20 Febrero 2008 Seguir en 
En un estado democrático, la justicia por mano propia lleva directamente a pensar en la famosa ley de la selva, y se sabe: la violencia engendra más violencia.
Vivimos en una sociedad violenta, pero esto no es nuevo; es un problema de vieja data. La justicia por mano propia no debe existir en un estado de derecho, lo que no implica negar el derecho de la legítima defensa cuando una persona está siendo ilegítimamente agredida de modo actual o inminente.
Cuando ello ocurre, puede defenderse legítimamente con un medio racionalmente necesario; esta acción está justificada por el derecho y no pude ser penada.
Pero una cosa distinta es ejercer violencia cuando la agresión ha cesado y el peligro ha desaparecido. En ese caso, debe acudirse a la Justicia.
Nuestra sociedad sufre una crisis moral y cultural, y desigualdades sociales y económicas, lo que genera un aumento de marginalidad. Todo esto hace que crezca la violencia. El problema de los menores involucrados en hechos delictivos provoca alarma hoy, pero que viene produciéndose desde hace mucho tiempo. La solución no pasa por aumentar las penas; al contrario. La Justicia debe ser más eficaz, y se deben crear organismos de prevención y de asistencia. A su vez, la víctima debe exigir su participación en la investigación.
Otro de los factores que influyeron en el aumento de la violencia es el consumo de drogas, pero aquí tampoco la solución es penar al consumidor, sino al traficante.
Vivimos en una sociedad violenta, pero esto no es nuevo; es un problema de vieja data. La justicia por mano propia no debe existir en un estado de derecho, lo que no implica negar el derecho de la legítima defensa cuando una persona está siendo ilegítimamente agredida de modo actual o inminente.
Cuando ello ocurre, puede defenderse legítimamente con un medio racionalmente necesario; esta acción está justificada por el derecho y no pude ser penada.
Pero una cosa distinta es ejercer violencia cuando la agresión ha cesado y el peligro ha desaparecido. En ese caso, debe acudirse a la Justicia.
Nuestra sociedad sufre una crisis moral y cultural, y desigualdades sociales y económicas, lo que genera un aumento de marginalidad. Todo esto hace que crezca la violencia. El problema de los menores involucrados en hechos delictivos provoca alarma hoy, pero que viene produciéndose desde hace mucho tiempo. La solución no pasa por aumentar las penas; al contrario. La Justicia debe ser más eficaz, y se deben crear organismos de prevención y de asistencia. A su vez, la víctima debe exigir su participación en la investigación.
Otro de los factores que influyeron en el aumento de la violencia es el consumo de drogas, pero aquí tampoco la solución es penar al consumidor, sino al traficante.
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