13 Febrero 2008 Seguir en 
Si bien no existen estadísticas, se sabe que el exceso de ruidos puede llevar a la pérdida auditiva ya sea porque se produce un trauma agudo (como el que genera la explosión de un petardo cerca del oído, por ejemplo) o por trauma acústico crónico, donde el sonido puede no ser tan elevado pero sí es constante, como es el caso de las personas que trabajan con auriculares por muchas horas o los telemarketers.
En el oído interno se encuentran las denominadas células ciliadas. Son células nerviosas que guardan un número estable y que una vez muertas no se regeneran. Y son las que traducen un estímulo mecánico –el pulso vibratorio– a un estímulo bioeléctrico.
Las células ciliadas se hallan en un líquido que soporta cierta presión. Al transmitir mayor impulso vibrátil sobre ese líquido, las células reciben una suerte de "golpe", que a medida que aumenta en intensidad las daña pudiendo provocar pérdidas irreversibles.
"Cada día se observan más consultas por lesiones en el oído de gente joven por el uso de los MP3 o la exposición a sonidos fuertes en los locales bailables. Hay que tomar conciencia y prevenir, en el caso de los auriculares mantenerlos a un sonido medio –60 decibeles–, lo que significa poner el volumen a un nivel medio-bajo para que el de afuera no escuche y que no moleste al oído del oyente", explicó otorrinolaringólogo Fernando Javier Diamante, instructor quirúrgico del Instituto Superior de Otorrinolaringología e integrante de la Federación Argentina de Otorrinolaringología (FASO).
"En la industria es fundamental el uso de auriculares para no sentir el ruido y amortiguar los ambientes donde hay maquinaria ruidosa", recordó, y agregó que "en los chicos hay que tener especial cuidado con los juguetes con música o ruidos, porque muchos de ellos sobrepasan los decibeles aceptados".
La contaminación sonora no es patrimonio de las grandes ciudades. El trabajo con maquinaria rural también lleva a la pérdida de audición. Pero la gente de campo no suele hacer consultas. Habitualmente, entre los 60 y 70 años se tienen problemas de audición porque las funciones del oído declinan naturalmente. Pero cualquier exposición a ruidos acelera este proceso.
Por su parte, el doctor Enrique Zamar, especialista integrante de la Asociación Argentina de Otorrinolaringología y Fonoaudiología Infantil y miembro del área de Hipoacusias Infantiles del Hospital de Niños Sor María Ludovica de la ciudad de La Plata advierte que en el caso de la maquinaria industrial la frecuencia del ruido –es decir, si es un sonido grave o agudo– es un factor de riesgo también. Y que además, "algunas personas tienen mayor predisposición genética que otras a sufrir las lesiones".
Otro de factor influyente en el desarrollo de un trauma acústico son las lesiones previas como las otitis a repetición o la mucosidad en el oído. El moco frena el impacto del oído, en cambio en una persona que tiene una perforación timpánica, el sonido pasa directamente, no hay defensa y el daño que se produce es mayor.
El doctor Enrique Zamar, especialista integrante de la Asociación Argentina de Otorrinolaringología, alerta sobre la necesidad de que las personas que trabajen con auriculares adopten medidas adecuadas de prevención.
"En el caso de los telemarketers, que se ven a menudo en los consultorios, el problema radica en la falta de aislamiento entre una persona y otra”, explica el otorrinolaringólogo.
El especialista afirmó que el biombo con el cual trabajan esos operadores no aísla el ruido, de modo que cada uno escucha la conversación del otro y sube la intensidad del volumen del auricular, lo que produce el consecuente daño acústico.
“El ambiente debería estar más aislado y los auriculares ir cambiando de posición –de derecha a izquierda– para que el oído no se acostumbre y no se produzca el trauma", aconsejó el experto.
A largo plazo
Los síntomas más frecuentes son los zumbidos agudos que generalmente se escuchan por la noche, con silencio externo y también el escuchar menos de un oído que del otro. "Es importante prevenir y saber que no necesariamente la agresión al oído se va a manifestar en el momento de ocurrido el trauma, probablemente el daño, que puede haber ocurrido en la infancia o adolescencia, se manifieste en la vida adulta pero en una etapa más temprana a la que debería", advirtió el médico Fernando Diamante.
En el oído interno se encuentran las denominadas células ciliadas. Son células nerviosas que guardan un número estable y que una vez muertas no se regeneran. Y son las que traducen un estímulo mecánico –el pulso vibratorio– a un estímulo bioeléctrico.
Las células ciliadas se hallan en un líquido que soporta cierta presión. Al transmitir mayor impulso vibrátil sobre ese líquido, las células reciben una suerte de "golpe", que a medida que aumenta en intensidad las daña pudiendo provocar pérdidas irreversibles.
"Cada día se observan más consultas por lesiones en el oído de gente joven por el uso de los MP3 o la exposición a sonidos fuertes en los locales bailables. Hay que tomar conciencia y prevenir, en el caso de los auriculares mantenerlos a un sonido medio –60 decibeles–, lo que significa poner el volumen a un nivel medio-bajo para que el de afuera no escuche y que no moleste al oído del oyente", explicó otorrinolaringólogo Fernando Javier Diamante, instructor quirúrgico del Instituto Superior de Otorrinolaringología e integrante de la Federación Argentina de Otorrinolaringología (FASO).
"En la industria es fundamental el uso de auriculares para no sentir el ruido y amortiguar los ambientes donde hay maquinaria ruidosa", recordó, y agregó que "en los chicos hay que tener especial cuidado con los juguetes con música o ruidos, porque muchos de ellos sobrepasan los decibeles aceptados".
La contaminación sonora no es patrimonio de las grandes ciudades. El trabajo con maquinaria rural también lleva a la pérdida de audición. Pero la gente de campo no suele hacer consultas. Habitualmente, entre los 60 y 70 años se tienen problemas de audición porque las funciones del oído declinan naturalmente. Pero cualquier exposición a ruidos acelera este proceso.
Por su parte, el doctor Enrique Zamar, especialista integrante de la Asociación Argentina de Otorrinolaringología y Fonoaudiología Infantil y miembro del área de Hipoacusias Infantiles del Hospital de Niños Sor María Ludovica de la ciudad de La Plata advierte que en el caso de la maquinaria industrial la frecuencia del ruido –es decir, si es un sonido grave o agudo– es un factor de riesgo también. Y que además, "algunas personas tienen mayor predisposición genética que otras a sufrir las lesiones".
Otro de factor influyente en el desarrollo de un trauma acústico son las lesiones previas como las otitis a repetición o la mucosidad en el oído. El moco frena el impacto del oído, en cambio en una persona que tiene una perforación timpánica, el sonido pasa directamente, no hay defensa y el daño que se produce es mayor.
Los zumbidos agudos, un síntoma para tener en cuenta
El doctor Enrique Zamar, especialista integrante de la Asociación Argentina de Otorrinolaringología, alerta sobre la necesidad de que las personas que trabajen con auriculares adopten medidas adecuadas de prevención.
"En el caso de los telemarketers, que se ven a menudo en los consultorios, el problema radica en la falta de aislamiento entre una persona y otra”, explica el otorrinolaringólogo.
El especialista afirmó que el biombo con el cual trabajan esos operadores no aísla el ruido, de modo que cada uno escucha la conversación del otro y sube la intensidad del volumen del auricular, lo que produce el consecuente daño acústico.
“El ambiente debería estar más aislado y los auriculares ir cambiando de posición –de derecha a izquierda– para que el oído no se acostumbre y no se produzca el trauma", aconsejó el experto.
A largo plazo
Los síntomas más frecuentes son los zumbidos agudos que generalmente se escuchan por la noche, con silencio externo y también el escuchar menos de un oído que del otro. "Es importante prevenir y saber que no necesariamente la agresión al oído se va a manifestar en el momento de ocurrido el trauma, probablemente el daño, que puede haber ocurrido en la infancia o adolescencia, se manifieste en la vida adulta pero en una etapa más temprana a la que debería", advirtió el médico Fernando Diamante.








