Miranda se retira del ring

El gobernador tiró la toalla en la liza por la reelección y busca salir del pantano en que se hundió.

08 Diciembre 2002
Por Carlos Abrehu

Está acorralado por su falta de consenso en la sociedad. Julio Miranda jugó una de sus últimas cartas para salir del pantano en que se hundió. El adelanto de las elecciones de gobernador y vicegobernador para que coincidan con las presidenciales fue forzado por la presión duhaldista y por el agravamiento de la situación sociosanitaria de Tucumán.
Hace 15 días se conjeturaba aquí que ese era el recurso que aún tenía Miranda en el portafolios para ensayar un golpe de timón que desviara el foco de la atención pública sobre su imagen. En las dos semanas siguientes se sucedieron los golpes que terminaron de arruinar la chance reeleccionista del gobernador. Hilda González de Duhalde, con el Operativo Rescate, desestabilizó políticamente a Miranda.
Otras provincias peronistas, cuyos gobernadores son menos vulnerables, le cerraron las puertas a la primera dama porque intuían ese peligro. Misiones, Jujuy y Formosa están esa lista. Y cuando la esposa del jefe de Estado llegaba a Tucumán, el senador José Alperovich ponía al tanto a Eduardo Duhalde sobre lo que acontecía en la provincia.
El despliegue de "Chiche" Duhalde sirvió para distender el clima social, pero al mismo tiempo ocasionó más de un cortocircuito con la Casa de Gobierno. La reprimenda de la primera dama a Miranda porque atribuyó la génesis de la crisis social al ex dictador militar Juan Carlos Onganía fue el último roce conocido.
Duhalde salió a contemporizar desde Brasil, cuando desalentó las versiones de intervención federal a la provincia. En realidad, el gobernador ya estaba rendido ante el Presidente, de cuya buena voluntad depende más que nunca. Claro que este también necesita de la presencia de Miranda en el club de gobernadores enfrentados con Carlos Menem.
Alfredo Atanasof -jefe de Gabinete- zamarreó ayer al gobernador en Mar del Plata, cuando calificó de "vergüenza nacional" el cuadro de pobreza existente en la provincia. No le aflojan en la crítica.
"Chiche" Duhalde, de todos modos, nunca tirará de la cuerda hasta romperla, porque el éxito del Operativo Rescate en Tucumán será clave para su candidatura a gobernadora de Buenos Aires.
El fuego contra ella partió de la oposición en la Legislatura y del Partido Ciudadanos Independientes en la plaza Independencia, que también exigió la renuncia de Miranda y del vicegobernador Sisto Terán.

Dos días polémicos
La solución que halló Miranda fue ideada por el ex ministro de Gobierno, Antonio Guerrero. Proponía este que el Gobierno anticipe las elecciones provinciales haciendo uso del último párrafo del artículo 47 de la Constitución de 1990. "El Poder Ejecutivo podrá trasladar la fecha hasta seis meses antes para hacerlas coincidir con las nacionales", reza este texto.
La administración federal llamó a elecciones presidenciales para el domingo 27 de abril. Sin embargo, el almanaque le jugó una mala pasada al oficialismo, porque los 60 días exactos se cumplirán el martes 29 de abril. Las 48 horas de diferencia surgen del contraste entre aquel y la letra fría de la Carta Magna.
Los exégetas oficiales del Gobierno abogan por la constitucionalidad de la intención. El radical José Ricardo Ascárate se enoja ante la interpretación. "Los mirandistas acomodan las leyes a su antojo y paladar", afirma.
La pelea por la juridicidad del asunto puede derivar en un conflicto que enrede a la Corte Suprema de Justicia. "Es una maniobra para garantizar la impunidad", aseveró el ex ministro Clímaco de la Peña, desde otra perspectiva. El decreto que firmará Miranda limitará la elección a los cargos de gobernador y vicegobernador.
Su reelección para el cargo está descartada por ese texto, porque hasta entonces persistirá la prohibición de la Carta del 90 y porque decidió retirarse de la vida política, según anunció en LA GACETA. Y si la votación del binomio presidencial se postergara para después del 27 de abril, la de la fórmula gubernativa seguiría igual destino.
La sorpresiva revelación de Miranda causó desconcierto, sorpresa y desconfianza en el peronismo y en las fuerzas de la oposición. En rigor, abundan las razones que justifican las visiones. encontradas.
El esquema que defiende Miranda dejará al gobernador electo en condiciones políticas de digitar las listas de candidatos a legisladores, intendentes, concejales y comisionados comunales desde una posición de fuerza indiscutible. La experiencia de las Legislaturas atomizadas de los gobiernos de Ramón Ortega, Antonio Bussi y Miranda gravita en el diseño de esa teoría, que algunos adjudican a la influencia intelectual del senador Alperovich.
Desde idéntica plataforma podrá incidir en la selección de los postulantes a diputados y a senadores nacionales. Eso será posible porque todas esas categorías de puestos electivos se decidirán a cara o cruz en junio de 2003.

La reforma, de pie
Miranda tiró la toalla, pero el proyecto de reformar la Constitución sigue vivo. Guerrero -el bastonero peronista de Alperovich- propone que la elección de los convencionales constituyentes se haga el 27 de abril.
El planteo es seductor porque aliviaría la presión social sobre los legisladores. La convención constituyente tendrá las manos libres para el desguace total de la Carta Magna. La reelección inmediata de los legisladores y la puesta en comisión de los jueces son dos asuntos que la asamblea constituyente puede decidir. Satisfaría así demandas del personal político en el poder. Podría desaparecer la exigencia del juramento confesional para el gobernador, que no prescribe la Constitución Nacional.
El debate por la sucesión dentro del oficialismo asoma. Al bando de Alperovich se opone el de los mirandistas, que resiste agrupándose bajo el paraguas de Fernando Juri y Osvaldo Jaldo. Cercanos a ellos están Olijela Rivas, Alberto Herrera y otros aliados. La actitud de Miranda y el control del aparato incidirán en la liza. Julio Díaz Lozano y Osvaldo Cirnigliaro pelearán desde afuera. La política toma vida.

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