La lluvia tan temida

Se hace cada vez más perentoria la construcción de obras de drenaje.

09 Diciembre 2002
Cada vez que llueve, la ciudad de San Miguel de Tucumán se anega en pocos minutos. Y si el fenómeno reviste cierta intensidad, rara es la calle donde el agua no cubra completamente calzadas y veredas, para no hablar de una serie de puntos donde la travesía se torna directamente imposible a causa del torrente, además de los barrios donde el líquido ingresa en las viviendas. Cada precipitación, entonces, significa una verdadera catástrofe, que causa daños en los hogares, genera accidentes de todo tipo, paraliza el tránsito y aísla durante prolongados lapsos a varios sectores de la ciudad.
Sucede que pasan los años y el problema, lejos de solucionarse, no hace más que incrementarse. Es evidente que nuestra capital carece de las condiciones para drenar el agua de las lluvias, y pareciera que no tiene más remedio que someterse a esto, que adquiere auténtico carácter de pesadilla.
Entendemos que existe desde tiempo atrás, durmiendo en las estanterías técnicas oficiales, el diseño de obras de canalización que podrían terminar definitivamente con las inundaciones. Nos parece que es hora de instalar el tema en los programas de obras públicas y darle carácter prioritario. Estamos ante una calamidad que ya tarda demasiado en enfrentarse.

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