27 Febrero 2008 Seguir en 
CLEVELAND/WASHINGTON, Estados Unidos.- El esperado debate entre Hillary Clinton y Barack Obama en Ohio resultó una apasionante batalla dialéctica entre ambos aspirantes demócratas a la presidencia de Estados Unidos con todos los ingredientes: ataques, defensas, contraataques, errores, interrupciones, nervios, abucheos y, sólo al final, tímidas alabanzas.
No hubo un ganador claro, y eso beneficia a Obama: el senador de Illinois está adelante en la carrera por ser el candidato del partido en las elecciones de noviembre y el que puede sentenciar la lucha el martes, cuando se celebre una decisiva jornada de internas en Rhode Island, Vermont, Texas y Ohio.
Ninguno de los candidatos desplegó nuevas ideas, excepto en lo referente al Tratado de Libre Comercio de Norteamérica (NAFTA), donde mostraron una postura común: si cualquiera de los dos es presidente, Estados Unidos romperá el acuerdo con Canadá y México a menos que se renegocien los estándares laborales y medioambientales. Ambos sabían dónde estaban: en Cleveland, la mayor ciudad de Ohio, un estado eminentemente industrial que sufrió una gran pérdida de empleos en los últimos años, lo que muchos atribuyen a NAFTA.
Fuego en los ojos
En la hora y media que duró el debate, Obama y Clinton no desaprovecharon ninguna ocasión para marcar diferencias y atacarse mutuamente. Y mientras uno hablaba, los ojos del otro echaban fuego.
Sobre Irak, Obama recordó que Clinton votó en el Senado a favor del permiso para atacar ese país. "Yo fui muy claro sobre por qué no debíamos ir", afirmó. Clinton reconoció que si pudiera votar de nuevo, lo haría de diferente manera.
En el caso del seguro médico, Clinton insistió con vehemencia en que el plan de Obama dejaría sin cubrir a 15 millones de personas. "Creo que es imperativo que, como demócratas, estemos a favor de la sanidad universal. Yo lo reclamo. El ex senador John Edwards también. Otros también. El senador Obama no", fustigó.
En política exterior, ambos se golpearon sin piedad. "Obama prácticamente amenazó con bombardear Pakistán, lo que no fue una posición demasiado sabia", acusó la ex primera dama. "Ella equipara experiencia con longevidad en Washington", contraatacó Obama.
Apuros y errores
En más de un momento los dos candidatos pasaron por apuros, especialmente ante las afiladas preguntas del periodista Tim Russert, uno de los moderadores que, con su insistencia, extrajo de ambos candidatos respuestas casi concretas. Clinton se vio arrinconada cuando se le preguntó por qué no hace pública su declaración de bienes. Al final, aceptó que quizá la dé a conocer antes del final de las internas.
Obama sudó tratando de explicar por qué no rechaza el respaldo que le brindó Louis Farrakhan, el polémico líder de la "Nación del Islam", una controvertida organización negra acusada de antisemitismo. El senador, que aspira a ser el primer afroamericano presidente de Estados Unidos, intentó escapar de la pregunta, pero al final aseguró denunciar y rechazar a Farrakhan.
En otras ocasiones, fueron los candidatos los que se buscaron sus propios errores. El más significativo fue el de Clinton, a quien se le escapó un despectivo "¡Lo que sea!" cuando se vio incapaz de pronunciar el nombre de Dmitry Medvedev, el delfín de Vladimir Putin y su previsible sucesor como presidente de Rusia.
Los nervios y la tensión se dejaron notar también con las quejas de ambos candidatos hacia los moderadores. "Me siento un poco apartado aquí", afirmó Obama reclamando la palabra. "Siento que es curioso que me sigue tocando siempre la primera pregunta", aseguró Clinton en otra ocasión.
Aplausos y abucheos
Al contrario que en la mayoría de los anteriores debates, el
público presente en la Universidad de Cleveland se dejó oír poco. Cuando lo hizo fue para reaccionar ante Clinton: aplausos sobre su declaración de patriotismo y abucheos cuando denunció lo que, a su juicio, es un tratamiento favorable a Obama en los grandes medios estadounidenses.
Sólo al final, sin abrazo de despedida, ambos candidatos se quitaron los guantes de boxear y reconocieron méritos de su rival. "La senadora Clinton hizo una campaña magnífica. Es una funcionaria excepcional y creo que estaría a la altura como nominada", afirmó Obama. "Pero yo puedo unir a este país de una manera única", agregó.
"Ambos tenemos fuertes sentimientos sobre nuestro país. Aportamos un gran compromiso y energía a esta carrera", aseguró Clinton. "Pero yo todavía planeo hacer todo lo que pueda para ganar", desafío. (DPA)
No hubo un ganador claro, y eso beneficia a Obama: el senador de Illinois está adelante en la carrera por ser el candidato del partido en las elecciones de noviembre y el que puede sentenciar la lucha el martes, cuando se celebre una decisiva jornada de internas en Rhode Island, Vermont, Texas y Ohio.
Ninguno de los candidatos desplegó nuevas ideas, excepto en lo referente al Tratado de Libre Comercio de Norteamérica (NAFTA), donde mostraron una postura común: si cualquiera de los dos es presidente, Estados Unidos romperá el acuerdo con Canadá y México a menos que se renegocien los estándares laborales y medioambientales. Ambos sabían dónde estaban: en Cleveland, la mayor ciudad de Ohio, un estado eminentemente industrial que sufrió una gran pérdida de empleos en los últimos años, lo que muchos atribuyen a NAFTA.
Fuego en los ojos
En la hora y media que duró el debate, Obama y Clinton no desaprovecharon ninguna ocasión para marcar diferencias y atacarse mutuamente. Y mientras uno hablaba, los ojos del otro echaban fuego.
Sobre Irak, Obama recordó que Clinton votó en el Senado a favor del permiso para atacar ese país. "Yo fui muy claro sobre por qué no debíamos ir", afirmó. Clinton reconoció que si pudiera votar de nuevo, lo haría de diferente manera.
En el caso del seguro médico, Clinton insistió con vehemencia en que el plan de Obama dejaría sin cubrir a 15 millones de personas. "Creo que es imperativo que, como demócratas, estemos a favor de la sanidad universal. Yo lo reclamo. El ex senador John Edwards también. Otros también. El senador Obama no", fustigó.
En política exterior, ambos se golpearon sin piedad. "Obama prácticamente amenazó con bombardear Pakistán, lo que no fue una posición demasiado sabia", acusó la ex primera dama. "Ella equipara experiencia con longevidad en Washington", contraatacó Obama.
Apuros y errores
En más de un momento los dos candidatos pasaron por apuros, especialmente ante las afiladas preguntas del periodista Tim Russert, uno de los moderadores que, con su insistencia, extrajo de ambos candidatos respuestas casi concretas. Clinton se vio arrinconada cuando se le preguntó por qué no hace pública su declaración de bienes. Al final, aceptó que quizá la dé a conocer antes del final de las internas.
Obama sudó tratando de explicar por qué no rechaza el respaldo que le brindó Louis Farrakhan, el polémico líder de la "Nación del Islam", una controvertida organización negra acusada de antisemitismo. El senador, que aspira a ser el primer afroamericano presidente de Estados Unidos, intentó escapar de la pregunta, pero al final aseguró denunciar y rechazar a Farrakhan.
En otras ocasiones, fueron los candidatos los que se buscaron sus propios errores. El más significativo fue el de Clinton, a quien se le escapó un despectivo "¡Lo que sea!" cuando se vio incapaz de pronunciar el nombre de Dmitry Medvedev, el delfín de Vladimir Putin y su previsible sucesor como presidente de Rusia.
Los nervios y la tensión se dejaron notar también con las quejas de ambos candidatos hacia los moderadores. "Me siento un poco apartado aquí", afirmó Obama reclamando la palabra. "Siento que es curioso que me sigue tocando siempre la primera pregunta", aseguró Clinton en otra ocasión.
Aplausos y abucheos
Al contrario que en la mayoría de los anteriores debates, el
público presente en la Universidad de Cleveland se dejó oír poco. Cuando lo hizo fue para reaccionar ante Clinton: aplausos sobre su declaración de patriotismo y abucheos cuando denunció lo que, a su juicio, es un tratamiento favorable a Obama en los grandes medios estadounidenses.
Sólo al final, sin abrazo de despedida, ambos candidatos se quitaron los guantes de boxear y reconocieron méritos de su rival. "La senadora Clinton hizo una campaña magnífica. Es una funcionaria excepcional y creo que estaría a la altura como nominada", afirmó Obama. "Pero yo puedo unir a este país de una manera única", agregó.
"Ambos tenemos fuertes sentimientos sobre nuestro país. Aportamos un gran compromiso y energía a esta carrera", aseguró Clinton. "Pero yo todavía planeo hacer todo lo que pueda para ganar", desafío. (DPA)







