilo en público, pero que en privado está sumido por la nostalgia de ser lo que no hubiera querido ser: un gobernante en retirada.
Las otras ofertas
Los frentes electorales no son patrimonio exclusivo del oficialismo. El radical Carlos Courel le ofreció al fiscal anticorrupción, Esteban Jerez, la precandidatura a gobernador. A ese proyecto se sumarían peronistas e independientes, pese a que Jerez declaró que por ahora no se postulará para ningún cargo electivo.
En Fuerza Republicana también abrieron las puertas a posibles coaliciones con sectores que no comulgan con el apellido Bussi. Ricardo Bussi, precisamente, señaló que no hay otra forma de combatir la millonaria maquinaria electoral que montarán Miranda y Alperovich.
Todo este escenario, versión 2002, vaticina que el año que viene no habrá polarización de fuerzas, como sucedió en las últimas elecciones, sino más bien una atomización. Lo malo de este fenómeno es que el próximo gobierno contaría con el respaldo de no más del 30% de los votos, es decir, carecería de representatividad ante la población tucumana. Por lo que se observa, sobran candidaturas de tal o cual referente político. Los que aún siguen sin aparecer son los proyectos para refundar, de una vez por todas, a este Tucumán postrado por el hambre y la desocupación.







