Las universidades y su medio

Una institución que debe tomar una participación más activa en cuestiones que hacen a la comunidad que le da cabida.

12 Diciembre 2002
La cuestión del efectivo servicio de las universidades al medio es uno de los temas sobre los que siempre se ha insistido desde diversos ámbitos. Es una legítima aspiración del Estado, que invierte enormes sumas en su funcionamiento, esperar que el influjo de las casas de estudios vaya mucho más allá de la formación de sus alumnos, para manifestarse en múltiples otras acciones capaces de propender al mejoramiento y el progreso de la sociedad.
Sería injusto decir que no se han registrado ponderables avances en ese sentido, a lo largo de los años, y que al respecto podrían suministrarse numerosos e ilustrativos ejemplos, del pasado y del presente, en nuestro medio y en el resto del país.
Pero también resulta innegable que queda todavía mucho camino por recorrer, para aprovechar totalmente el enorme capital intelectual y científico de las aulas de estudios superiores, y lograr verterlo en acciones concretas que beneficien a la sociedad.
La culpa de ese déficit es achacable en parte de las universidades y en parte a los gobiernos y a la comunidad. En el primer caso, por no haber sabido diseñar en todos los casos y eficazmente, las estructuras y vías necesarias para que aquel servicio se concrete, incluyendo la eliminación de trabas burocráticas. Y también han tenido responsabilidad el Estado y los ciudadanos, al no requerir ese apoyo y convertir a su apelación en algo habitual.
Es decir, lograr una conciencia pública acerca de que las universidades son centros cuya labor mucho puede allegar a la solución de las cuestiones que nos preocupan, en los más diversos campos. E inclusive se ha dado muchas veces la paradoja de gobiernos que buscaron a alto precio, en otras partes, servicios que las casas de estudio hubieran podido perfectamente proporcionar, con excelente calidad y a costos mucho menores.
La problemática actualidad nacional hace conveniente intensificar los enfoques en esa dirección. Cada vez se muestran más premiosos los requerimientos de una amplia acción del Estado sobre la crítica realidad con la que debemos forzosamente convivir.En tal desafío, las casas de estudio de todo el país están llamadas a tener un protagonismo mucho mayor que el que sospechamos, precisamente porque atesoran capital intelectual.
Es decir algo que constituye, según lo demuestra sobradamente la experiencia histórica de las naciones, el elemento de fundamental importancia para todo cambio que quiera intentarse, sobre todo en los momentos de crisis.
Parece clara, entonces, la necesidad de que autoridades, fuerzas empresarias y organizaciones no gubernamentales entablen un diálogo renovado con las universidades, para pulsar las posibilidades de que se profundice el aporte que estas realizan a la presente circunstancia argentina.
La crisis debe servir, justamente, para activar todas las energías creadoras con que cuenta un país. Ellas constituyen sus mejores y más promisorias reservas.
Hace más de ocho décadas, en los tiempos iniciales de la Universidad que fundó, Juan B. Terán sostuvo la necesidad de lograr la más fuerte vinculación de la casa de estudios con su medio. "El interés no está en la enseñanza, en el aula, en el alumno, sino en sus estrechas relaciones con la sociedad, su bienestar, su progreso", expresaba el ilustre tucumano en 1916. A su criterio, "lo que debiera ser un foco de ideas debe ser también un foco de acción".
Si este requerimiento siempre ha sido acuciante, mucho más lo es, sin duda, en tiempos tan atribulados como los que nos tocan vivir. Mucho y muy importante es lo que pueden allegar nuestras universidades, sumándolo a lo que vienen entregando hasta hoy. Es preciso lograrlo.

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