Cada vez son más las familias tucumanas que se alimentan de huertas orgánicas

Comer verduras frescas y libres de agroquímicos está al alcance de cualquier grupo de vecinos que quiera compartir el trabajo.

ALTERNATIVA SALUDABLE. Según la especie que se cultive, se pueden tener hortalizas al mes o a los tres meses para alimentarse.
ALTERNATIVA SALUDABLE. Según la especie que se cultive, se pueden tener hortalizas al mes o a los tres meses para alimentarse.
09 Diciembre 2002
En época de crisis cualquier ayuda en la economía del hogar es bienvenida. Así, el armado de una huerta puede aportar algún ahorro en el presupuesto familiar.Pero además tiene otros efectos importantes, como canalizar la angustia y las tensiones que se viven en la actualidad.
Cada vez son más las personas, tanto de escasos recursos como de ingresos medios, que se interesan en aprender los secretos del armado de una huerta orgánica (sin plaguicidas ni fertilizantes artificiales), y acuden al asesoramiento que brinda el programa Prohuerta que el INTA implementó en todo el país en 1990.
Este tipo de cultivo es una alternativa para que muchas familias puedan subsistir.
El Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria provee gratuitamente todos los años un pequeño paquete con las semillas indispensables para iniciar una huerta en las dos temporadas (otoño-invierno y primavera-verano) y cursos de capacitación y asesoramiento a personas de escasos recursos.

Alta demanda
Aunque en el organismo admitieron que actualmente se encuentran desbordados por la demanda, aseguraron que se realizan grandes esfuerzos para dar solución a todos los reclamos, a pesar del limitado presupuesto con que cuentan.
Quienes tienen algún tipo de ingreso, cuentan con la alternativa de comprar las semillas en los distintos locales tucumanos que ofrecen buenos productos y a precios accesibles. Las bolsitas con semillas de hortalizas oscilan entre $ 1 y $ 3,50 cada una. El precio depende del tipo de verdura que se quiera adquirir.

La tierra
Tampoco se necesitan grandes extensiones de tierra ni grandes inversiones. Con sólo 100 metros cuadrados (una superficie de 10 metros por 10 metros) se logran milagros. Si el cultivo es bien manejado puede proveer de verduras para seis personas durante todo el año.
En caso de no tener lugar suficiente en la propia casa, en algunos barrios han buscado algún terreno aledaño que esté desocupado y han puesto en marcha una huerta comunitaria.
Para que la huerta produzca todo el año se necesita una correcta asociación de plantas, abonos orgánicos y rotación adecuada de los productos. Los expertos aconsejan ubicar la huerta hacia el norte para que goce de una buena exposición al sol, y cerca de una bomba u otra fuente de agua. Conviene que esté lejos de paredones o árboles que le den demasiada sombra. Es fundamental un cerco para impedir la entrada de animales.
El terreno tiene que estar limpio de yuyos, cascotes y vidrios. El suelo debe removerse hasta que quede suelto, sin terrones y parejo. Si la tierra es pobre se la puede mejorar incorporándole materia orgánica (residuos de origen vegetal, estiércol, hojas, etc) antes de sembrar. Las hortalizas deben elegirse según la zona y la época del año.
Los expertos del INTA aclararon que las condiciones ecológicas de nuestra provincia son bastante favorables en otoño e invierno, por lo tanto con escaso esfuerzo se logran muy buenas huertas. En primavera empieza un período más difícil para las hortalizas, lo que significa que hay que tener ciertos cuidados especiales para tener éxito con la siembra.

Trucos de la siembra
Una vez que el terreno esté limpio, se marcan los tablones o canteros -de 1 metro de lado, aproximadamente- con estacas e hilos. Para caminar sin problemas conviene dejar senderos de entre 30 y 40 cm de ancho entre canteros. Las semillas grandes son fáciles de manejar y son fuertes para germinar. Se siembran directamente en el lugar donde crecerán. Es el caso del zapallo, el zapallito, el melón, el maíz, el poroto, la acelga, la espinaca y la remolacha. También algunas semillas pequeñas como la zanahoria, el perejil, el rabanito, la escarola y la lechuga pueden sembrarse directamente.
Pero en general las semillas chicas, que son más delicadas, se siembran en almácigos (ya sea en cajones o macetas). Así ocurre con el tomate, el pimiento, la cebolla, el repollo, el coliflor, el apio, el puerro y la berenjena.
Para aprovechar mejor el espacio es aconsejable sembrar asociando cultivos. Por ejemplo, pueden ir plantas de crecimiento vertical (puerro) con otras de crecimiento horizontal (lechuga) o algunas de crecimiento rápido (rabanito, lechuga) con especies de crecimiento lento (zanahoria, repollo). También es importante no repetir año tras año el mismo cultivo en el mismo lugar. Ademas de las verduras, la incorporación de flores y plantas aromáticas (orégano, romero, menta, albahaca, ruda) es importante, ya que intervienen beneficiosamente en el control de las plagas; algunas, actuando como repelente y otras, albergando insectos benéficos.

Cuidados posteriores
El suelo debe estar permanentemente húmedo, y limpio de yuyos o malezas. Al realizar la limpieza de la huerta es importante aporcar, es decir acercar tierra al cuello de las plantas a fin de favorecer el desarrollo de las raíces y permitir una mejor conducción del agua de riego. Si las plantas están muy amontonadas en los surcos hay que eliminar las mas débiles para permitir una mejor oxigenación y crecimiento de las restantes.
Aunque los técnicos coinciden en que la paciencia es fundamental, los ansiosos podrán tener algunas hortalizas en un mes. Pero para que la huerta se estabilice se necesitan unos tres años. De lo que no hay dudas es de que con un poco de trabajo y constancia, mucha gente podrá afrontar mejor las actuales dificultades económicas.

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