21 Febrero 2008 Seguir en 
LA HABANA.- Un día después de que Fidel Castro anunció su alejamiento del poder tras casi medio siglo de liderar la política cubana, parece que nada ha pasado en la isla. Los mismos cubanos se asombran de la naturalidad con la que muchos asumieron la enfermedad y la salida de escena del único líder conocido por el 70% de los isleños. Castro no aparece en público desde que enfermó hace un año y medio, por lo que su renuncia no fue una mala noticia.
La prensa y la televisión reportaron ayer las reacciones a la renuncia de Castro de gente común y corriente, que iban desde los que dicen que siempre será su “comandante en jefe” a los que pasarán a llamarlo sólo “compañero Fidel”. De todos modos, analistas coincidieron en que el anciano líder seguirá moviendo los hilos del país desde el puesto de primer secretario del Partido Comunista, que mantiene.
Las cuestiones vitales
Pero en la calle el debate es otro, alimentado en parte por la iniciativa del presidente interino, Raúl Castro, de abrir la discusión sobre los problemas de Cuba. La gente pregunta cuándo y cómo mejorará la calidad de vida, qué pasará con los bajos salarios y con los altos precios de los productos básicos. “Ya terminó una época. Los nuevos líderes tendrán que abrir la economía y dejar que esta isla se integre al mundo real”, dijo Matías, un militar jubilado que vende revistas extranjeras de segunda mano para sobrevivir. La eliminación de la doble moneda y de las restricciones a los viajes y al hospedaje en hoteles, el espacio a la iniciativa privada y la liberación del comercio de autos y casas encabezan la larga lista de cambios que piden los cubanos. La mayor disconformidad reside en la obligación de pedir permiso para salir del país, que puede ser denegado y que establece un plazo de estadía en el exterior. El permiso cuesta unos U$S 180 y un adicional por cada mes, hasta los 11 permitidos para estar fuera. Cumplido ese plazo, se considera a la persona emigrada y no puede volver a su país a residir. Asimismo, los cubanos no pueden hospedarse en hoteles, reservados en su mayoría para turistas extranjeros. Recién casados y obreros destacados obtienen el derecho a hospedarse una vez, pagando en moneda nacional. “La pasamos contando penurias, pero ya queremos pasar a la acción. La gente quiere ver mejoría pronto”, enfatizó Anaísa, una actriz de teatro.
Por los pasillos
Por los corredores de las oficinas estatales corren rumores sobre próximas medidas que facilitarían la pequeña iniciativa privada y la propiedad de la tierra. Los primeros pasos para una apertura económica podrían producirse después de que el Parlamento nombre al Consejo de Estado el domingo, a partir de una lista única de 31 candidatos. Según la fórmula esbozada el martes por Castro en su mensaje de renuncia, el nuevo gobierno deberá quedar conformado por una mezcla entre la “vieja guardia” que lo acompañó a llegar en la revolución de 1959 y las generaciones formadas por ellos desde entonces. (Reuter-DPA)
La prensa y la televisión reportaron ayer las reacciones a la renuncia de Castro de gente común y corriente, que iban desde los que dicen que siempre será su “comandante en jefe” a los que pasarán a llamarlo sólo “compañero Fidel”. De todos modos, analistas coincidieron en que el anciano líder seguirá moviendo los hilos del país desde el puesto de primer secretario del Partido Comunista, que mantiene.
Las cuestiones vitales
Pero en la calle el debate es otro, alimentado en parte por la iniciativa del presidente interino, Raúl Castro, de abrir la discusión sobre los problemas de Cuba. La gente pregunta cuándo y cómo mejorará la calidad de vida, qué pasará con los bajos salarios y con los altos precios de los productos básicos. “Ya terminó una época. Los nuevos líderes tendrán que abrir la economía y dejar que esta isla se integre al mundo real”, dijo Matías, un militar jubilado que vende revistas extranjeras de segunda mano para sobrevivir. La eliminación de la doble moneda y de las restricciones a los viajes y al hospedaje en hoteles, el espacio a la iniciativa privada y la liberación del comercio de autos y casas encabezan la larga lista de cambios que piden los cubanos. La mayor disconformidad reside en la obligación de pedir permiso para salir del país, que puede ser denegado y que establece un plazo de estadía en el exterior. El permiso cuesta unos U$S 180 y un adicional por cada mes, hasta los 11 permitidos para estar fuera. Cumplido ese plazo, se considera a la persona emigrada y no puede volver a su país a residir. Asimismo, los cubanos no pueden hospedarse en hoteles, reservados en su mayoría para turistas extranjeros. Recién casados y obreros destacados obtienen el derecho a hospedarse una vez, pagando en moneda nacional. “La pasamos contando penurias, pero ya queremos pasar a la acción. La gente quiere ver mejoría pronto”, enfatizó Anaísa, una actriz de teatro.
Por los pasillos
Por los corredores de las oficinas estatales corren rumores sobre próximas medidas que facilitarían la pequeña iniciativa privada y la propiedad de la tierra. Los primeros pasos para una apertura económica podrían producirse después de que el Parlamento nombre al Consejo de Estado el domingo, a partir de una lista única de 31 candidatos. Según la fórmula esbozada el martes por Castro en su mensaje de renuncia, el nuevo gobierno deberá quedar conformado por una mezcla entre la “vieja guardia” que lo acompañó a llegar en la revolución de 1959 y las generaciones formadas por ellos desde entonces. (Reuter-DPA)
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