Hasta el 6 de marzo deberá ser derribado un satélite espía

Estados Unidos prometió pagar indemnizaciones en caso de que falle el disparo. Más de 400 kilos de hidracina podrían convertirse en gas tóxico. Dudas de científicos. El plan está en marcha.

16 Febrero 2008
WASHINGTON.- El satélite espía estadounidense que el Pentágono quiere destruir con un misil entraría en la atmósfera alrededor del 6 de marzo si no es interceptado antes, declaró la embajadora de Estados Unidos en la Conferencia de Desarme de Ginebra.
"Si fracasa la intercepción, el satélite debería entrar en la atmósfera terrestre de forma incontrolada el 6 de marzo de 2008 o en torno de esa fecha", afirmó ayer la embajadora norteamericana Christina Rocca. Sin embargo, la diplomática no pudo anticipar cuál sería la zona de entrada del satélite, que podría situarse en cualquier punto por encima de todas las tierras emergidas, con excepción de las regiones polares.

Ante un eventual fracaso
Además, la embajadora aseguró que el Gobierno estadounidense compensará a cualquier país si caen en sus territorios restos del antiguo satélite. "Tenga éxito o fracase la operación, Estados Unidos está preparado para ofrecer asistencia a los gobiernos a fin de mitigar las consecuencias de cualquier impacto de restos de satélite en su superficie", aseveró Rocca.
La embajadora afirmó al foro de 65 Estados miembro que se elegiría el momento del impacto para maximizar las posibilidades de dar en el tanque de combustible y asegurar que los restos reingresen rápidamente (en la atmósfera) y no representen un peligro para otros satélites y para operaciones espaciales pacíficas. El jueves, el presidente George W. Bush aprobó el plan para que la Marina derribe el satélite de 2.270 kilogramos con un misil táctico modificado.

Dudas
El satélite transporta más de 454 kilogramos de combustible hidracina, y podría liberar gran parte como un gas tóxico, según estableció el segundo asesor de Seguridad Nacional de Estados Unidos, James Jeffrey.
Sin embargo, la decisión de destruir el satélite dejó perplejos a muchos científicos espaciales. "Estoy bastante sorprendido de que se hable de un riesgo, ya que no es la primera vez que un vehículo entra en la atmósfera con una reserva de hidracina", señaló Marc Pircher, director del Centro Espacial de Toulouse (Francia).
El experto francés explicó que si bien el hidracina es relativamente tóxico, también es bastante inestable y se descompone a unos cuantos centenares de grados Celsius, transformándose en un gas inofensivo. La entrada en la atmósfera supone un calentamiento de cerca de 2.000 grados, por lo tanto la destrucción de la reserva de carburante del satélite sería casi segura. Además, Pircher explicó que la destrucción del satélite generará muchos residuos, pero estos no tendrán una larga duración en el ambiente. (Reuters-AFP)

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