12 Abril 2002 Seguir en 
ROMA.- Considerada durante mucho tiempo como un sueño poco realista frente a la razón de Estado, la Corte Penal Internacional, instancia judicial competente para juzgar a los responsables de genocidio o crímenes de guerra, se hizo realidad. "Se acaba de dar un golpe decisivo a la impunidad", dijo el secretario general de la ONU, Kofi Annan.
El fatídico umbral de sesenta ratificaciones del estatuto de Roma, necesario para crear el Tribunal Penal Internacional (TPI) fue superado con la incorporación de diez países. Bosnia-Herzegovina, Bulgaria, Camboya, Irlanda, Jordania, Mongolia, Níger, República Democrática del Congo, Rumania y Eslovaquia presentaron simultáneamente los instrumentos de ratificación del tratado. Entre los asistentes se encontraban los representantes de centenares de organizaciones de defensa de los derechos humanos que trabajaron sin tregua para crear este tribunal.
Estados Unidos e Israel, que ven en el TPI el espectro de una Justicia supranacional politizada y potencialmente hostil a sus intereses, fueron los grandes ausentes del tratado, al igual que China, Rusia, varios países árabes y asiáticos.
En particular, EE.UU. teme que el TPI lleve a juicio a sus soldados acusados de abusos en distintas misiones internacionales.
De acuerdo con los términos del estatuto elaborado durante una conferencia internacional en 1998, en Roma, y firmado por 139 países, el TPI comenzará su existencia oficial el 1 de julio. Después de una conferencia en setiembre próximo en la sede de la ONU, donde los países que lo ratificaron votarán un presupuesto y elegirán a sus 18 jueces y a su procurador, la Corte empezaría a funcionar en el transcurso del año próximo.
Instalado en La Haya, independiente de las Naciones Unidas, será el primer tribunal internacional permanente con potestades para juzgar a los responsables de genocidio, crímenes contra la humanidad o crímenes de guerra.
Para los individuos
"Un eslabón faltante en el sistema judicial internacional está ahora en su lugar", comentó Annan. Desde hacía mucho tiempo existe la Corte Internacional de Justicia, que se ocupa de las diferencias entre Estados, pero hasta el presente no había un tribunal internacional permanente capaz de juzgar a los individuos. Según observadores, el TPI representa también la esperanza de disuadir a los dirigentes políticos dictatoriales, y a las fuerzas que los secundan, de cometer crímenes de lesa humanidad porque, a partir de ahora, serán juzgados. (TELAM-SNI/AFP)
El fatídico umbral de sesenta ratificaciones del estatuto de Roma, necesario para crear el Tribunal Penal Internacional (TPI) fue superado con la incorporación de diez países. Bosnia-Herzegovina, Bulgaria, Camboya, Irlanda, Jordania, Mongolia, Níger, República Democrática del Congo, Rumania y Eslovaquia presentaron simultáneamente los instrumentos de ratificación del tratado. Entre los asistentes se encontraban los representantes de centenares de organizaciones de defensa de los derechos humanos que trabajaron sin tregua para crear este tribunal.
Estados Unidos e Israel, que ven en el TPI el espectro de una Justicia supranacional politizada y potencialmente hostil a sus intereses, fueron los grandes ausentes del tratado, al igual que China, Rusia, varios países árabes y asiáticos.
En particular, EE.UU. teme que el TPI lleve a juicio a sus soldados acusados de abusos en distintas misiones internacionales.
De acuerdo con los términos del estatuto elaborado durante una conferencia internacional en 1998, en Roma, y firmado por 139 países, el TPI comenzará su existencia oficial el 1 de julio. Después de una conferencia en setiembre próximo en la sede de la ONU, donde los países que lo ratificaron votarán un presupuesto y elegirán a sus 18 jueces y a su procurador, la Corte empezaría a funcionar en el transcurso del año próximo.
Instalado en La Haya, independiente de las Naciones Unidas, será el primer tribunal internacional permanente con potestades para juzgar a los responsables de genocidio, crímenes contra la humanidad o crímenes de guerra.
Para los individuos
"Un eslabón faltante en el sistema judicial internacional está ahora en su lugar", comentó Annan. Desde hacía mucho tiempo existe la Corte Internacional de Justicia, que se ocupa de las diferencias entre Estados, pero hasta el presente no había un tribunal internacional permanente capaz de juzgar a los individuos. Según observadores, el TPI representa también la esperanza de disuadir a los dirigentes políticos dictatoriales, y a las fuerzas que los secundan, de cometer crímenes de lesa humanidad porque, a partir de ahora, serán juzgados. (TELAM-SNI/AFP)







