La elección de Raúl Castro causó decepción entre los exiliados

La sucesión cayó como un balde de agua fría a quienes esperaron ese momento durante medio siglo. Estados Unidos opinó que los comicios sólo formalizaron algo que era de facto. "Me gustaría ver a Fidel sufrir".

INDIFERENCIA. Veinte años atrás, la noticia de que Fidel sería reemplazado habría provocado una gran celebración. REUTERS
INDIFERENCIA. Veinte años atrás, la noticia de que Fidel sería reemplazado habría provocado una gran celebración. REUTERS
25 Febrero 2008
MIAMI, EE.UU. - Veinte años atrás, la noticia de que Fidel Castro fue reemplazado como presidente de Cuba habría provocado una gran celebración en la comunidad de exiliados en Miami, y preparaciones para regresar a la tierra natal que dejaron atrás. Pero el domingo, el sector llamado la Pequeña Habana pareció recibir la transferencia de poder a Raúl Castro encogiéndose de hombros y con un bostezo.

Había más que decepción de que el momento por el que esperaron durante casi medio siglo les daba pocas esperanzas de un cambio del comunismo en la isla caribeña. "Castro todavía va a tener el poder. Cuba va a ser la misma y nadie va a tener libertad", dijo Eduardo Migueltorena, un agente de bienes raíces de Miami, que llegó a Florida desde el puerto Mariel en 1980.

No había televisores o radios encendidas en programas de noticias en los restaurantes Versailles o La Carreta, populares lugares frecuentados por la comunidad cubano americana, unas 650.000 personas en el área de de Miami. Y no hubo manifestantes en las calles como hubo en el 2006, cuando Castro entregó temporalmente el poder a su hermano por problemas de salud.

Incluso el sorpresivo nombramiento de José Ramón Machado Ventura, un ideólogo comunista y revolucionario de la vieja guardia, como segundo en el mando, fue recibido con poco interés. "Bajo el gobierno de Castro, no importa quién es el vicepresidente. Quizás tienen miedo de que si cambian mucho perderán el poder", dijo encogiéndose de hombros Juan Fiol, un vendedor de cítricos al por mayor de 66 años que dejó Cuba en 1961.

Demasiado tarde
Centro de la oposición a Fidel Castro y al gobierno comunista, la Pequeña Habana de Miami ha sido por mucho tiempo el hogar de los primeros exiliados que abandonaron Cuba tras la revolución de 1959, y ahora de sus hijos y nietos. Los primeros en llegar pensaban que Castro sería derrocado y que regresarían pronto a Cuba. Casi medio siglo después, todavía están mirando a través del Estrecho de Florida.

"Desde el primer día he esperado por este día", dijo Jaime de Hombre, de 69 años, quien llegó a Miami en 1959. "Es decepcionante,. Me gustaría verlo a Fidel Castro sufrir", agregó. "Mejor si Castro muere", añadió su esposa, Gloria.

Mientras Castro ha sobrevivido a muchos de la generación de exiliados de más edad, la pasión disminuyó entre los cubanos en Miami, y para algunos, el ferviente deseo de regresar a la isla se ha desvanecido mientras sus raíces fueron enterradas en Miami, 320 kilómetros al norte.

"Estamos aquí. Nos estamos quedando", dijo Victoria, de 76 años, quien se fue de Cuba en 1959, el año de la revolución de Castro. "¿Qué vamos a hacer? Nuestros hijos están aquí y también nuestros nietos", expresó. "Quizás 15 años atrás decías tal vez puedo volver. Pero ahora no. Es demasiado tarde", dijo su amiga Maggie, quien llegó a Florida en 1961.

Incluso para algunos de los que dicen que regresarían a Cuba si la isla fuera democrática, podría ser un regreso de medio tiempo para hacer negocios o ayudar al país. "Iría de ida y vuelta. Pienso que tengo una obligación moral de contribuir a mi hogar natal", dijo Brenda, de 63 años, quien tiene a cuatro generaciones de familia en Miami. "Somos cubanos en nuestros corazones".

Para los cubanos más jóvenes, Miami es su hogar. "Nunca van a volver. Toda su identidad está acá. Soy estadounidense. Eso es lo que soy", dijo Rick Wong, de 49 años y nacido en la Habana, cuya familia se mudó a Estados Unidos en 1963. "Los niños han estado aquí por tanto tiempo que son estadounidenses", agregó.

Cautela
Por su parte, Estados Unidos se mostró cauteloso ayer tras la designación, destacó la existencia de posibilidades de cambio y se negó a modificar su política o a flexibilizar el embargo.

"Hay posibilidad y potencialidad de cambio en Cuba, pero esos cambios tienen que nacer dentro de la isla", aseguró en un tono moderado, el jefe de la diplomacia estadounidense para América Latina, Tom Shannon.

El diplomático norteamericano reconoció, no obstante, que la llegada de Raúl sólo formaliza algo que ha sido de facto por 19 meses, en alusión al tiempo que pasó desde que Fidel le delegó el poder provisionalmente a fines de julio de 2006 por razones de salud. "Aun así es un momento significativo ya que es la primera vez que este país ha tenido un cambio en sus líderes políticos", afirmó. (Reuters-AFP-NA)



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