11 Diciembre 2002 Seguir en 
El mercado de los fertilizantes tuvo un año atípico en Tucumán. Los cambios en la economía originados tras la devaluación provocaron una etapa de incertidumbre en el sector rural hasta al menos mediados de este año. No había certezas sobre los precios de los productos agrícolas, mientras que los valores de los insumos que utilizan los cultivos -agroquímicos y fertilizantes- acompañaron el movimiento del dólar.
Las dos empresas nacionales que proveen de fertilizantes a todo el país, Pecom y Profértil, hicieron frente a la coyuntura a través de exportaciones. Esta decisión, sumada a un parate mecánico que sufrió Profértil, derivó en que se registrara un faltante del producto en setiembre.
"Luego de la devaluación cambió todo en el país. Se dificultaron las importaciones a través de cartas de crédito y los sistemas de pagos que se hacían a plazos", comentó a LA GACETA el gerente regional de Pecom, Jorge Niel Puig. Sostuvo que a partir de agosto, cuando comenzaron a disiparse algunas dudas sobre el paso de la economía, se normalizó la comercialización de agroquímicos y de fertilizantes en el país. Un marcado optimismo ganó a los sectores exportadores del campo, y mejoraron algunas cotizaciones, como el precio del azúcar, por ejemplo. Los limones se exportaban en euros y los granos se liquidaban en dólares menos impuestos.
"Se vendieron bien los fertilizantes. El empresario rural es consciente de que el producto es una inversión que hace para mejorar sus rendimientos", dijo Niel Puig. Sin embargo, algunos sectores se vieron con dificultades para abonar la tierra. Tal es el caso de las actividades hortícolas, que venden al mercado interno; de productores de limón que entregan fruta a las industrias, y de cañeros medianos y chicos.
Enfrentamiento
Una controversia se generó este año entre productores y proveedores de fertilizantes y agroquímicos. Los primeros habían comprado estos productos antes de la devaluación, en dólares, y los proveedores pretendían cobrarles en esa moneda. Distintas resoluciones del Gobierno nacional sobre los valores en que debían cobrarse las viejas deudas en dólares dieron cuenta del juego de presiones que existe entre ambos sectores. Los proveedores de insumos se sienten con derecho a percibir sus acreencias a cotizaciones similares a las de la moneda norteamericana. Argumentan que la mayoría de las producciones se exporta y cuenta con recursos para pagar en dólares.
Las dos empresas nacionales que proveen de fertilizantes a todo el país, Pecom y Profértil, hicieron frente a la coyuntura a través de exportaciones. Esta decisión, sumada a un parate mecánico que sufrió Profértil, derivó en que se registrara un faltante del producto en setiembre.
"Luego de la devaluación cambió todo en el país. Se dificultaron las importaciones a través de cartas de crédito y los sistemas de pagos que se hacían a plazos", comentó a LA GACETA el gerente regional de Pecom, Jorge Niel Puig. Sostuvo que a partir de agosto, cuando comenzaron a disiparse algunas dudas sobre el paso de la economía, se normalizó la comercialización de agroquímicos y de fertilizantes en el país. Un marcado optimismo ganó a los sectores exportadores del campo, y mejoraron algunas cotizaciones, como el precio del azúcar, por ejemplo. Los limones se exportaban en euros y los granos se liquidaban en dólares menos impuestos.
"Se vendieron bien los fertilizantes. El empresario rural es consciente de que el producto es una inversión que hace para mejorar sus rendimientos", dijo Niel Puig. Sin embargo, algunos sectores se vieron con dificultades para abonar la tierra. Tal es el caso de las actividades hortícolas, que venden al mercado interno; de productores de limón que entregan fruta a las industrias, y de cañeros medianos y chicos.
Enfrentamiento
Una controversia se generó este año entre productores y proveedores de fertilizantes y agroquímicos. Los primeros habían comprado estos productos antes de la devaluación, en dólares, y los proveedores pretendían cobrarles en esa moneda. Distintas resoluciones del Gobierno nacional sobre los valores en que debían cobrarse las viejas deudas en dólares dieron cuenta del juego de presiones que existe entre ambos sectores. Los proveedores de insumos se sienten con derecho a percibir sus acreencias a cotizaciones similares a las de la moneda norteamericana. Argumentan que la mayoría de las producciones se exporta y cuenta con recursos para pagar en dólares.







