10 Diciembre 2002 Seguir en 
"Dejo la política". Desde lo personal, las palabras de Julio Miranda pueden entenderse después del terremoto que fue su gestión y que un año antes del final carga con una gran cuota de desprestigio personal y con la muerte de niños por hambre. Pero desde lo institucional es incomprensible lo que hizo el gobernador.
Durante mucho tiempo se habló desde el Poder Ejecutivo -y se lo escuchó de boca de los obsecuentes de siempre- que era fundamental promover la reforma de la Constitución con reelección. "De esa manera Julio no perderá poder, porque si no hay reelección, el último año se hará ingobernable porque todos querrán acercarse al sucesor". Si este triste razonamiento en el que no tiene cabida el Gobierno sino la toma del poder es cierto, entonces la situación de Miranda y del peronismo es calamitosa. Hoy, cuando todavía tiene 300 días a cargo de los destinos de la provincia, una decisión como la adoptada se transforma en una verdadera revolución.
Un hombre que quiere dejar todo cuanto antes anticipa su intención de tirar todo. Hay quienes dicen en la Casa de Gobierno que ahora se gobernará más fácilmente porque los "sijulistas" de siempre no interferirán más la tarea y les dejarán las manos libres a los ministros y demás autoridades para actuar con iniciativa propia. La otra lectura es que el desgobierno será más peligroso que nunca. Ahora vendrá la guerra por la herencia. José Alperovich cree que corre en un Fórmula Uno y el dúo JJ (Osvaldo Jaldo y Fernando Juri) está seguro de que aunque todavía compita con esos autitos de "Fuerza limitada" que recordarán los más veteranos, le alcanza para ganar.
Ambos equipos corren en la escudería mirandista, pero están los viudos del oficialismo que también ajustan tuercas y aceitan los motores. En este grupo se anotan José Carbonell, Olijela Rivas, Ricardo Maturana y otros tapados. Ellos están seguros de que tienen que salir a la pista, pero, como Eduardo Duhalde, todavía no encuentran el piloto. Los gremialistas también exigen un auto y un casco, sin comprender todavía que el fracaso que muestra la actual gestión fue conducida por un hombre que viene del sindicalismo. Todos hablan de renovar cuadros, pero los jóvenes brillan por su ausencia porque, en verdad, nunca preocupó la aparición de nuevos políticos; por el contrario, se la combatió.
La oposición tampoco se juega. Fuerza Republicana no quiere hablar de candidaturas. A veces sostienen que Ricardo Bussi puede volver a ponerse el buzo antiflama y, en ese caso, el general retirado se pondría el casco para el circuito de la intendencia de la capital. Probabilidades hay muchas, pero también están los que piensan que en tiempos de crisis se debe actuar con generosidad y en ese caso proponen armar una gran escudería que llevaría el nombre de Frente Cívico. En ese caso se animarían a ceder el número 1 a cualquier ciudadano. Lo que no se sabe es si la generosidad alcanza para ceder el número 2.
Ayer volvió a sonar el nombre de Esteban Jerez como candidato a gobernador. El fiscal, una vez más, dijo no, pero en los oídos de los que lo conocen escucharon un ni. La política de Tucumán da sorpresas, pero no soluciones.
Durante mucho tiempo se habló desde el Poder Ejecutivo -y se lo escuchó de boca de los obsecuentes de siempre- que era fundamental promover la reforma de la Constitución con reelección. "De esa manera Julio no perderá poder, porque si no hay reelección, el último año se hará ingobernable porque todos querrán acercarse al sucesor". Si este triste razonamiento en el que no tiene cabida el Gobierno sino la toma del poder es cierto, entonces la situación de Miranda y del peronismo es calamitosa. Hoy, cuando todavía tiene 300 días a cargo de los destinos de la provincia, una decisión como la adoptada se transforma en una verdadera revolución.
Un hombre que quiere dejar todo cuanto antes anticipa su intención de tirar todo. Hay quienes dicen en la Casa de Gobierno que ahora se gobernará más fácilmente porque los "sijulistas" de siempre no interferirán más la tarea y les dejarán las manos libres a los ministros y demás autoridades para actuar con iniciativa propia. La otra lectura es que el desgobierno será más peligroso que nunca. Ahora vendrá la guerra por la herencia. José Alperovich cree que corre en un Fórmula Uno y el dúo JJ (Osvaldo Jaldo y Fernando Juri) está seguro de que aunque todavía compita con esos autitos de "Fuerza limitada" que recordarán los más veteranos, le alcanza para ganar.
Ambos equipos corren en la escudería mirandista, pero están los viudos del oficialismo que también ajustan tuercas y aceitan los motores. En este grupo se anotan José Carbonell, Olijela Rivas, Ricardo Maturana y otros tapados. Ellos están seguros de que tienen que salir a la pista, pero, como Eduardo Duhalde, todavía no encuentran el piloto. Los gremialistas también exigen un auto y un casco, sin comprender todavía que el fracaso que muestra la actual gestión fue conducida por un hombre que viene del sindicalismo. Todos hablan de renovar cuadros, pero los jóvenes brillan por su ausencia porque, en verdad, nunca preocupó la aparición de nuevos políticos; por el contrario, se la combatió.
La oposición tampoco se juega. Fuerza Republicana no quiere hablar de candidaturas. A veces sostienen que Ricardo Bussi puede volver a ponerse el buzo antiflama y, en ese caso, el general retirado se pondría el casco para el circuito de la intendencia de la capital. Probabilidades hay muchas, pero también están los que piensan que en tiempos de crisis se debe actuar con generosidad y en ese caso proponen armar una gran escudería que llevaría el nombre de Frente Cívico. En ese caso se animarían a ceder el número 1 a cualquier ciudadano. Lo que no se sabe es si la generosidad alcanza para ceder el número 2.
Ayer volvió a sonar el nombre de Esteban Jerez como candidato a gobernador. El fiscal, una vez más, dijo no, pero en los oídos de los que lo conocen escucharon un ni. La política de Tucumán da sorpresas, pero no soluciones.







