11 Febrero 2008 Seguir en 
Washington.- Ni el “supermartes” de la semana pasada ni las primarias y los caucuses (convenciones vecinales en las que los candidatos exponen su plataforma electoral y a los que pueden asisitir extrapartidarios) celebrados este fin de semana acaban con la incertidumbre: Estados Unidos sigue votando territorio a territorio, pero mientras del lado republicano la candidatura presidencial está en la práctica definida a favor de McCain, en terreno demócrata la carrera codo a codo entre Hillary y Obama parece no tener fin.
De seguir estancada en la convención partidaria de agosto, la situación tendrá que ser resuelta por los llamados “superdelegados”, una suerte de clase noble dentro del partido que incluye a todos los gobernadores y senadores demócratas, así como políticos y funcionarios prominentes. Los 796 “superdelegados” no están atados, como el resto de delegados, al voto de los electores de su Estado, sino que pueden elegir libremente qué candidato prefieren para que aspiren a la sucesión de George W. Bush al frente de la Casa Blanca.
Los medios destacan que hasta ahora apenas la mitad de ellos se ha manifestado a favor de la ex primera dama o del senador negro. El resto, más de 300, tiene el mismo peso que California, el Estado norteamericano más poblado. Los equipos electorales de Obama y Clinton mueven todos los resortes para atraer la élite partidaria al propio campo. En este sentido, la ex primera dama parece contar con mejores posibilidades de éxito gracias a su marido y ex presidente, Bill Clinton. Los mismos seguidores de Obama reconocen su desventaja. La maquinaria, sin embargo, ya está puesta en marcha. Cada semana, ambos candidatos se reservan varias horas para comunicarse personalmente con superdelegados indecisos.
Si todas las opciones fracasan y ni siquiera los superdelegados llegan a una decisión definitiva, los demócratas podrían verse condenados a lo que en Estados Unidos se denomina una “Brokered Convention”, una candidatura negociada.
De seguir estancada en la convención partidaria de agosto, la situación tendrá que ser resuelta por los llamados “superdelegados”, una suerte de clase noble dentro del partido que incluye a todos los gobernadores y senadores demócratas, así como políticos y funcionarios prominentes. Los 796 “superdelegados” no están atados, como el resto de delegados, al voto de los electores de su Estado, sino que pueden elegir libremente qué candidato prefieren para que aspiren a la sucesión de George W. Bush al frente de la Casa Blanca.
Los medios destacan que hasta ahora apenas la mitad de ellos se ha manifestado a favor de la ex primera dama o del senador negro. El resto, más de 300, tiene el mismo peso que California, el Estado norteamericano más poblado. Los equipos electorales de Obama y Clinton mueven todos los resortes para atraer la élite partidaria al propio campo. En este sentido, la ex primera dama parece contar con mejores posibilidades de éxito gracias a su marido y ex presidente, Bill Clinton. Los mismos seguidores de Obama reconocen su desventaja. La maquinaria, sin embargo, ya está puesta en marcha. Cada semana, ambos candidatos se reservan varias horas para comunicarse personalmente con superdelegados indecisos.
Si todas las opciones fracasan y ni siquiera los superdelegados llegan a una decisión definitiva, los demócratas podrían verse condenados a lo que en Estados Unidos se denomina una “Brokered Convention”, una candidatura negociada.
NOTICIAS RELACIONADAS







